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El Tribunal Federal iraquí abre la puerta a que Maliki forme gobierno

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El primer ministro iraquí, Nuri Al-Maliki, sacó a sus unidades militares chiíes a la calle esta pasada madrugada en Bagdad, tomando posiciones en torno a la estratégica «Zona Verde» en la que se concentran la mayoría de las instituciones y las legaciones diplomáticas extranjeras acreditadas en la capital de Irak. Minutos después de aparecer en la televisión estatal con un duro discurso contra el presidente de la nación, el kurdo Fuad Masum, las fuerzas leales a Al Maliki comenzaban su despliegue en Bagdad. Después del despliegue, el máximo tribunal del país ha fallado a favor del primer ministro, Nouri Al-Maliki, en su disputa con el presidente del país, Fuad Masum, por lo que legitima las pretensiones de Al-Maliki para formar gobierno.

Miembros de las Fuerzas Especiales, todos ellos leales al primer ministro, realizaron un rápido despliegue con unidades mecanizadas y con algunos blindados en torno a edificios sedes de instituciones esenciales en la «Zona Verde», según fuentes policiales. Mientras tanto, numerosos efectivos de las milicias chiíes incrementaban sus habituales patrullas en la capital y en sus alrededores, según recogía la agencia británica de noticias Reuters.

Discurso por sorpresa
Tan solo unos minutos antes de que este despliegue armado se hiciera visible, Nuri al Maliki acusó ante las cámaras de la televisión estatal -en una alocución recogida también por la cadena panárabe Al Yasira- al presidente Masum de «violar la Constitución» por haber aplazado hasta en dos ocasiones la fecha límite para pedir al primer ministro la formación de un nuevo Gobierno. En el discurso del primer ministro, emitido en directo y sin previo aviso, Al Maliki afirmó que presentaría ante el Tribunal Federal una querella contra el presidente por violación de la Carta Magna, y anunció que tiene intención de presentarse de nuevo a un tercer mandato para revalidar el cargo como jefe del Gobierno, a pesar de la negativa de todas las fuerzas políticas no chiíes y del escepticismo manifestado por los Estados Unidos sobre su capacidad para unificar el país.

Las palabras de Al Maliki y su demostración de fuerza en las calles llegan en medio de los intentos de los didistintos partidos políticos de poner fin al estancamiento existente desde la celebración de las elecciones parlamentarias en abril, debido en buena medida a la incapacidad del propio Al Maliki para aglutinar a las minorías suní y kurda en un proyecto común, y especialmente a causa de los avances del grupo terrorista Estado Islámico -EI, el antiguo Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS)-, cuyos avances militares en la mitad norte de Irak preocupan seriamente en los países limítrofes y en Occidente.

A finales del pasado julio, el primer ministro hizo un llamamiento a los partidos políticos iraquíes para que superen sus diferencias y trabajen para formar lo antes posible el nuevo Gobierno. Al Maliki trata de formar un Ejecutivo pese a la oposición de suníes, kurdos y algunos opositores chiíes. La mayor parte de los clérigos de la confesión chií del país y las potencias occidentales, por su parte, han dado hasta el presente un magen de confianza a Nuri al Maliki y han presionado a la clase política para superar este estancamiento y formar un nuevo Ejecutivo de unidad nacional.

Nada más conocerse el discurso televisado del primer ministro, y mientras llegaban las primeras noticias sobre su demostración de fuerza en las calles, el Departamento de Estado norteamericano reaccionaba con una rápida nota en la que mostraba su total apoyo al presidente de la nación, Fuad Masum. Minutos antes, el vicesecretario para Asuntos de Oriente Próximo, Brett McGurk, mostraba el apoyo estadounidense al presidente Masum, tras las acusaciones vertidas contra él por Al Maliki. «Apoyo total al presidente de Irak, Fuad Masum, como garante de la Constitución, y a un candidato (a primer ministro) que logre un consenso nacional», afirmabaMcGurk a través de su cuenta oficial en la red social Twitter.

El pronunciamiento de Al Maliki llega en un momento en que arrecian las críticas desde los principales apoyos occidentales al régimen iraquí. Sobre todo desde la Casa Blanca se han mandado mensajes inequívocos en las últimas semanas sobre la incapacidad del primer ministro para formar un Gobierno de unidad. A medida que la crisis política iraquí se estanca y las milicias yihadistas avanzan en el norte, parece más claro que Nuri al Maliki ha perdido la confianza de sus aliados exteriores. Este pronunciamiento puede haber firmado su sentencia.

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