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Los canoeros de la travesía sagrada maya llegaron a Cozumel

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COZUMEL, 28 de mayo.- El mar azul fue testigo una vez más de la travesía de 297 mujeres y hombres que remaron hasta Cozumel para adorar a la Diosa Ixchel, tal y como lo hacían los antiguos mayas.
Entre danzas y rituales, los peregrinos fueron recibidos por la Diosa de la luna, la fertilidad, el amor, la medicina y los trabajos textiles.
Una vez más esta antigua práctica de comercio ligada con la ritualidad y navegación cobra vida con el fin de rescatar y revivir esta herencia milenaria.
Los espectadores, presenciaron las danzas y rituales que fueron representados por niñas, jóvenes, mujeres y hombres mayores que prepararon el momento para la entrada triunfal de las personas que durante meses se prepararon para surcar el mar caribe a bordo de las canoas hasta llegar al templo de la Diosa Ixchel.
Llegó el tiempo de las ceremonias de purificación y sanación que se celebraban en el antiguo puerto comercial Polé (hoy Xcaret) y Cuzamil (la isla de Cozumel) y luego de poco más de siete horas remando, mujeres y hombres canoeros pusieron el corazón en la última parte y concluyeron con mucha energía que se transmitió a los espectadores, quienes no dejaron de aplaudir y gritar para darles la bienvenida con júbilo por haber llegado a su destino.
Risas, lágrimas y abrazos y grandes emociones fue lo que se vivió a la llegada de una y otra canoa con sus tripulantes que hicieron de su espiritualidad su fortaleza para cumplir con su promesa de llevar ofrendas a la Diosa de la Luna, quien amorosa recibió y bendijo a todos los que se acercaron a ella.
Los canoeros descansaron en Cuzamil y escucharon a la Diosa: “No hay por qué amedrentarse, la muerte debe ser sometida por la vida y ambas deben necesitarse, todo lo que muere debe renacer, el ciclo vida y muerte debe ser natural. Ni poder, ni sometimiento, ni dominio, ni violencia, por más pequeña e insignificante que esta sea procuraremos vida y no daño”, sentenció Ixchelbelyax.
Así, con el mensaje divino y la bendición de la deidad maya, las hermanas y hermanos canoeros emprendieron una vez más el viaje de regreso; con alegría y energía se hicieron a la mar a bordo de sus canoas para compartir el oráculo de Ixchel.

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