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Anacoreta en el Desierto

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A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos. -Gustave Flaubert, escritor francés.

Ya nos encontramos a un par de semanas de que termine este año y diciembre nos ha traído más que sólo posadas. Se nos fue el otoño mexicano y nos adentramos en el invierno mexicano. Entre manifestantes y peregrinos las calles de la Ciudad de México se llenaron de fe y de buenas intenciones. Así los peregrinos pedían milagros a la morenita del Tepeyac y los manifestantes a su morena que ya tiene bancada en el congreso y más de nuestra lana sin que ningún mexicano votara por ella.

Estas últimas semanas el País sufrió de sus históricas convulsiones, con manifestaciones por el segundo año de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, enfrentamientos entre manifestantes y policías, normalistas secuestrando camiones y sus respectivos choferes, humillando diputados, atropellando policías y, una autoridad tolerante y negligente ante la violencia, con la cola entre las patas, permitiendo que quienes se escudan del dolor ajeno le hagan más daño a un pueblo, de por sí, ya muy amolado.

No obstante, parece que los “dueños” de la razón, la intelectualidad y los buenos principios, se nos han quedado ciegos. No sé si en su “despertar” vieron tanta luz que se encandilaron o si fueron tantas las cortinas de humo que detectaron que no los dejan ver con claridad.

Pues así, como una jugarreta del destino, en cascada una serie de sucesos cayeron como cascada de agua helada sobre muchos intelectuales de Facebook y revolucionarios de twitter; murió Chespirito, se logró un nuevo Teletón, el América quedó campeón, terminó la Voz México, terminó México Tiene Talento, el Cruz Azul jugó contra el Real Madrid, entre otros sucesos que “distraen la atención” de los mexicanos, lejos de los normalistas desaparecidos. Lo cierto es que a pesar de los pesares, la vida sigue, el mundo sigue girando, las personas siguen sus ritmos normales de vida y las nuevas noticias se van generando; por ende, no se debe sentir indignación o rabia contra el grueso de la población que continúa con sus vidas, pues la vida sigue.

Aun así, todavía clamamos justicia contra los verdaderos culpables, el grupo de Guerreros Unidos, las autoridades involucradas con ellos y las figuras políticas que impulsaron y apoyaron a Aguirre y a Abarca. Desconozco si es ceguera selectiva o cuál es la razón cerrazón de los medios “no vendidos” y de los “desestabilizadores” del país que por un lado exigen la renuncia del Presidente y por otro aplauden y apoyan al partido político cuyo líder fue el principal impulsor de Aguirre, Mazón y Abarca, verdaderos culpables de la desaparición de los normalistas; por acción u omisión.

Pero como la fe mueve montañas, los “dueños” de la intelectualidad también crearon a sus propios ídolos, ídolos de papel con pies de barro. Así en un ambiente de rabia, odio, cólera y desesperación, surgieron los Sandinos y los Adanes, personajes que cuyo mayor logro fue ser golpeados por policías o irrumpir la entrega del Premio Nobel. Dichos hechos traen a mi memoria a los “héroes de la patria” que en el 2012  se alzaban en eventos de campaña del aquel entonces candidato Peña Nieto y gritaban: “chinga tu madre Peña”; lo cual los volvía ídolos en la redes sociales, virales, líderes de opinión y hasta figuras políticas de oposición.

Lo de los falsos ídolos es además de ridículo,  preocupante, puesto que la situación se ha desvirtuado tanto que cada vez es más común encontrarse en las redes a personas que se atreven a insultar a Malala, a aplaudir que quemen policías, que los maten a golpes o que los atropellen por hacer su trabajo.

No seamos incongruentes y no seamos hipócritas, criticamos y exigimos la renuncia de personajes que por medio de un comentario de Facebook o un twitazo insultan a los manifestantes y, si son priístas se vuelven noticia nacional. Pero aplaudimos a los manifestantes que escudados en el vulgo, los rostros tapados y el anonimato de las redes sociales asesinan a golpes a un policía, queman la puerta de Palacio Nacional, irrumpen la entrega del Nobel o insultan, desean la muerte o amenazan a todos aquellos que no compartan sus convicciones personales. Eso sí lo callan los medios “no vendidos”.

No podemos hablar de manifestaciones pacíficas cuando entre las consignas existen insultos y mentadas de madre. Así como un piropo es violencia, así como recibir un insulto es violencia, así como el lenguaje es violento, así también las manifestaciones de odio e insultos por medio de una masa es violencia. No porque lo diga uno o los digan miles deja de ser violento y se vuelve correcto. La violencia engendra más violencia y el odio llama a más odio.

Me entristece ver que una tragedia se haya convertido en un conflicto político y dicho conflicto político se haya convertido en una carnicería del pueblo contra el pueblo. No, no hacemos daño a México protestando por lo que es justo, hacemos daño a México esparciendo rumores, aplaudiendo la violencia y repartiendo odios. Si eso es despertar, mejor sigan dormidos.

Quizá mi voz se pierda entre tantas o no se haga viral porque no digo lo que quieren escuchar, lo que está de moda o lo que es trending topic. Pero por lo menos, el día de hoy que me vaya a dormir les puedo asegurar que dormiré más tranquilo. (@TruGMA)

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