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Esquirlas de Libertad |Los Vendepatrias| Manuel Agustín Trujillo Gutiérrez

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De un par de años a la fecha, la palabra vendepatrias ha ido ganando terreno en todos los espacios sociopolíticos, en las redes sociales, en las protestas, en las Cámaras, en los discursos políticos y, hasta en las columnas políticas. Este acuñado de palabras ha sido utilizado para descalificar a los políticos o ciudadanos qué, a punto de vista de quien emite el juicio, están cometiendo actos o acciones que entregan la nación a manos extranjeras, cometen traicionan a la patria o un agravio contra México y los mexicanos.

Vendepatrias es la palabra de moda (posmoderna, hípster), tanto la dice la izquierda como la derecha; tanto la usa el que protesta como el que gobierna o pretende gobernar; tanto la usa el ilustrado como el iletrado, pero, ¿estamos usando la palabra de manera correcta? ¿En verdad existe un vendepatrias en este momento en el país? ¿Son realmente vendepatrias los que acusamos? ¿De dónde viene esa palabra que suena tan bonito cuando se le grita a un político? ¿Quiénes son los verdaderos vendepatrias?

La palabra vendepatrias como tal, en la actualidad no se encuentra en el diccionario de la real academia de la lengua española, pero, surfeando un poco por la red, me he encontrado con algunas definiciones empíricas de los usuarios. Algunos dicen que es para referirse al traidor de un país, que se avergüenza, le da la espalda y traiciona aquel lugar de donde es originario. Otros dicen que es “un asqueroso traidor, alguien que vende su patria a oscuros intereses extranjeros que solo están interesados en depredar los recursos del País”. Lo cierto es que hay definiciones más académicas, como:

1)     Cuando hay un conflicto entre naciones, se le llama vendepatrias al que apoya al extranjero en perjuicio de su nación.

2)     Quien toma los bienes del país en beneficio propio; que entrega los bienes y recursos de su país a otros países; el que entrega por poder su país a otro país; el entrega información a extranjeros referente a su país con el fin de hacer daño a su pueblo, entre otros.

Quizá el tema  es más delicado que las connotaciones que se le puedan dar, el amplio espectro de matices con los que se pueda emparejar la palabra o la definición emocional que le carguemos a la misma. Cuando se habla de un vendepatrias se habla de traición a la patria y, es tan delicado el tema que inclusive está estipulado en el Código Penal Federal, libro segundo, titulo primero: delitos contra la seguridad de la Nación, capitulo I traición a la patria, articulo 123; donde hay XV incisos donde se puede considerar esta.

Lo curioso es que ninguno de los XV apartados del artículo se refiere a aquel que hace reformas constitucionales, puesto que esto no sólo es legal, sino necesario. Las sociedades, la geopolítica, la economía, los mercados y los problemas nacionales e internacionales cambian, evolucionan, empeoran o mejoran y; es esa cualidad reformista de nuestra Constitución lo que permite mitigar las adversidades y adaptarnos a los cambios. Que nos gusten o no las reformas; que nos convengan a nuestros intereses personales, de grupo o no; que sean lo que para nosotros es ideológicamente correcto o no, no importa, pues al final son medidas que buscan, en teoría, el beneficio de la nación. Si estas llegan a fallar, como dijera Salvador Allende, “superarán otros hombres ese momento gris y amargo.”

Entonces para que la expresión vendepatrias de verdad tome sentido en el contexto mexicano, debemos remitirnos a la historia. La historia del país tuvo tres momentos dónde de verdad existieron vendepatrias, tan es así, que se vendió más de la mitad de su territorio. La historia juzga a Santa Anna quien por ambición personal, por egolatría y por concebirse a si mismo como el único que podía salvar al pueblo es que nuestro territorio pasó a manos de nuestro vecino del norte. Aunque habría que aclarar que no sólo fue culpa de Santa Anna, sino que hay otros factores y personajes que bien podría llevar el título de vendepatrias a cuesta.

Desde el día que México nació como nación independiente, también nació entre los mexicanos la enfermiza lucha por el poder, la imposición de ideas e ideales y la lucha de dominación entre hermanos para demostrar quién manda, costara lo que costara; y nos costó más de la mitad del territorio. Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero fundaron México en un abrazo; pero la nación que ellos fundaron habría de permanecer separada por las ideologías que cada uno defendía, inclusive, visibles hasta hoy en día.

Santa Anna era un hombre folklórico, de eso que todavía se dejan ver en la política mexicana. Él creía que sólo su proyecto de nación era el que podía salvar a México de la miseria. Traicionó a Iturbide y a muchos más; se cambió un par de veces de partido; ayudo a derrocar y poner presidentes e; hizo lo necesario para llegar a la presidencia. Su talento como líder era indiscutible pero su arrogancia y egolatría era tanta que él mismo iba comandando al ejército en las guerras extranjeras; fue eso lo que nos hizo perder Texas, ya que fue apresado y a cambio de su vida firmo la entrega del estado.

A pesar de eso, la gente lo quería, lo pedía y lo impuso de nuevo como presidente, y en otra guerra donde él iba al mando fue que tuvo que declinar como presidente unos cuanto días antes de entregar la mitad de nuestro territorio ante la sumisión a los Estados Unidos. Y les dejo esta tarea ¿cuáles fueron las razones por las que los ejércitos norteamericanos eran tan poderosos en nuestro territorio? ¿Por qué los ejércitos mexicanos siempre estaban mermados? ¿Por qué si eran invasiones en nuestro territorio la gente no hizo nada para defenderse? ¿Quién dejó entrar a los norteamericanos a los estados del norte del país para que los trabajaran y por qué?

Santa Anna quizá sólo fue víctima de sus circunstancias y su arrogancia, pero había micro factores que en la suma de los mismos se construyó la derrota nacional. Cuando se avecinaban las guerras extranjeras, el ejército estaba más preocupado por derrocar al presidente e imponer a un nuevo general que por defender la patria. Cuando nos pedían permiso para trabajar nuestras tierras del norte se concedían permisos porque políticamente no importaban, la lucha entre liberales y conservadores estaba en el centro. A final de cuentas, lo único importante para los partidos políticos de la época era desestabilizar el país para derrocar al partido en el poder y que así pudiera subir la oposición para ser eventualmente derrocada por la nueva oposición.

Esta dinámica de imponer ideologías y grupos políticos cueste lo que cueste, fue arrastrada hasta la revolución, cuando nuestros héroes se mataron entre ellos. Y me atrevo a decir que continúa hoy en día. Todavía hay quienes quieren que le vaya mal al país, quienes quieren que fallen las reformas, quienes quieren que México se mantenga jodido o que esté más jodido para tener mayores adeptos políticos en sus filas y así su candidato pueda ascender al poder. Lo cierto es que ese tipo de actitudes, ese poder por el poder, esa egocrácia y ese mesianismo fue lo que nos llevó a perder más de la mitad de la nación.

No hemos entendido los mexicanos que fue la unión, que fue la lucha hombro con hombro, que fue un abrazo lo que nos dio independencia y, mucho menos hemos entendido que fue la lucha de las ideologías, la imposición de los caudillos y la defensa de los intereses personales por encima de la estabilidad, interés y beneficio de la patria lo que disminuyó a este país.

Hay que defender lo justo, hay que hacer que se cumpla la ley, hay que brindar justicia social, hay que protestar cuando no se cumplan nuestras garantías constitucionales, cuando se cometan abusos; lo que no debemos hacer es tratar de imponer una ideología, tratar de imponer a un caudillo, defender ideología o proyectos por encima de la patria y, mucho menos esperar que al país le vaya mal para que a nosotros o a nuestro partido nos vaya bien.  Nuestros intereses están fundados en base a nuestra condición socioeconómica, sociopolítica, sociocultural y geopolítica, pero los intereses de la nación es la suma de todos nuestros intereses, que en muchos casos son muy diversos, pero por lo mismo somos una democracia.

Las medidas que se toman desde el poder nos pueden llegar a gustar o no, pueden ser incorrectas o no,  o simplemente porque no son de nuestro partido no nos gustan, no nos deben de gustar o las debemos criticar; pero siempre tengamos en mente que fueron esas maneras de pensar lo que casi hace que nos quedáramos sin patria. Los enemigos de la nación están afuera de nuestras fronteras, no dentro. Es por eso que vendepatrias son aquellos que interponen sus intereses personales, políticos o de grupo antes que los intereses de la nación, quienes descalifican a las instituciones, quienes crean desestabilidad política en el país, quienes traicionan a sus hermanos, quienes pretenden imponerse por la fuerza, quienes buscan por todos los medios el poder antes que la funcionabilidad y estabilidad política, social y económica del estado.

Sé que a muchos podrán no gustarle mis palabras, ni mis conclusiones, pero no lo digo yo, querido lector, una y otra vez nos lo dice la historia. (@TruGMA)

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