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La desaparición de un jugador de baloncesto en Michoacán revela la crisis humanitaria en la región

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Un agujero negro de violencia rodea la zona de tierra caliente. La región entre Jalisco, Colima y Michoacán han hecho de este último Estado el más violento del país. Michoacán cerrará 2021 como la región con más asesinatos del país. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de enero a noviembre de este año hubo en Michoacán 2.016 homicidios, lo que supone más de seis homicidios diarios o casi cada cuatro horas en una región que no llega a los cinco millones de habitantes.

De acuerdo con los datos de la Fiscalía del Estado (FGE) de Michoacán, del año 2019 a la fecha suman 3.800 personas desaparecidas en Michoacán: un promedio de cinco diarias que lleva en lo que Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración en la Secretaría de Gobernación (Segob) calificó frente a Naciones Unidas de “crisis humanitaria”.

El último caso es el del jugador de baloncesto Alexis Cervantes, profesional de la Liga Nacional de Baloncesto de México (LNBP), quien fue reportado como desaparecido en Michoacán. La Federación confirmó que la última vez que se le vio fue el 22 de diciembre alrededor de las dos y media de la tarde en las inmediaciones de la central de autobuses del municipio de Los Reyes, donde había participado en unos juegos amateurs de fin de año, señala el periódico Reforma.

En la investigación de la Fiscalía se supo que Cervantes abordó un taxi en Los Reyes con destino a Guadalajara, capital de Jalisco. El vehículo era conducido por el taxista Marcos Sandoval Julián, quien también se encuentra desaparecido. De acuerdo con un comunicado, Cervantes viajaba para reunirse con su familia en Guasave, en Sinaloa, para pasar la Navidad y las fiestas de fin de año. Sin embargo, nunca llegó.

Las investigaciones señalan que el autobús de la línea Primera Plus que abordó el jugador no pudo llegar a Guadalajara, por lo que el jugador, de 31 años y casi dos metros de altura, tuvo que regresar a Michoacán. Allí optó por tomar un taxi. A través de redes sociales, la cuenta oficial de la Liga de Baloncesto mexicano compartió un mensaje de la familia: “Pedimos a las personas que lo tengan que consideren la situación de mi hermano, él no tiene problemas con nadie, siempre se ha dedicado al deporte. Para nosotros es muy angustiante, les pedimos que se toquen el corazón, que lo dejen seguir con su vida, su carrera y su oficio”.

De acuerdo con los registros del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada de la ONU, en México hay contabilizadas 94.000 mil desapariciones, y las autoridades mexicanas señalan que el año terminará con más de 100.000 desaparecidos. En este macabro conteo Michoacán es el tercer territorio con un mayor número de desapariciones y la esperanza de la familia del jugador radica en que, en el caso de esa región, aproximadamente el 50% de los desaparecidos son encontrados con vida, según datos de la Fiscalía estatal.

No obstante, la desaparición de Alexis Cervantes revela la putrefacción en que se encuentra inmerso el Estado debido a la violencia y el descontrol de los grupos armados. Hasta 2012 la región estuvo controlada por los Caballeros Templarios, pero en los últimos años el Cartel Jalisco Nueva Generación controla la zona y pelea a sangre y fuego por conquistar nuevas poblaciones en manos de los grupos de autodefensa.

La consecuencia es una violencia descontrolada que aumenta año tras año. Como referencia, durante el sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto hubo, de diciembre de 2012 a noviembre de 2018, 6.943 asesinatos, mientras que en los primeros tres años de mandato de Andrés Manuel López Obrador van 6.453 crímenes. Para los expertos la violencia desatada es consecuencia de la fragmentación de los grupos violentos hacia estructuras casi familiares y menos verticales donde autodefensas y carteles se mezclan en una turbia línea que solo arroja más crímenes. A la atomización de la violencia se suma la incorporación de nuevos rubros criminales, más allá del tráfico de drogas, que añaden más gasolina al fuego michoacano.

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