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Las Palabras son del Viento

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Existen ocasiones en las que sinceramente no tengo ganas de escribir. Volteo a todos lados y miro consternado como una realidad lacerante poco a poco nos abruma, nos envuelve y nos consume. Poco a poco la realidad nos va alcanzando a cada uno de nosotros y, nos vamos dando cuenta como esto no está bien, cómo hay algo que está fuera de lugar o como pareciera que hay algo que no encaja, que nuestra realidad tiene un glitch. He ahí el ciclo: de la oscuridad brota la luz, de la luz emergen los infiernos, de los infiernos el mundo color rosa y, del mundo color rosa chocamos con la oscuridad.

Así pues, esto que redacto, esto que escribo, esto que leen o que escuchan, son palabras y, las palabras son del viento. Las palabras son del viento porque se mesen en el aire hasta perderse en el olvido. Por eso escribir es un delito, porque apresamos las palabras en las hojas y, las palabras deben ser libres, las palabras son del viento. La razón de ser de la escritura es la lectura; leer y leer, leer en voz alta y liberar las palabras al viento. Un favor les pido, queridos lectores, que hagan de mis letras viento y del viento consciencia.

No nos debe ser ajena la realidad que agobia a un país como el nuestro. Y es que históricamente nuestro país ha vivido una lucha intramuros por el derecho de pelear por temer la razón. Nos matamos entre hermanos, entre los que quieren que las cosas sigan como están y los que quieren que las cosas cambien. Ha sido tanta la sangre derramada, han sido tantos los caudillos, los mártires, los traidores y los dictadores a palabras de ellos y, cuando pasan los años, cuando llega la historia, para nosotros todos son héroes.

El odio, pues, se derramó entre la sangre y cual veneno, mata por dentro a quienes lo hospedan. El odio cual virus se contagia, pero se contagia por la palabra y, yo pido por favor, no envenenemos la palabra pues nos volvemos víctimas del engaño, las injurias y la violencia. No callemos las injusticias, ajusticiémoslas, pero no hagamos de ellas una bandera de guerra, sino una cadena de amor.

¿Acaso estamos ciegos? No nos damos cuenta que luchan los que no tienen nada que perder, pero nunca los que no tienen nada que comer. Es por ello que me devora la razón, que vuelvo los ojos a la historia de este pueblo que es un pueblo de guerreros, un pueblo que está dispuesto a dar la vida por el sufrimiento del hambriento antes que darle de comer. Pero eso no tiene sentido, aunque nuestras vísceras nos obliguen a creer que lo tiene, pues sirve más un revolucionario vivo que muerto.

Por eso pido que liberen mis palabras al viento, para que dejemos esa lucha intestina atrás y veamos en cada día una nueva oportunidad de mejorar este país que no sólo necesita mejores gobernantes sino mejores mexicanos. Miles de mexicanos mueren cada día esperando a que llegue el salvador; cual profecía bíblica, se espera que emerja un político de entre la tragedia a sacar a la gente de la miseria. Aunque lamento decirles que eso no existe, pero nosotros si existimos y es por eso que nosotros está sacar adelante a esta Patria, Patria de todos, patria de nadie.

Que las palabras vuelen, que se las lleve el viento, que mueran en el silencio pero que encuentren la eternidad en cada uno de sus corazones y revivan en sus acciones. (@TruGMA)

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