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Michoacán es ya un estado Fallido

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¿Se acuerdan cuando llovían críticas al gobierno de Felipe Calderón por la amplia presencia del Ejército Mexicano en la lucha contra el crimen organizado?

¿Recuerdan también cuando muchos votaron por el partido en el poder porque estaban hartos de la inseguridad y de las muertes por la guerra contra las drogas?

Hoy que vemos con asombro, miedo e incredulidad lo que sucede en Michoacán, podemos advertir que el Gobierno federal y estatal, congreso y partidos, fallaron en su lucha por restablecer la paz y la tranquilidad social.

La tierra de Lázaro Cárdenas ha evolucionado dramáticamente en los años recientes a una explosiva combinación de los estados de Sinaloa y Chiapas.

Sinaloa porque la actividad de las mafias como La Familia y los Caballeros Templarios ha sido intensa y solapada por las autoridades locales y las federales.

Y Chiapas porque los grupos de autodefensas se levantaron en armas con arrojo y determinación como en su momento lo hizo el Ejército Zapatista de Liberación Nacional con la diferencia que este último defendía causas más justas.

Pero lo que ocurre en Michoacán no se inició en el gobierno de Calderón ni tampoco en el de Peña Nieto.

un amigo decia que en la década de los noventa pasó unos días en poblados de la sierra michoacana en donde impávido se topaba por doquier con campesinos armados hasta los dientes. «Incluso a la misa dominical acudían los jornaleros enfundados con pistolas y ‘cuernos de chivo'», recordó.

Por ello quienes conocen la vida michoacana y saben de sus costumbres no se sorprenden cuando ciudadanos forman grupos de autodefensas y dicen enfrentar al narco ante un Estado aturdido y ausente.

Mientras la guerra se intensifica, el Gobierno federal crea tardíamente la Comisión de Seguridad y Desarrollo Integral para Michoacán en donde designa como titular a Alfredo Castillo, un funcionario de segundo nivel que estaba al frente de la Procuraduría Federal del Consumidor. ¿Sabrá algo de armas y pacificación?

No por nada Estanislao Beltrán, uno de los coordinadores de las autodefensas, respondió que «vamos apenas a tener plática, vamos a buscar más alternativas, si nosotros nos retiramos ahora, dejamos a merced del crimen organizado al pueblo, que los vayan a ametrallar».

Los grupos de autodefensas en donde destaca José Manuel Mireles, un bragado coordinador con antecedentes dudosos, recuperaron varios poblados que estaban en manos de los Caballeros Templarios y no están dispuestos a deponer las armas hasta no estar seguros de las acciones del gobierno mexicano.

La gran duda es si los autodefensas son auténticos o si responden a otros intereses como pudiera ser a grupos del crimen organizado de Jalisco o estados vecinos.

Pero mientras tanto en Estados Unidos hay alarma por la violencia y la ingobernabilidad en Michoacán que según un alto funcionario norteamericano son «extremadamente preocupantes».

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el gobernador Fausto Vallejo, tomaron el mando en la crisis michoacana, pero es evidente que se tardaron en hacerlo y que difícilmente podrán solucionar el conflicto en un corto plazo.

A estas alturas se requiere que el presidente Enrique Peña Nieto asuma desde Los Pinos el control del manejo de esta gravísima situación y tome medidas drásticas que pueden ir desde promover la desaparición de poderes en Michoacán hasta integrar una Comisión de Pacificación con personajes de peso que negocien acuerdos y soluciones duraderas entre las partes en pugna.

La presencia del Ejército es vital para apaciguar los ánimos, pero una ofensiva militar podría ser desastrosa porque aquello se convertiría en una auténtica guerra civil ante la presencia y actividad de infinidad de grupos armados.

Es menester, pues, tomar pronto y de manera más firme y clara las acciones conducentes.

De lo contrario Michoacán sumará más muertes y será para Enrique Peña Nieto lo que Chiapas fue para Carlos Salinas, es decir el aguafiestas de su sexenio.

Efectivamente la imagen de México mejora en el exterior por las reformas estructurales y por la sensación de un avance en la seguridad. Sin embargo, al interior del país hay malestar por la tolerancia que raya en la impunidad en casos como Michoacán, las protestas de maestros y los bloqueos carreteros.

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