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Jorge González Durán.- DON PANCHO BAUTISTA (3ª parte)

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Cuando se vive no sólo del periodismo sino para el periodismo, la vocación es la mejor tabla de salvación ante cualquier naufragio.

La vocación en el periodismo es sinónimo de fidelidad a la máquina de escribir, de vivir inmerso en la vorágine del acontecer cotidiano, en la neurosis del presente irremediable y en la crisis existencial del azaroso porvenir.

En el periodismo nada hay tan remoto como el ayer, ni nada tan angustioso como el hoy. El mañana siempre es hoy. Por eso los periodistas no tenemos mañana.

Por eso don Francisco reportea al pasado y coteja datos con la paciencia de un artesano. Si no conocemos el pasado, nuestro presente y nuestro futuro no tendría pies ni cabeza.

Los periodistas no podemos actuar como testigos distantes de los hechos, como si nos fueran ajenos, sino que tenemos la obligación moral de involucrarnos en el acontecer social para tener el derecho moral de defender la verdad. La única red de protección de los periodistas es su apego a los hechos. Nada más. Pero nada menos.

La vocación de don Francisco por el periodismo, por la historia, y su amor por Quintana Roo se nota, se palpa, se siente, en cada línea, en cada párrafo, en cada página. En cada palabra está la emoción y el compromiso con la verdad.

Este libro es un ajuste de cuentas con la historia. Su autor nos cuenta vivencias, no ocurrencias. Comparte reflexiones, no rumores. Este libro no es para quedar bien con los poderosos, como a veces ocurre. Este libro es el testimonio de una vida dedicada a la pasión de investigar, de divulgar, de escribir.

Nos sentimos orgullosos del  ejercicio profesional honrado de don Francisco Bautista, que es un reportero de toda la vida, aunque también ha sido editorialista, editor y director.

Don Francisco nos enseña, con su vida y su obra, que sólo la vocación nos salva de la depresión; sólo la vocación nos grita que debemos seguir pese a todo, olvidando frustraciones, haciendo a un lado obsesiones personales y persiguiendo la objetividad por encima de simpatías y diferencias personales.

Sin vocación el camino puede ser más fácil, pero menos gratificante. Sin vocación se puede, quizá, avanzar más rápido, pero el periodismo se cobra caro las infidelidades y las ingratitudes. El periodismo requiere y exige todo nuestro tiempo; se entromete en nuestra vida privada, invade todo nuestro entorno familiar y social. El periodismo es posesivo, es celoso y no olvida las traiciones. Continuará… (FIN DE TEXTO).

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