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Esquirlas de Libertad| Ignominia| Manuel Agustín Trujillo Gutiérrez

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“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista; luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío; luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista; luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante; luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada” Martin Niemöller.

A veces pienso que la cotidianidad de la vida nos hace insensibles, nada nos sorprende, todo es común y lo extraordinario lo tachamos de falso. La gente, los carros, las luces; kilómetros de asfalto, casas, edificios; un día tras otro, sin un rumbo fijo, sin una meta establecida, sólo seguir adelante. Para muchos esto puede ser suficiente, pero aún existimos algunos que creemos que esto no debe ser así, algo está mal, algo debe de cambiar para que todo pueda mejorar.

Cada que salimos de nuestros hogares vemos tantos rostros que las multitudes se vuelven abrumadoras. Es más sencillo ignorar todo que poner atención a hasta el más mínimo detalle. La era digital no ha hecho más que abonar a este problema; ya no sólo ignoramos a los desconocidos sino que ahora ignoramos a nuestros cercanos, nuestra familia, amigos y pares, sólo por tener los ojos puestos en un celular. Tratamos de disfrutar los agridulces de un mundo virtual olvidando vivir en el mundo real.

Cuando salimos a la calle ¿qué vemos? Pasa por delante de nosotros un extraño al que no le decimos ni “hola”, mucho menos “buen día”; no entendemos que somos tan extraños nosotros para ellos que como son ellos para nosotros. Y cuando alguien necesita de nuestra ayuda ¿nos detenemos a echarle una mano? Pero ¿Qué pasaría si fuéramos nosotros los que necesitáramos de alguien piadoso que nos brinde su ayuda? No vale la pena llorar, ni frustrarnos, tampoco enojarnos si nadie nos ayuda, si al final de cuentas tampoco ayudaríamos nosotros.

La ignominia de la vida cotidiana se ha vuelto parte esencial de nuestras sociedades. Pareciese que los citadinos vivimos la vida como si no se fuera a terminar nunca. Lo cotidiano nos ha hecho fríos, impávidos, tolerantes con la violencia e intolerantes con los que piensan diferente. Ya son muy pocos los que piensan en los otros, los que piensan en su futuro, los que planifican su vida y los que se divierten viviendo.

Agosto me hace reflexionar, me pone a pensar en lo maravilloso que es estar vivo y, que de nuestra actitud depende si la vida es hermosa o un continuo de sinsabores. Cada que veamos al otro, pensemos en cómo sería nuestra vida si nosotros fuéramos esa persona; cómo nos gustaría que nos trataran, qué tan difícil es vivir esa vida y, cómo nos gustaría que los demás nos ayudaran.

Por todo lo previamente establecido y más, te invito amable lector a que hoy que lees esto, disfrutes de la sensación del sol en la piel, que sientas el agua, que mires como se mueve la luna, como se prenden y apagan las estrellas; te invito a ponerte en el lugar del otro, que trates de comprenderlo, que antes de insultarlo o enjuiciarlo, trates de pensar qué es lo que lo ha hecho encontrarse en la condición en la que está y; sobre todo, agradecer por todo lo que hasta ahora has conseguido y piensa ¿Cómo le puedes hacer tú para hacer la vida más agradable para los demás? (@TruGMA)

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