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La bancarrota moral del PRD

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Sin Andrés Manuel López Obrador y sin Cuauhtémoc Cárdenas, el PRD es un simple cascarón; es una sigla sin contenido; es una nave sin rumbo. Los “Chuchos” con su desbordante corrupción orillaron a este partido a la debacle. Sus triunfos electorales en varias entidades y en muchos municipios se debieron a las figuras que ya renunciaron.

La gestión de los perredistas, tanto en gobiernos estatales como municipales, dejó una pestilente estela de corrupción e impunidad. Guerrero es un solo ejemplo de la colusión de autoridades perredistas con la delincuencia organizada. Iguala y Cocula constituyen un baldón en el historial de este partido que nació como una esperanza de millones de mexicanos que deseaban un cambio.

Fueron muchas las batallas que dio el PRD. Pero apenas sus dirigentes saborearon las mieles del poder perdieron el rumbo. Los gobiernos estatales y los municipios que han gobernado son un muestrario de la incompetencia y la voracidad. Cancún es un ejemplo con “Greg” Sánchez y Julián Ricalde.

Los “Chuchos” vendieron candidaturas y se aliaron con las mafias con tal de obtener recursos. Navarrete y Zambrano son el mejor ejemplo de la política como negocio y componenda sucia. Abdicaron de sus principios y se dedicaron a gozar de la vida. Hicieron a un lado sus ideales y se dedicaron a lo que saben hacer muy bien: el saqueo y el engaño.

Porque engañaron a sus miles de incautos electores. Y ahora sus militantes y simpatizantes están presos de la desazón y la tristeza. El PRD tiró por la borda la herencia moral de sus fundadores y se apoderaron de su dirigencia los impostores y los tránsfugas de la moral.

Ellos, que fueron duros críticos con el PRI, copiaron lo peor de este partido. Porque en el PRD las bases no cuentan. Cuenta el dinero para comprar candidaturas. Cuentan las marranadas y no las trayectorias.

Por eso, en las elecciones federales del próximo año, el PRD sólo tendrá, con toda seguridad, una presencia simbólica. A lo más que podrá aspirar es a tener diputados federales de representación proporcional. Y en las elecciones estatales sólo tendrá un papel testimonial.

La renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas es la estocada final a este partido que un día enarboló la esperanza de millones de mexicanos.

¿Qué es el PRD en Quintana Roo y particularmente en Cancún? Casi nada. Y no deja de ser una lástima dilapidaron la confianza de la gente que algún día confío en este partido hoy en ruinas.

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