Tulum, Quintana Roo. A unos días de Navidad, el gobierno municipal de Tulum quedó exhibido por un reclamo que no admite excusas: el salario y el aguinaldo. Alrededor de 250 trabajadores agremiados al SUTSAT se manifestaron este fin de semana para exigir el pago de sueldos y prestaciones de fin de año que, aseguran, el Ayuntamiento encabezado por Diego Castañón no ha cubierto.
La protesta inició en la unidad deportiva y avanzó hasta el Palacio Municipal. No hubo bloqueos, pero sí un mensaje directo: el incumplimiento deja a decenas de familias sin ingreso en la época más sensible del año, cuando la economía doméstica se aprieta y el aguinaldo no es “apoyo”, es un derecho.
El foco del enojo no fue solo el dinero que no llega, sino la ausencia del alcalde. Los manifestantes reclamaron que Diego Castañón no se presentó a dar la cara ni ofreció una ruta clara de solución. Al cierre de la jornada, no había postura oficial, calendario de pago ni explicación pública. La paciencia se agotó; el pago, no llegó.
El golpe político es serio porque no se trata de una obra detenida o de un trámite lento: se trata de nómina, el gasto más básico de un gobierno. Cuando un Ayuntamiento no paga a su gente, lo que se cuestiona es la administración completa: finanzas, prioridades, disciplina presupuestal y capacidad de gobernar.
En Tulum, además, el contexto pega doble. Es un municipio con alta exposición turística y enorme flujo de dinero en temporada alta. Por eso el contraste irrita: mientras la ciudad vende imagen de destino premium, sus trabajadores municipales salen a la calle para pedir lo elemental.
Lo que hoy exigen los empleados es simple: pago inmediato y certeza. Lo que la ciudadanía exige es igual de simple: transparencia. Cuánto se debe, desde cuándo, por qué no se pagó, quién autorizó el retraso y qué medidas se tomarán para que no vuelva a ocurrir. Porque si el alcalde no explica, la lectura se impone sola: desorden, falta de planeación o prioridades torcidas.
Tulum no necesita discursos navideños; necesita que su gobierno cumpla. Y en política, cuando el salario se vuelve protesta, la crisis ya no es administrativa: es de credibilidad.



