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Érase una vez una biblioteca en Oaxaca

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OAXACA.— En el Centro Histórico de Oaxaca existen más de 25 bibliotecas muy bien equipadas y con un programa sólido de fomento a la lectura. Si eso ya de por sí pone a la ciudad en una dinámica singular que no ocurre en ninguna otro punto de la República Mexicana, allí se ha gestado un espacio bibliotecario pionero y único en su tipo; en el barrio de Xochimilco existe desde hace casi siete años la BS, la Biblioteca Infantil de Oaxaca.

El recinto que es único en el país y que está dirigido especialmente al fomento a la lectura y a la atención de niños y jóvenes, ha motivado desde hace casi siete años —se fundó en marzo de 2007— una serie de espacios y proyectos que replican su labor no sólo en la ciudad de Oaxaca y en 25 escuelas públicas de la ciudad, sino también en comunidades indígenas en la Sierra, en Valles Centrales y en la ruta dominica de San Pedro y San Pablo Teposcocula.

Todo este trabajo de fomento a la lectura entre los niños y jóvenes oaxaqueños forma parte de un proyecto mucho más ambicioso que desarrolla la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, que conjunta un proyecto de espacios bibliográficos como la Biblioteca Henestrosa, la Biblioteca Burgoa, la Biblioteca BS de San Pablo, la Biblioteca BS La Casa de La Cacica, una casa prehispánica-colonial situada en San Pedro y San Pablo Teposcocula; entre muchos otros.

La BS es un espacio que alienta el contacto y el cuidado de la naturaleza; sus instalaciones en el Barrio de Xochimilco, lugar donde abundan los talleres de bordado, es una gran S —de ahí su nombre— en el que abundan los árboles, los muros y techos que recuperan agua de lluvia y la depositan en cisternas a través de canales; también se han sumado a proyectos ecológicos como el jardín de niños en la colonia Azucenas.

Freddy Aguilar, director y motor de la BS, asegura que la Biblioteca Infantil de Oaxaca es un centro bibliográfico y recreativo destinado a ofrecer de manera gratuita sus instalaciones, colecciones y servicios a los niños, niñas y adolescentes de la ciudad de Oaxaca con el objetivo de formar lectores a través de una oferta bibliográfica y de servicios, preparada especialmente para ellos.

“Somos un poco pioneros en ofrecer un espacio dedicado a los niños, por supuesto que está abierto a todas las edades, pero darle un espacio a los niños es algo relativamente nuevo en la cultura mexicana. El propósito es ayudar a formar en los niños una personalidad que sea menos prejuiciosa, más razonada en sus decisiones, que se documente, compare y finalmente tome una decisión propia sobre los asuntos de su vida y de la sociedad en la que vive”, afirma Freddy Aguilar.

Esa biblioteca única en su género cuenta con más de 12 mil ejemplares especializados y dirigidos a niños desde que están en el vientre, pero también impacta a adolescentes, adultos y muchos adultos mayores que son maestros jubilados. Cada mes atienden alrededor de 150 lectores diarios y alrededor de 120 en cada comunidad.

“Con la doctora María Isabel Grañén Porrúa pensamos en abrir una biblioteca que no fuese una biblioteca para ir a hacer la tarea; sino por el contrario, que descubriesen la lectura como una forma de disfrutar muchas de las cosas que nos ofrece la vida, que es una experiencia gozosa y de muchas formas afectiva. El 90% de nuestra colección es literatura, pero también hay mucha divulgación científica”, afirma Freddy Aguilar.

Libros que ruedan

La ciudad de Oaxaca se ha convertido en los últimos años en un ejemplo de fomento a la lectura, en un ejemplo de promoción de los libros y la literatura entre niños y jóvenes escolarizados, pero también en comunidades indígenas, en barrios de migrantes de la Sierra a la ciudad que viven en la zona conurbada.

La BS, Biblioteca Infantil de Oaxaca ha extendido sus alas y se ha replicado en comunidades indígenas de difícil acceso para la lectura, pero hasta allí llegan cada mes dos bibliotecas móviles, réplicas de la BS, que con motivos diseñados por Alejandro Magallanes recorren 28 comunidades, colonias y agencias municipales de los Valles Centrales y además de 24 comunidades de la Sierra, todas inscritas en el proyecto “¡Ando leyendo, leyendo ando!”

Estas agencias municipales cercanas al centro de la ciudad son atendidas por dos bibliotecas móviles que coordina el mismo Freddy Aguilar y que recorren los Valles Centrales con libreros cargados de unos 500 ejemplares, con promotores de la lectura que llevan talleres e incluso cine. Él también coordina el proyecto “El diablo de los libros”, que recorre los pasillos de la Central de Abastos de la ciudad.

Socorro Bennetts, coordinadora de Proyectos Educativos y Culturales, de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C., ha sido la encargada de idear los mecanismos que utilizan las otras dos bibliotecas móviles que recorren 24 comunidades de la Sierra de Oaxaca. Son libros tan usados por los niños que cada año deben comprar 500 libros nuevos para cada biblioteca móvil, pues los niños piden cosas nuevas.

“La biblioteca 1 tiene dos promotores de lectura y la biblioteca 2 tiene uno sólo, la biblioteca 1 en promedio atiende cada mes a ocho comunidades, de manera que cada tres meses seguro vuelve. Los dos compañeros inciden en la escuela, se van el 1 de cada mes y regresan el 22 de cada mes, se van a la sierra 22 días y allá viven, comen, duermen y se bañan donde les toca”, señala.

Bennetts ha trabajado a prueba error, usaban sillas y tapetes de fommy, ahora utilizan petates; las camionetas cargaban libreros pero los libros se caían por la subida y bajada de cerros, ahora los llevan en cajas y luego los ponen en tendederos, pequeños estantes o sobre mesas.

Señala que la Biblioteca 1 trabaja en las escuelas entre las ocho de la mañana y la una de la tarde; luego, entre las cuatro y las siete de la noche se instalan en los corredores municipales, ahí tienden los petates, sacan los libros y los niños llegan a leer; que hay niños que ya leen ocho o 10 libros en una tarde.

Pero ahí no paran las actividades diarias de los promotores, pues por la noche proyectan cine y cuando el cielo lo permite miran las estrellas, pues llevan un telescopio. La biblioteca 2 dedica los 22 días de cada mes a recorrer todas las comunidades, incluso atiende a dos comunidades en el mismo día.

Socorro Bennetts también dirige el programa de lectores voluntarios “Seguimos leyendo”, donde amas de casa, profesionistas, voluntarios atienden a la semana a 6 mil 500 niños y jóvenes de escuelas públicas: “Trabajamos en 25 escuelas, 30% son preescolar, un 65% primaria y 5% secundaria. Llevamos cinco años de vida, ya son cinco ciclos escolares cumplidos”.

Bennetts y Aguilar son dos de los brazos ejecutores de dos mecenas de la lectura en Oaxaca: Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa, que no sólo han hecho rescates arqueológicos de inmuebles, sino que además trabajan en la conservación de archivos documentales y fondos bibliotecarios que atiende a la sociedad oaxaqueña.

“Sabemos que una biblioteca no va a salvar el mundo y por eso también nos asociamos con otros proyectos que toman en cuenta las necesidades de la sociedad, por ejemplo, que tienen una construcción para un jardín de niños, pero necesitan una biblioteca, un huerto urbano o clases de nutrición, entonces nos asociamos porque todo tiene que ir junto, es difícil que un niño que tiene el estómago vacío lea, estamos conscientes de que tenemos que trabajar en ese sentido”, concluye Freddy Aguilar.

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