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Fabiola Cortés; de activista social, a abogada amafiada

Nombre de la columna: Las infamias de los infames (con un poco de poder) Autor: Nemesio Revueltas

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Es interesante abrir las publicaciones, en cualquier medio de comunicación, y encontrarse con denuncias que señalan a alguno u otro funcionario público. La cultura de la denuncia se convierte en una constante del salto cualitativo de la sociedad mexicana; son bien vistas y se convierten en bases de la generación de nuevos artículos y columnas.

Pero cuando las denuncias son resultado de un montaje, y buscan especular para obtener un beneficio particular para quien escribe, entonces el asunto se convierte en el instrumento de una infamia y, cuando, para lograr el objetivo convoca a la participación de una o más personas, el asunto es ya mafioso.

Fabiola Cortés Miranda, comunicóloga y abogada se desempeñó tradicionalmente en medios de comunicación y luego como “periodista independiente”, para luego, “convenientemente” fundar la organización “Somos tus Ojos, Transparencia por Quintana Roo”, ello, al inicio de la gestión estatal de Carlos Joaquín González, con todos los beneficios que ello implica.

Intempestivamente, la comunicadora y, hasta entonces, activista social, se divorcia de la administración pública estatal y se enreda en una relación sentimental con un sujeto de nombre, Gustavo Javier Rodríguez González, pero, ¿quién es este “destacado” personaje?
Gustavo Javier Rodríguez González, fue funcionario Público, ex agente de la policía judicial de la otrora Procuraduría General de Justicia del estado, dado de baja por la comisión de presuntos actos de corrupción.

El señor sigue muy activo, tomando atribuciones que no le corresponden, por ejemplo, el 19 de octubre de este año, se le vio acompañar a personal de la Fiscalía General del estado (FGE), durante el acto donde se despojó a un particular de un terreno.


Ese solo hecho, que no quiere decir que haya sido el único, supone la toma de atribuciones de un particular al acompañar y materialmente investirse como funcionario, cuando no lo es.
Y es que, a decir de la propia Fabiola, a partir de este maridaje, “lo suyo, lo suyo, lo suyo, es litigio de casos relativos a propiedades en la Riviera Maya y lugares donde la tierra se cotiza en millones de dólares”.
Es justo con este “destacado ciudadano”, Gustavo Javier Rodríguez González con quien, la ex activista está fraguando este juicio que apunta a la familia de Carlos Joaquín González, ¿con qué objetivo ulterior?, pues sería bueno saberlo y es que, mire usted, resulta que en la última denuncia mediática que hace Fabiola, nos presenta a un propietario, Antonio Manrique Mac, “muy pobre”, a quien “le están despojando de su único patrimonio”, pero mire usted, con base en los documentos que exhibo aquí mismo, resulta que ese señor, no es ningún “pobrecito”.
La suya, es una propiedad de 115 hectáreas y que se denomina “Rancho La Caverna”, de éstas, el señor dividió en 9 predios, de los cuales ya vendió 8.


¿Cree usted que los vendió a centavo el metro cuadrado?, en La Riviera Maya?, pues desde luego que no.

Pero viene la parte del chantaje y de armar una denuncia que, al haber dudas de la forma en que se instrumenta, desde luego quedan dudas también de la autenticidad de lo que se dice; ¿cuál es el objetivo de Fabiola y de su “pareja”?, evidentemente que sólo ellos lo sabrán, pero habrá que indagar más a fondo porque, “somo o no somos”; cuando la actividad de activismo o periodismo se van a la cama con los intereses económicos de los actos legales, algo apesta debajo de las sábanas.

¿No cree usted?

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