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No puedes imaginar en qué máquina de matar se convertirá esta adorable criatura

La exhibición «T. rex: The Ultimate Predator» se acaba de inaugurar en el Museo Americano de Historia natural de Nueva York. Muestran los últimos avances y nuevas reconstrucciones el temido «Tyrannosaurus rex»

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El dinosaurio más famoso es probablemente uno de los más temibles. Su nombre es Tyrannosaurus rex: el nombre de este rey («rex») entre los dinosaurios viene de la palabra griega «tyranno», que significa tirano, y de «saurus», algo así como lagarto. Es uno de los mayores dinosaurios carnívoros de todos los tiempos, y se calcula que alcanzó los cuatro metros de altura (esto teniendo en cuenta que no caminaba erguido) y una longitud de 12,3 metros. Superaba una masa de 5.500 a 8.000 kilogramos y podía correr a entre 17 y 40 kilómetros por hora. Pero si por algo era temida esta criatura, que tenía unos bracitos extremadamente cortos, era por el poder de su mandíbula y de su cráneo: su cabeza estaba acorazada y reforzada con una musculatura que le permitió alcanzar la mordida más potente de cuantos animales terrestres han existido. Su mordisco podría ejercer 35.400 newtons de fuerza, lo suficiente como para hacer estallar los huesos de sus presas. En comparación, los cocodrilos alcanzan los 16.000 newtons y los leones los 4.450.

Pero incluso este coloso tenía unos comienzos humildes. El Museo Americano de Historia natural (AMNH) de la ciudad de Nueva York acaba de inaugurar la exhibición « T. rex: The Ultimate Predator», en la que los visitantes podrán aprender acerca de los últimos avances y reconstrucciones en torno a esta increíble criatura. No es solo que la cabeza y la cola de esta bestia estuviera recubierta de plumas, sino que sus crías eran realmente adorables.

De hecho, se considera que los «polluelos» de tiranosaurio tenían el tamaño de pavos, que tenían unos brazos proporcionalmente más largos que los adultos y que estaban cubiertos de mullidas plumas. Según las estimaciones de los científicos, este «pavo» alcanzaba su tamaño adulto, con sus 8.000 kilogramos de peso, con 20 años. Esto implica que, durante 13 años, los ejemplares juveniles tenían que ganar cada día unos tres kilogramos de peso, según ha dicho en LiveScience Mark Norell, comisario de la exposición.

En la muestra también se habla de las especies tempranas de tiranosaurios que aparecieron hace unos 167 millones de años, antes de que el famoso T. rex dominara el Cretácico. Entre estos hay animales más pequeños y rápidos y con brazos notablemente más largos que el tiranosaurio más conocido. Al mismo tiempo, ahora se sabe que sus brazos eran incluso más pequeños.

¿Cómo eran estos brazos? Según ha dicho en LiveScience Martin Schwabacher, miembro del equipo de la exhibición: «No eran frágiles sino más bien robustos. Las articulaciones eran móviles y parece ser que estaban bien musculados». A pesar de todo, parece que en los adultos los brazos tenían un papel secundario, a la vista del poder desplegado en sus mandíbulas. «Su cabeza estaba adaptada para aplicar presión hasta que los huesos sencillamente estallaban», ha dicho Schwabacher. Sin embargo, los indicios sugieren que los juveniles sí que podían usar sus brazos y garras para atrapar presas.

Tyrannosaurus rex es solo una de varias especies agrupadas en la familia de los tiranosáuridos, incluidas en los géneros Albertosaurus, Alectrosaurus, Alioramus, Chingkankousaurus, Daspletosaurus, Eotyrannus, Gorgosaurus, Nanotyrannus, Prodeinodon, Tarbosaurus y Zhuchengtyrannus.

 

Lo que sabemos de este animal se ha descubierto fundamentalmente en yacimientos situados en EE.UU. (en Montana, Texas, Utah, Wyoming), Canadá (Alberta y Saskatchevan) y Mongolia. El fósil mejor conservado pertenece a Sue, un esqueleto de gran tamaño del que se han deducido las dimensiones y la masa de esta criatura.

Armas para matar

Parece ser que el rey de los dinosaurios tenía unos músculos del cuello muy gruesos para sostener su cabeza e impulsar su mordida. Esto reducía el espacio disponible en los hombros, en el lugar donde que en otros animales ocuparía la musculatura de los brazos. Por eso, parece ser que lo más beneficioso para este animal era tener unos brazos cortos, menos vulnerables a las lesiones y más baratos de mantener, desde el punto de vista energético.

Este dinosaurio tenía unos dientes que alcanzaban los 30 centímetros de longitud. Según concluyó un estudio publicado en 2012 en Canadian Journal of Earth Sciences, los dientes tenían varias funciones: los que estaban delante agarraban y tiraban, los que estaban en los laterales rasgaban la carne y los que estaban detrás trituraban pedazos de comida y los conducían hacia la garganta. Además, parece ser que su forma y robustez les permitía soportar las fuerzas ejercidas por sus víctimas.

Representación de un tiranosaurio adulto, de 5.500 a 8.000 kilogramos
Representación de un tiranosaurio adulto, de 5.500 a 8.000 kilogramos – Zhao Chuang/PNSO

Sus víctimas solían ser dinosaurios herbívoros de gran tamaño, como los Edmontosaurus y los Triceratops. Parece ser que no siempre cazaban, y que también sabían aprovechar la carroña con la que se topaban. Un estudio publicado en PLOS ONE en 2010 también mostró que en ocasiones los dientes de los tiranosaurios mordían a algún congénere, no se sabe si en combates o solo cuando devoraban cadáveres.

Tampoco se sabe si los T. rex eran lobos solitarios o si cazaban en manadas. Pero un estudio publicado en PLOS ONE en 2014 reveló que algunos de los antepasados de estos, probablemente Albertosaurus, Gorgosaurus y Daspletosaurus, cazaban en manada.

Los fósiles de Tyrannosaurus rex encontrados tienen una antigüedad de 67 a 65 millones de años. En concreto, se han hallado fósiles de 50 ejemplares de este animal y dos huellas. En uno de los fósiles ellos se ha encontrado restos de tejidos blandos y de proteínas.

Gracias a todo eso, hay indicios de que Tyrannosaurus rex vivió en lo que hoy en día es la región occidental de América del Norte, en un antiguo continente aislado conocido como Laramidia. En 2016, un estudio publicado en Scientific Reports, sugirió que esta especie podía ser una invasora procedente Asia. Aún queda por definir cómo evolucionó y durante cuánto tiempo estuvo en América. Sus pasos, a pesar de haberse extinguido hace millones de años, siguen resultando apasionantes.

Fuente: ABC CIENCIA

 

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