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Julio Scherer tendrá homenaje póstumo

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Los restos mortales del escritor y periodista Julio Scherer García (1926-2015) fueron velados al mediodía de ayer en la capilla Bourgogne del Panteón Francés de San Joaquín, en donde el rector de la UNAM anunció que la máxima casa de estudios realizará un homenaje póstumo al incansable periodista, autor de Estos años, que ayer convocó poco más de doscientas personas entre familiares y curiosos.

“¿Qué puede decir uno cuando parte de la conciencia se muere?”, exclamó el rector de la UNAM José Narro Robles al salir de la capilla y dar el pésame a María Esther, Gabriela y Julio Scherer Ibarra, hijos del periodista mexicano. “¿Qué puedo decir cuando se nos va uno de los más grandes no sólo del periodismo, sino el más crítico de la situación política, social y económica de nuestro país?”

Scherer fue una voz profunda e inteligente, fuera de los lugares comunes, valiente, decidida, clara… un maestro del periodismo, de esos que uno quiere encontrar en la vida, un hombre con una gran generosidad para enseñar y compartir… un gran amigo con quien uno podía tener coincidencias y discrepancias y que supo reconocer cuando cambiaba sus puntos de vista, añadió.

Pero sobre todo, un hombre que me dio ideas, que me llevó propuestas y proyectos, un hombre que me dio mucho a mí, a la UNAM y a sus estudiantes.  Fue parte de la conciencia de México y hoy hemos perdido parte de esa conciencia, aclaró.

“Julio fue un hombre distante del poder, que nunca lo ambicionó en ninguna de sus formas y que lo único que tuvo fue el poder de la palabra, el poder de la inteligencia y de su verdad que defendió de forma permanente.”

Aunque la ceremonia fue anunciada como privada, algunos curiosos y admiradores anónimos del periodista se dieron cita en la capilla y a la distancia observaban.

Queda un hueco

Para Jorge Sánchez Cordero, abogado, especialista en patrimonio cultural y colaborador de la revista Proceso, Scherer no sólo fue una de las grandes figuras del periodismo mexicano, sino “un hombre probo, honrado y creador de un periodismo que se merece este país”.

Estoy muy triste, expresó, porque conocí a don Julio desde 1968 y con él se cierra uno de los ciclos más importantes de este país en la defensa de la libertad. “Él fue quien me invitó a colaborar hace tiempo, él me formó y me enseñó muchas cosas, sobre todo del aspecto crítico que es lo que le hace falta al país”.

Así que con su partida se va el maestro que le enseñó el valor de la independencia y de la crítica, con un periodismo democrático y crítico. “Este país tiene una gran deuda con Scherer. Ahora ha quedado un gran hueco en el espectro mexicano”.

Más tarde llegaron otras figuras de la política y los medios de comunicación, como el excandidato a la presidencia Francisco Labastida Ochoa, quien acudió con una corona que fue colocada en la puerta de la capilla, Pedro Aspe Armella; Carlos Puig y Porfirio Muñoz Ledo, entre otros.

“Para mí, Scherer fue un periodista excepcional, podría decirse un periodista nato, que tenía una pasión por la investigación de los hechos y un gran valor civil para expresarlos”, expresó Muñoz Ledo, expresidente del PRD a principios de los 90.

“Fue el periodista de una generación y quedará como símbolo de la libertad de prensa en México y su legado es la libertad absoluta, la libertad rebelde. Lo cierto es que a él no le gustaba mucho tratar a los políticos, no le gustaba que lo vieran cerca del poder, aunque recordó que durante esos escasos encuentros nunca perdió su libertad de palabra”, añadió.

Se le extrañará

Mientras los restos de Scherer eran velados en el Panteón Francés, políticos, miembros de la comunidad intelectual y público en general, que no estuvieron presentes en el funeral, aprovecharon las redes sociales para compartir su pesar, al punto en que se convirtió en Trending topic en la red social Twitter.

Entre los más destacados estuvieron el presidente Enrique Peña Nieto, quien escribió de forma breve: “Lamento el sensible fallecimiento de Julio Scherer García, un profesional del periodismo mexicano. Mis condolencias a su familia”.

El historiador Enrique Krauze quien apuntó: “Con gran dolor me entero que ha muerto Julio Scherer, el más grande periodista del siglo XX en México. Lo quise mucho, lo extrañaré siempre”.

Rafael Tovar, titular de Conaculta, dijo: “El deceso de Julio Scherer es una gran pérdida para el periodismo mexicano. Mi pésame a sus familiares y amigos”; y el guionista y cineasta Guillermo Arriaga agregó: “Se ha ido una de las grandes voces críticas de este país: Julio Scherer. Hará una falta enorme, más ahora. Una dolorosa pérdida”.

Más tarde el Fondo de Cultura Económica (FCE) emitió un comunicado, donde lamentó el fallecimiento del también escritor mexicano y recordó que en 2014 publicó el volumen Encuentro: Octavio Paz y Julio Scherer.

Poco después de las cuatro de la tarde se hizo el silencio y los restos mortales del escritor y periodista, envueltos en un féretro color vino tinto, fueron retirados de la capilla Bourgogne para ser llevados, en medio de una caravana solemne, hasta la fosa 241 de la Avenida 27 del mismo panteón, donde fueron depositados.

En letras de oro

Tras la muerte de Scherer se anunció que su nombre podría quedar inscrito con letras de oro en el recinto de la Asamblea Legislativa del DF. Así lo informó  Vidal Llerenas, diputado local del PRD, quien aseguró que con su muerte “deja en la orfandad al periodismo mexicano”, por lo que propondrá ante la diputación permanente reconocer de esta manera en la sede de Donceles y Allende al también Premio Nacional de Periodismo.

“Don Julio siempre fue considerado el mejor periodista mexicano de la segunda mitad del siglo pasado y lo que va del actual, y se convirtió en un referente para las nuevas generaciones de periodistas, con sus libros, reportajes y las memorables entrevistas”, dijo.

Y aseguró que en la Ciudad de México y en la ALDF “estamos comprometidos con salvaguardar la protección de los periodistas, con la libertad de expresión y no podemos dejar fuera a quien ha sido el mejor representante de ese gremio en nuestro país”.

“El periodismo es rudo por naturaleza”

Scherer dedicó 70 años de su vida a ejercer el oficio periodístico.

El periodismo marcó y fue la vida de Julio Scherer. Dedicado a él pasó la mayor parte de su vida, 70 de sus 88 años: desde su llegada a Excélsior en 1944 —cuando apenas tenía 18 años— hasta hace unos días en que publicó su último texto como despedida para su amigo Vicente Leñero. Comenzó como casi todos, como se inicia cualquier actividad, desde abajo, aprendiendo los entresijos de la profesión.

Scherer había estudiado en el Colegio Alemán Alexander von Humboldt sin mucho éxito: año con año reprobaba materias. “Me pensaba torpe, incapacitado para la vida”, escribió el mismo en Vivir (Grijalbo, 2012). Hizo la mitad de la secundaria y toda la preparatoria en el Instituto Bachilleratos, de estirpe católica; luego realizó estudios de filosofía e ingresó a la Escuela Libre de Derecho, donde estudió menos de un año: el llamado del periodismo había sonado.

Nieto de Hugo Scherer, un banquero alemán cercano al porfiriato, el periodista fue el tercer hijo del matrimonio entre Pablo y Paz García. Nació en la Ciudad de México el 7 de abril de 1926. En la época de estudiante lamentó ser “un fracaso en el futbol” y se resguardó en la natación; los años más ajetreados pronto llegarían para nunca abandonarlo, en las redacciones de los medios de los que formó parte.

“El periodismo es rudo por naturaleza”, dijo en algún momento. Lo conoció desde el nivel más bajo. Llegó a Excélsior como ayudante y así descubrió su verdadera vocación. Quizás escribió algunas notas periodísticas antes de que se publicara su firma, aunque el 23 de agosto de 1948 su nombre apareció en el vespertino Últimas Noticias junto al artículo “Cinco millones para los especuladores”, en el que se refiere a las ganancias de los corredores de bolsa.

“Como periodista me sentí trastornado cuando vi publicada mi primera nota en el diario. Me soñé cazador de especies inauditas, las exclusivas desplegadas a ocho columnas”, confesó. A partir de entonces la máquina de escribir (de acuerdo con su hija María, manipuló siempre una vieja Olivetti, de cuyo modelo conservaba dos idénticas, por si una fallaba) se convirtió en su aliada inseparable, junto con su esposa Susana.

En el periodismo, Scherer encontró reposo, a pesar de la agitación que demandaba: “Los años como reportero de Excélsior los viví en armonía”, escribió. Pluma y libreta en mano, “ávido de mirar y sentir”, cubrió la revuelta de Guatemala que depuso a Jacobo Árbenz; viajó a Rusia con la intención de entrevistar a Kruschev, conoció de primera mano la revuelta contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo en Dominicana; describió la hambruna en Bangladesh; entrevistó en Sudáfrica al último primer ministro del apartheid, Balthazar John Vorster.

Uno de sus maestros en el oficio sería Carlos Denegri, quien le enseñó algunos secretos como que para conseguir una entrevista no debía recurrir a los ayudantes cercanos del personaje, sino a los de más abajo. También habló en Guatemala con José Ydígoras Fuentes, quien lo acusó de ser corrupto después de que le pidió un préstamo para que él y el fotógrafo Daniel Casco regresaran a México, y en Haití a Duvalier. Como reportero lo impulsó el entonces director de Excélsior, Rodrigo de Llano. Y Manuel Becerra le pedía cubrir la información de los ciclones que azotaban al país.

Su último trabajo como reportero del rotativo fue la llamada Primavera de Praga en 1968. Cuatro meses después, el 1 de septiembre de ese año, Scherer asumió la dirección de Excélsior y comenzó a forjar el prestigio que le encumbró: denunciando los abusos del poder, privilegiando la pluralidad de voces, a las que él mismo invitaba a trabajar en las páginas del diario que encabezó hasta el fatídico año de 1976.

Como director pidió a Vicente Leñero que se hiciera cargo de Revista de Revistas, a Octavio Paz de la revista Plural y a Ignacio Solares de Diorama de la Cultura. Su capacidad para atraer a las mejores plumas valió para enemistarse con el poder; él mismo afirmó que a juicio de Gustavo Díaz Ordaz, era un “traidor a México” y que debió recurrir a Lázaro Cárdenas para continuar con dificultades, pero siempre en libertad, su trabajo.

Las presiones sin embargo, no resistieron el gobierno de Echeverría. El expresidente orquestó el llamado “golpe a Excélsior”, ocurrido el 8 de julio de 1976, y en una asamblea extraordinaria los cooperativistas del periódico acordaron la expulsión de Scherer. Acompañado de su consejo directivo y colaboradores, el periodista salió del edificio de Reforma para fundar, apenas cinco meses después, la revista Proceso, en la que continuaría forjando su autoridad.

Entre 1965 y 2013, Scherer escribió además 22 libros como El poder: historias de familia; Estos años; Salinas y su imperio; Cárceles; Máxima seguridad y Pinochet, vivir matando. Dos de sus últimas incursiones incluyeron una entrevista al subcomandante Marcos en 2001, transmitida por Televisa, y un polémico encuentro en 2010 con El Mayo Zambada, que incluyó una fotografía al lado del líder del cártel de Sinaloa. Aquella frase en que señaló “Si el Diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”, cobraba sentido.

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