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“Están contados los días de impunidad de la Iglesia”

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Las víctimas de abusos sexuales por sacerdotes continúan en su camino hacia la justicia y la reparación para terminar con décadas de impunidad en torno a los crímenes de curas en el mundo. Esta vez, 10 expertos del Comité Contra la Tortura (CAT) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con sede en Ginebra, interrogarán a las autoridades de la Santa Sede el próximo 28 de abril, para determinar si están cumpliendo con dicho tratado internacional.

“Los días de impunidad del Vaticano están contados”, dice de manera categórica en entrevista con La Jornada, Pamela Spees, abogada del Centro de Derechos Constitucionales (CCR), organización sin fines de lucro, que junto a la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) han denunciado al Vaticano ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad y ante la ONU por crímenes sexuales y el encubrimiento de miles de sacerdotes pederastas y desprotección de niños.

Spees es el cerebro legal de la demanda internacional y los informes presentados en la ONU, primero ante el Comité de los Derechos del Niño y ahora ante el Comité Contra la Tortura: “El Comité es muy claro: la violación y los distintos tipos de violencia sexual constituyen una forma de tortura, trato cruel e inhumano. El Vaticano ratificó la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, y existe claramente una preocupación de que realmente la Santa Sede esté cumpliendo con ese tratado”.

Nivel de crueldad no visto

Especializada en derechos humanos, Spees ha llevado casos de violencia sexual y defendido minorías sexuales en diferentes partes del mundo, pero dice que nunca había visto el nivel de crueldad como en los crímenes sexuales de curas:

“Durante muchos años he trabajado en casos de violencia sexual en tribunales internacionales y en distintas jurisdicciones, pero ahora estoy consternada y sorprendida con el tipo de casos que nos encontramos en el contexto de la Iglesia porque tiene unos niveles impactantes de violencia sexual; algunas veces están involucrados más de un sacerdote; a veces hay casos de niñas que violan, embarazan y las obligan a abortar. Tenemos el caso de un sacerdote en Estados Unidos que violó a una niña de 11 años, quedó embarazada y la llevó a abortar. En otro caso también en Estados Unidos, participaron siete sacerdotes”.

El pasado 5 de febrero, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU emitió un duro informe contra el Vaticano por haber permitido miles de casos de abuso sexual contra menores y protegido a los sacerdotes agresores: “El reporte de la ONU es muy claro, porque expone lo que las víctimas sobrevivientes de violencia sexual han dicho durante años. Ellos han hecho un exhaustivo trabajo en el año reciente desde que el Vaticano fue objeto de examen. Trabajaron en el informe presentado por grupos de víctimas y han llegado a las mismas conclusiones: la prioridad del Vaticano ha sido proteger la Iglesia, bajo el riesgo de exponer a más niños a la violencia sexual”.

La estrategia legal de Spees será presentar miles de casos, donde las víctimas de abusos sexuales de sacerdotes han sufrido tortura física y sicológica, un daño a veces infligido durante años.

En su informe Luchando por el futuro. Sobrevivientes adultos trabajando para proteger a la niñez y terminar con una cultura de abuso sexual clerical, presentado ante la ONU, explica cómo las políticas y prácticas de la Santa Sede ayudaron a perpetuar las violaciones y expone de manera detallada las torturas y otros tratos crueles e inhumanos en los distintos tipos de violencia sexual contra los menores.

Advierte que la descripción de cada delito de “abuso sexual” no debe minimizar la gravedad de la conducta, cuando es cometido por un cura y que ese tipo de “máscaras de terminología” esconden el verdadero alcance de los daños que causan tales actos, como el dolor severo, aunado al sufrimiento asociado con el abuso de poder, la traición, la autonomía corporal, la alienación, el aislamiento de la familia, los amigos y otras fuentes de apoyo.

Para exponer “el impacto devastador de la violencia contra los niños”, Spees hace referencia al dictamen de un gran jurado en Filadelfia, donde hubo 265 víctimas de abusos sexuales de sacerdotes, que señala que los llamados “abusos” no es “tocar de manera inapropiada”, como intentan hacer creer algunos obispos o sacerdotes: “Estamos hablando de los niños que fueron violados vía oral y anal; las niñas que fueron violadas vía vaginal. Pero incluso aquellas víctimas cuyos abusos físicos no fueron una violación, es decir, los que fueron sometidos a caricias, a la masturbación, a la pornografía; han sufrido un abuso sicológico que les han dejado cicatrices en sus vidas y minado la fe”.

Los ejemplos del daño causado a los niños por sacerdotes pederastas que fueron encubiertos por las autoridades eclesiásticas son estremecedores: una niña víctima de abuso sexual por su sacerdote dentro del confesionario; una adolescente enferma en un hospital cuyo sacerdote intentó tocarla mientras yacía inmovlizada; un niño violado en repetidas ocasiones en el auditorio de la escuela donde su sacerdote profesor se inclinó sobre él, para frotarse los genitales hasta eyacular; un sacerdote que forzaba a dos niños a la vez a tener relaciones sexuales con él en su cama; un niño que despertó embriagado en la cama de un sacerdote que lo obligó a hacerle sexo oral mientras otros tres sacerdotes observaban y se masturbaban; un sacerdote que ofreció dinero a niños a cambio de sadomasoquismo y de convertirlo en su “esclavo” para que defecaran encima de él y poder lamer su excremento; un sacerdote que le dijo a un niño de 12 años que su madre conocía y estaba de acuerdo en que fuera violado por él; un niño que dice a su padre los abusos sexuales que sufre su hermano menor por el sacerdote y a cambio recibe una paliza hasta perder el conocimiento, pues “los sacerdotes no hacen eso”, según dijo el padre que castigó a su hijo por decir una mentira “viciosa” contra el clero…

Frente al Comité de la Tortura, Spees ha hecho énfasis en su informe en llamar a las víctimas “sobrevivientes” precisamente para mostrar la gravedad del daño cometido contra miles de menores: “Tenemos la esperanza de que este comité también tome los casos de manera muy seria. Queremos demostrar que se trata de un problema extendido apoyado en las políticas y prácticas sistémicas que salen del Vaticano. Vemos que no sólo han cometido directamente violencia sexual contra los niños u otros grupos vulnerables, lo cual es un daño; vemos que lo peor de ese daño, es la respuesta de las autoridades eclesiásticas. Esa respuesta conduce a las víctimas a la desesperación, pues los aísla y causa tragedias como los suicidios. La violencia sexual combinada con este tipo de respuesta institucional es muy grave”.

Para exhibir el nivel de tormento padecido como consecuencia de los abusos sexuales, Spees expondrá la forma en que algunas víctimas no han podido sobrevivir a los asaltos sexuales y decidieron suicidarse, como en Bélgica, donde hubo 13 autoinmolaciones y seis más lo intentaron sin éxito.

“Por ejemplo, en Australia a consecuencia de los abusos sexuales de curas hubo 45 suicidios de víctimas. Y la jerarquía católica sabía que esa gente había denunciado los abusos y conocía la tasa de suicidios y nunca hizo nada, nunca apoyó una investigación policial. Este es el nivel de daño del que estamos hablando”, dice.

Crímenes de lesa humanidad

La clave de la comparecencia ante el CAT, será presentar el daño que han sufrido las víctimas en el contexto de la violencia sexual: “El comité ya ha abordado esta situación en el caso de las monjas de la Lavandería de las Magdalenas en Irlanda, manejada por la Iglesia católica, y determinaron claramente que lo que pasó allí fue básicamente esclavitud con mucha tortura, tratos crueles e inhumanos. Estamos anticipando que, al igual que el Comité de los Derechos del Niño, este comité considere que la máxima responsabilidad en el caso de las Magdalenas y de los crímenes sexuales de sacerdotes, es el Vaticano”.

Tras obtener una resolución del CAT, Spees planea volver a la Corte Penal Internacional (CPI) donde en septiembre de 2011 interpuso junto a SNAP una denuncia contra el Papa y altos funcionarios del Vaticano por crímenes contra la humanidad. En mayo del año pasado, la fiscal Fatou Bensouda, de Gambia, desechó la demanda, pero dejó la puerta abierta a nuevas evidencias.

“Cuando tengamos las dos resoluciones de los comités de la ONU planeamos volver para la admisión de pruebas adicionales. Son dos entes independientes que analizaron las mismas evidencias en diferentes países a lo largo de los años y esperamos similares conclusiones. Tenemos muy claro que lo que sucedió en la Iglesia sigue sucediendo; no es cosa del pasado. Las violaciones y la violencia sexual continúan, al igual que el encubrimiento y el desprecio a los sobrevivientes. La violación y la violencia sexual son delitos que siguen siendo alimentados por el sistema del Vaticano, son crímenes contra la humanidad. Y nosotros estaremos llevando evidencia adicional a la CPI en un futuro, tal vez, en un año.”

Para Spees la respuesta del Vaticano al informe de la ONU coincide con su línea de negación reiterada y sistemática sobre su responsabilidad. Confiesa que el caso de los crímenes sexuales de curas representan un gran desafío en su carrera y dice que trabajar desde hace cuatro años con las víctimas le ha cambiado la vida.

“Es muy inspirador, muy estimulante estar con ellos. Durante muchos años han sufrido el desprecio de las autoridades de la Igle­sia, el silencio, la crítica social; han caminado solos y ahora, finalmente, les reconocen su lucha.”

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