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El Presidente y su jefa del SAT juegan con fuego

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Por Mario Maldonado

Buenrostro, así como casi todo el gabinete, no se mueve un ápice sin el visto bueno de su jefe, el Presidente. Su nombramiento como responsable de las compras del gobierno federal fue un primer paso para infundir miedo –y respeto– a los empresarios.

La idea original, según fuentes del gabinete, era “meter en cintura” a los empresarios y políticos que efectivamente operaban mediante actos de corrupción en este sector. Pero se le pasó la mano y terminó generando un desastre en el sector de salud pública que se exacerbó con la puesta en marcha del Instituto de Salud para el Bienestar y ahora más con la crisis del Covid-19.

Fue la entonces Oficial Mayor la responsable de poner los reflectores sobre el hoy encumbrado, y cuestionado a la vez, subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, quien en su momento tuvo que salir a operar una crisis de desabasto que le permitió ganarse un espacio establecido en la conferencia matutina de Andrés Manuel López Obrador.
Raquel Buenrostro hoy despacha en la Jefatura del Servicio de Administración Tributaria (SAT). Lleva tres meses en los que ya le ha dado varios latigazos a los denominados ‘grandes contribuyentes’, es decir a los empresarios más grandes del país.

La crisis económica en ciernes la vuelve a poner a prueba, con el agravante de que ahora sí una decisión equivocada puede significar una debacle mucho más pronunciada que la de otros países, lo que terminaría por dejarle el país en ruinas al presidente López Obrador, cuyos cálculos políticos, como conservar la mayoría en el Congreso federal y ganar las gubernaturas de varios estados, están en peligro.

Ayer, a través de mi cuenta de Twitter el usuario @AlexYue555 expuso que su despacho “está viendo cómo subsanar la baja en las ventas y cómo cubrir sueldos en esta contingencia”; y preguntó: “Sería complicado para el @SATMX condonar los recargos por atraso en el pago de impuestos”.

Por la misma vía, la cuenta oficial del SAT respondió: “Buen día, te informamos que hasta el momento no se tiene contemplada ninguna facilidad, por lo que agradecemos des atención a tus obligaciones fiscales en tiempo y forma, saludos”.

Así las cosas, las solicitudes que hizo este jueves el Consejo Coordinador Empresarial, que preside Carlos Salazar, de otorgar apoyos fiscales a las empresas para su subsistencia y la preservación de los 21 millones de empleos formales que generan, así como apresurar las devoluciones pendientes de IVA y restaurar la compensación universal, podrían no ser escuchadas.

El Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET), de Braulio Arsuaga, también le presentó al gobierno federal su plan para reducir los efectos negativos de la pandemia, tales como la prórroga en la presentación de pagos provisionales de IVA e ISR, así como sus retenciones, ya que el turismo será una de las actividades económicas más afectados por el coronavirus.

Pero el Presidente ya dijo que ni estímulos fiscales ni rescate de empresas. Así que si no entra en razón, él y Buenrostro podrían ser también los responsables de ahorcar, y en algunos casos enterrar, a una parte de 95% de las empresas del país que son consideradas MiPymes.

Para Andrés Manuel López Obrador no existe otro rubro más importante que sus programas sociales, y por ello durante la reunión de gabinete del martes pasado se habló de la importancia de continuar ante todo con la operación de los Programas del Bienestar.

El Presidente hace política de una crisis de salud y económica, pues a costa de un mayor endeudamiento –al reducir a cero el superávit fiscal en 2020– mantendrá sus apoyos, lo cual sería muy bueno si viniera acompañado de incentivos para el resto de la economía.

La base electoral del Presidente muy probablemente está en quienes laboran en la economía informal, los cuales no se verían muy beneficiados con los estímulos a las grandes corporaciones, siempre y cuando reciban en tiempo y forma sus apoyos sociales.

En la reunión de gabinete del martes, el Presidente instruyó a no afectar a los beneficiarios en la entrega de recursos y a tomar medidas como adelantar la pensión de los adultos mayores, además de mantener con normalidad los programas de precios de garantía y de entrega de la canasta básica.

Con esto, tanto al coordinador de los programas federales, Gabriel García, como a la secretaria y subsecretaria del Bienestar, María Luisa Albores Ariadna Montiel, se les instruyó no mantener aislados a los delegados de los programas del desarrollo y a correr la voz respecto a que, aun en los días de mayor contingencia, seguirán trabajando con toda normalidad.

Posdata

¡Prohibido hablar de la contingencia! Esa fue la indicación del Presidente a los funcionarios de la Cuarta Transformación el martes, por lo que, oficialmente, no existen planes de las dependencias públicas para operar de manera emergente durante las muy cercanas fases 2 y 3 de aislamiento social por el coronavirus.

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