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López Obrador impuso su visión nacionalista y se apuntó una victoria política en la la OPEP+

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El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, logró una victoria política el domingo al convencer a los países petroleros de que le permitieran reducir la producción en una proporción mucho menor que a otros miembros de la OPEP+, respaldando su proyecto nacionalista para revitalizar la productora estatal Pemex.

México recortará 100.000 barriles, solo una cuarta parte de la participación proporcional de los 9,7 millones de barriles diarios acordados por las naciones productoras de petróleo que constituyen la OPEP+. Después de tres días de resistencia por el país latinoamericano, el grupo abandonó la propuesta inicial de recortar 10 millones de barriles al día, ya que los países petroleros más experimentados, incluida Arabia Saudita, no pudieron convencer a López Obrador de aceptar un recorte más profundo.

Estados Unidos, Brasil y Canadá, los otros grandes productores de petróleo en las Américas, contribuirán con un total conjunto de 3,7 millones de barriles a medida que disminuye su producción.

El resultado es una victoria para un presidente que demostró una vez más que sus objetivos nacionales están por encima de todo lo demás, particularmente cuando se trata de la industria energética. Poner fin a una caída de la producción en la petrolera estatal Petróleos Mexicanos, o Pemex, de 15 años ha sido uno de los principales objetivos de la Administración López Obrador, lo que explica la reticencia del presidente a aceptar reducciones voluntarias mayores, incluso si ello implica enojar a otras naciones y arriesgar un fracaso de un histórico acuerdo petrolero.

La victoria llega en un momento delicado para México, ya que se enfrenta a una contracción económica importante y al creciente descontento de la élite empresarial del país por la falta de medidas de estímulo significativas para combatir el impacto devastador de la pandemia de coronavirus que se propaga rápidamente.

Es una advertencia para compañías y grupos empresariales que piden un cambio de estrategia a un líder que se empeña en seguir su propio camino, incluida una negativa inicial a adoptar medidas estrictas para combatir la enfermedad.

 

López Obrador ha hecho de Pemex su bastión político. (Foto: Archivo)

López Obrador ha hecho de Pemex su bastión político. (Foto: Archivo)

 

“Esto confirma que incluso en una negociación internacional, el presidente sigue muy centrado en su agenda, sus prioridades, incluida Pemex”, dijo el analista de Eurasia Group, Carlos Peterse, por teléfono el domingo. Sus opiniones se imponen a cualquier otro análisis o pronóstico de la economía, y el margen para el cambio o el ajuste a corto plazo parece muy escaso, añadió Peterse.

Los funcionarios del gobierno en la Ciudad de México no esperaron a celebrar el resultado. En una publicación por Twitter, el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, felicitó a la ministra de Energía, Rocío Nahle, por “defender los intereses de México” al negarse a aceptar un mayor corte de producción de petróleo como parte del pacto de la OPEP +. “La estrategia que diseñó el presidente López Obrador funcionó. Buenas noticia!!!”

AMLO, un populista de base que pasó décadas denunciando el capitalismo amiguista de México, ha confiado con frecuencia en su reputación como presidente que defiende al pueblo, especialmente los trabajadores más pobres, y que dice que llegó al poder para cambiar los cimientos de las relaciones entre el Gobierno y las empresas. Aún no ha viajado al exterior desde su toma de posesión en diciembre de 2018, y no ha acudido a ninguna de las reuniones multilaterales, incluida la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Es probable que su legendaria obstinación, como se demostró durante las agotadoras negociaciones de la OPEP +, sea bien recibida por los votantes, a quienes les gusta el mensaje del “pueblo mexicano primero” en un país donde las manifestaciones de patriotismo son frecuentes.

Sin embargo, algunos analistas argumentan que la férrea defensa de AMLO de su política energética nacionalista tuvo un costo enorme: al negarse a reducir la producción, Pemex puede continuar operando campos no rentables. Y al frustrar una negociación mundial clave, México podría enfrentar reprimendas de otras naciones en los próximos meses.

Carlos Elizondo, ex miembro de la junta independiente de Pemex, dijo en un artículo de opinión publicado el domingo por el periódico Reforma que no hay razones que celebrar. Añadió que el coste de salirse con la suya frente a la comunidad internacional sería alto, particularmente en este momento de crisis.

Ahora su futuro dentro de la OPEP+ es incierto y se espera que decida en los próximos dos meses si abandona la alianza, dijeron delegados. La Secretaría de Hacienda de México no respondió a una solicitud de comentarios.

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