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Esquirlas de Libertad| A Propósito de las Consultas Populares| Manuel Agustín Trujillo Gutiérrez

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Bien reza el dicho popular que no todo lo que brilla es oro. La pirita es un mineral compuesto de azufre y hierro, es conocido popularmente como el oro de los tontos. Las dichosas consultas populares que están promoviendo la izquierda y la derecha mexicana no son más que eso, la pirita de la política. Pirita que quieren vender por oro; pirita con la que pretenden engañar a ingenuos y obtusos.

Recientemente el jefe de gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera propuso elevar el salario mínimo del DF a 100 pesos. El PAN no se hizo esperar y sacó a la luz una propuesta para que el salario mínimo aumente a 200 pesos. ¿Suena bien, no? La verdad es que es un anzuelo para pescar a los distraídos, a los incautos y a los bobos. Al día de hoy el salario mínimo en México ronda entre los 63 y 67 pesos; y es verdad que con ese salario nos alcanza para comprar muy pocas cosas, ni siquiera podemos pagar la canasta básica que tiene un costo aproximado de 161 pesos según Profeco. ¿Pero es la solución?

La propuesta del PAN se centra en juntar un millón y medio de firmas en todo el país para que en las próximas elecciones intermedias se consulte a la ciudadanía si estamos a favor de que se eleve el salario mínimo a 200 pesos. Para poder comprender el disparate primero entendamos una cuestión, con la fiscalización de los partidos y el escrutinio de las listas de militantes de los mismo que ha implementado el INE, el PAN está cerca de perder su registro y necesita de manera urgente afiliar más personas.

Sin duda, si a todos se nos pregunta que si queremos que suban el salario mínimo a 200 pesos, la mayoría de los empleados estará a favor, pero la mayoría de empleadores estarán en contra. ¿Cuáles serían las consecuencias de esto? Si subieran el salario mínimo las empresas tendrían que despedir a los empleados que no fueran absolutamente necesarios para poder pagar con forme a la ley a los sobrevivientes, así millones de personas se quedarían sin empleo. Esta cadena de calamidades provocaría inflación debido a que otra manera de subsanar el gasto extra de las empresas es el de elevar los precios de los productos para poderle pagar a sus empleados.

Para resumir, el incremento por plumazo de 63 a 200 pesos de salario mínimo ocasionaría por un lado despidos masivos de los empleados más bajos de la cadena productiva, es decir, paradójicamente los que más necesitan el incremento del salario; y por otro lado inflación, es decir, un incremento substancial en el precio final de los productos y servicios para que las empresas puedan pagarle a sus trabajadores. A final de cuentas esta idea, más que ser buena, es un atentado a la inteligencia y economía del mexicano; pues en lugar de mejorar las condiciones económicas de la población, podría empeorarla. Por lo que más que propuesta real, es una bandera política para poder cascarse aunque sea 500mil militantes nuevos de ese millón y medio de firmas.

Para no estar en contra de todo y a favor de nada, trataré de explicar de manera básica como sí podría mejorarse la economía de los mexicanos. Lo que tiene que aumentar es el poder adquisitivo, en otras palabras, que nuestro dinero nos rinda más; pero para eso se necesita mayor competitividad. Obedeciendo la ley de la oferta y la demanda, entre más oferta exista, es decir, entre más productos se oferten, menores serán los costos de las cosas. Entonces, el gobierno tendría que generar los mecanismos adecuados para acabar con las prácticas monopólicas de las empresas estatales y privadas, financiar pequeñas y medianas empresas para ponerlas a competir en el marcado con las grandes empresas, abrir las fronteras a otros mercados o en su defecto ser proteccionista con las empresas mexicanas para permitirles crecer y competir a tú por tú con las grandes transnacionales en el territorio nacional y por qué no, en el exterior.

Recuerdo una vieja  anécdota que me contaron hace algunos ayeres cuando estaba cursando mi educación primaria: un profesor nos contaba que México nunca iba a progresar porque cuando aquí cuando los trabajadores estaban en desacuerdo con las medidas que tomaba el jefe, hacían una huelga; mientras que en Japón, cuando los trabajadores estaban en desacuerdo con su jefe, trabajaban más duro. Al preguntarle por qué, nos dio una respuesta que hasta hace unos años no comprendía. Cuando una plantilla de trabajadores deja de trabajar, el producto escasea mientras que la demanda continúa igual, por lo que los precios del producto se elevan hasta las nubes, lo cual beneficia al patrón; mientras que cuando la cuadrilla de trabajadores aumenta la producción trabajando más, la oferta se eleva mientras que la demanda continúa igual, por lo que el precio del producto baja considerablemente y se afecta al patrón.

La otra famosísima y también disparatada consulta popular es la consulta sobre la reforma energética. Aquí hay que poner mucha atención porque no me queda claro si la izquierda desconoce la ley y están convencidos de que si se puede echar abajo la reforma energética o si la izquierda conoce perfectamente la ley y aún a sabiendas de que su consulta popular es un ridículo, le sirve para embolsarse la simpatía del 60% de los mexicanos que no están a favor de “vender el petróleo”. Sin duda es otra excelente bandera política para ganarse adeptos de la desmoronada izquierda mexicana.

Para entender el panorama de esta consulta popular, primero puntualicemos algunas cuestiones para estar en sintonía: 1.- Recién el Dr. Luis Carlos Ugalde explicaba que aun lográndose la recaudación de firmas de la multicitada consulta popular energética, mientras la reforma energética sea constitucional, no se podrá alterar; para ser más claro, si se logra la consulta, sólo podría afectar o intentar modificar las leyes secundarias más no la reforma constitucional. A final de cuentas, no se podría echar atrás la reforma energética ni consiguiendo las firmas de 100millones de mexicanos.

2.- PRD intentó conciliar con las izquierdas y sumar un gran frente nacional en contra de la reforma energética con una sola consulta nacional. Dicha consulta iba ir encabezada por el nieto del Tata Cárdenas, don Cuauhtémoc Cárdenas; quien Andrés Manuel en campaña propuso para ser el titular de Pemex si él llegaba a ser presidente. Pero de manera sorpresiva Morena decidió hacer una consulta nueva por su cuenta, rechazando la oferta del PRD con excusas absurdas, y sobre todo, rechazando a quien antes AMLO idolatraba, a Cuauhtémoc Cárdenas.

Pero ¿Para qué quiere Morena una consulta diferente si busca lo mismo que el PRD? La respuesta es más que evidente, saben que la consulta no puede frenar la reforma, pero lo que si puede lograr la consulta es engrosar su lista de afiliados; no así una consulta en conjunto, que abona a la lucha contra la reforma energética pero no abona a los intereses del líder de Morena. Recordemos que ahora el INE entregará a recursos a los partidos políticos por afiliados, entonces, los partidos pequeños como Morena están más preocupados por conseguir adeptos (dinero) que por las luchas sociales.

3.- En las redes sociales y en las protestas callejeras es una constante que los simpatizantes y militantes de Morena insulten a quienes no estén con ellos, a los que piensen diferente que ellos y a quienes no hayan votado por Andrés Manuel, es más, hasta a los que votaron por él pero que no se han sumado a Morena. Se les llama ignorantes, vendepatrias, borregos, vendidos, idiotas, idiotizados, peñabots, peñazombis, dinosaurios y más. La teoría es que el pueblo vota por otros partidos porque está “idiotizado” por Televisa y Tv Azteca, porque vendieron su voto por “una torta y un refresco”, porque quieren un hueso o porque son parte de “la mafia del poder”.

Entonces, en ese orden de ideas, si la mayoría de la población no votó por AMLO por estas cuestiones que argumentan ¿qué les hace creer que firmarán la consulta? Y, si la mayoría del pueblo, bajo sus argumentos, son vendidos, agachones y demás, ¿qué les hace creer que cambiarán su parecer de la noche a la mañana? Ahora sí les importan estas personas a las que tanto se encargaron de vapulear. Al parecer nadie les dijo que ese pueblo que critican es el mismo pueblo que supuestamente intentan defender.

Que quede claro, las consultas ciudadanas no son malas; de hecho, debo decir que estoy a favor de que se hagan en algunos casos. Por ejemplo hay un caso particular en el que me hubiera encantado que se hiciera una consulta popular; a mí como a millones nos hubiera encantado que se nos consultara si queríamos mantener 3 nuevos partidos políticos. ¿Alguien se ha preguntado cuánto nos van a costar los 3 nuevos partidos políticos? No cabe duda de que ese tipo de consultas populares si son absolutamente necesaria, porque por muy optimistas que seamos, por lo menos 2 de 3 partidos desaparecerán en las próximas elecciones.

En conclusión, amable y apreciable lector, si llegan a su puerta un chaval alegre a pedirle una firma para elevar el salario mínimo, puede responder con un categórico “¡No!”, puede tratar de explicarle que su propuesta en lugar de mejorar las cosas las empeoraría o puede simplemente escucharlo respetuosamente. Si por otro lado llegan a pedirle una firma para echar atrás la reforma energética, puede hacer uso de la tres opciones anteriores o una favorita de la izquierda mexicana, la respuesta Sansores, “¡por qué no van y consultan a la…!” (@TruGMA)

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