Millones de feligreses católicos del mundo entero recordaron ayer la Pasión de Cristo del Viernes Santo con diferentes ceremonias y peregrinaciones.
El papa Francisco presidió el tradicional Vía Crucis de Viernes Santo desde la colina del Palatino, frente al Coliseo, en una ceremonia en la que pese a no estar revisto, pronunció un breve mensaje en el que recordó a todos los que sufren “el peso de la cruz”.
“Guíanos Jesús de la cruz a la resurrección. Enséñanos que el mal no tendrá la última palabra, sino el amor, la misericordia y el perdón. Recordemos a los enfermos, a las personas abandonadas para que encuentren bajo la cruz la fuerza de la esperanza”, proclamó Bergoglio en tono sobrio.
El acto comenzó a las 21:30 hora local (19:30 GMT), cuando Francisco fue acogido con aplausos por cerca de 40.000 personas que acudieron a la celebración de esta efeméride bíblica, según la Policía.
El Papa presidió su segundo Vía Crucis desde que fue elegido sucesor de Pedro en marzo de 2013, y en esta ocasión asistió al recorrido de la cruz inmerso en un profundo recogimiento.
El Vía Crucis rememora el camino de Cristo hacia su crucifixión y se desarrolla en el célebre Anfiteatro Flavio desde la década de 1970 por deseo de Pablo VI, que recuperó esta tradición que data del medievo y que fue abandonada con el paso del tiempo.
En la ceremonia, la cruz, portada por diferentes personas que se la van cambiando de manos, recorre el Coliseo, del que sale para pasar frente al Arco de Trajano y para llegar, finalmente, al Palatino, donde la espera el Papa.
En ese recorrido, la cruz se detiene en 14 ocasiones para leer las meditaciones, que narran el camino de Cristo hacia su muerte.
Unas meditaciones con un marcado cariz social, del mismo modo que el propio acto ya que los encargados de portar la cruz fueron inmigrantes, toxicómanos, sin techo, enfermos o niños.
Francisco, de 77 años, vestido con un abrigo blanco, asistió como el año pasado al tradicional rito desde la terraza del Palatino, bajo un toldo rojo instalado frente al imponente anfiteatro romano, donde soplaba una brisa fría de abril, y no recorrió a pie las 14 estaciones.
Este año, el Vía Crucis tiene la impronta de Francisco, quien encargó la redacción de las meditaciones que se leen en cada estación al obispo italiano de Campobasso (sur), Giancarlo Bregantini, conocido por sus batallas contra la mafia.
“Jesús con la cruz a cuestas (...) Es también el peso de todas las injusticias que ha causado la crisis económica, con sus graves consecuencias sociales: precariedad, desempleo, despidos; un dinero que gobierna en lugar de servir, la especulación financiera, el suicidio de empresarios, la corrupción y la usura, las empresas que abandonan el propio país”, escribió el obispo para la segunda estación que recuerda el calvario padecido por Cristo.
El Papa escuchó concentrado las meditaciones que hablaban también de los males que aquejan a los jóvenes de hoy, “condenados a muerte, asesinados o enviados a la guerra”.
Recuerdan crucifixión en Tierra Santa
Los cristianos en Tierra Santa conmemoraron el Viernes Santo la crucifixión de Jesucristo con oraciones y procesiones en la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Los peregrinos llenaron las calles empedradas de la Ciudad Vieja a lo largo de la Vía Dolorosa, que en latín significa “Vía del Sufrimiento”.
Numerosas personas cargaban cruces de madera y seguían las 14 estaciones que terminan en la Iglesia del Santo Sepulcro.
Según la tradición, la iglesia fue erigida en el lugar donde Jesús fue crucificado, enterrado y donde resucitó.
Según el Evangelio, Jesús tuvo su última cena -la cena de Pascua- horas antes de que lo traicionaran. Los cristianos creen que Jesús fue crucificado el Viernes Santo.




