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Mario García: El atlantista al que llamó Diego Maradona para pedirle un consejo

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En los primeros días de abril de 2019, el teléfono de Mario García sonó tres veces. Lo llamaban de un número con la clave 667 de Culiacán, de donde son los Dorados, el equipo que había dejado cuatro meses atrás. Como parte del cuerpo técnico de Diego Armando Maradona, el atlantista llegó a la final del Apertura 2018, en el primer torneo del argentino en el futbol de México. Luego, terminó su contrato. Y no tuvo la oportunidad de seguir tras el arribo de nuevos auxiliares.

En silencio, García regresó a la Ciudad de México y esperó un tiempo antes de volver a entrenar. Aunque mantuvo contacto con los jugadores, no pudo encontrarse con Diego sino por la tele. Los cuartos de final de la Liga Ascenso tenían a los Dorados frente a los Cimarrones de Sonora, otro de los clubes donde Mario dirigió. Entonces, sonó el teléfono. Y del otro lado apareció la voz de Maradona. “Yo no lo podía creer”, dice, en entrevista con El Heraldo Deportes. “Me hablaba para pedirme asesoría de su rival. Y que una figura histórica del futbol, en cualquier conteo de los más grandes, haya tenido ese respeto conmigo es algo increíble”.

La conversación duró unos minutos, pero García -entonces técnico del Tampico Madero- llenó varias hojas de análisis sobre el juego de los Cimarrones, los puntos débiles y las zonas que más podían aprovechar los sinaloenses para hacerles daño. Los archivos llegaron al grupo de trabajo de Maradona, y luego Diego los puso en marcha en los dos partidos. El resultado: 3-0 en el marcador global, a favor de los Dorados.

“Diego entendió que yo estaba para ayudarle y para que le fuera bien. Eso fue lo más importante: que una persona como él, tan conocida en el mundo, fuera capaz de valorar el trabajo de un mexicano, mejor que los propios mexicanos. A veces ubicamos sólo al Maradona de los excesos o los problemas. Y la realidad no es así. Yo me encontré con una persona sencilla, humilde, que era capaz de saludar al jardinero, la secretaría y al jugador más humilde de la misma manera que lo hacía con los grandes”, agrega.

Con Diego, el mexicano compartió desayunos y comidas en el Hotel Lucerna, su búnker, esa burbuja donde vivió por tres meses en su primer torneo como técnico. “Le gustaba mucho la cerveza mexicana -se ríe- los asados, el vino. Era un tipo de barrio. A mí me permitió ayudarle y me hizo mejor entrenador. Pareciera que es cualquier cosa, pero en este medio no cualquiera es así. Menos siendo Maradona. Me ayudó mucho en el trato, en el manejo de los jugadores, para lograr una unión grupal. Y eso trato de hacer en el Atlante”.

En la Liga de Expansión MX, los Potros volvieron a ganar un partido en la Ciudad de México, después de 18 años. También, recuperaron la localía en el viejo Estadio Azulgrana, aunque sin gente, por la contingencia sanitaria. Con un grupo de 28 jugadores, que hoy pelea por los primeros lugares, Mario García recuerda aquella llamada que marcó su carrera. Esa noche de abril en la que uno de los reyes del futbol lo buscó para pedir su consejo.

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