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El jugador alemán, Bastian Schweinsteiger, celebra su victoria en el Mundial de Fútbol 2014

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El jugador alemán, Bastian Schweinsteiger, celebra su victoria en el Mundial de Fútbol 2014, en una ceremonia en Berlín.

Una alegre fiesta en la que la selección de Alemania y la muchedumbre que acudió a aclamarlos cantaron, bailaron y jugaron juntos, tuvo hoy como marco la Puerta de Brandenburgo, en el recibimiento de una nación a sus héroes actuales.
Las autoridades calcularon de forma conservadora la presencia en ese lugar de 400 mil personas, pero la cifra real la superó porque la gente no solo acudió a ese punto de encuentro, que es el emblema por definición de Berlín, sino que se situó en todo el trayecto desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad y literalmente taparon las calles.
Todo el equipo, que comprende desde el personal fijo de apoyo, el médico en jefe, el gerente en el Federación Alemana de Futbol y todos los jugadores, desfilaron en la parte superior de un camión descubierto, saludando y siendo vitoreados por miles de personas.
Los jugadores contestaban agitando las manos y mostrando el trofeo de la Copa del Mundo Brasil 2014 que obtuvieron tras imponerse 1-0 a su similar de Argentina en el Estadio Maracaná.
La gente se arremolinaba alrededor del camión y los aplaudía, les arrojaban camisetas blancas como las que vistió la selección en la final, y los jugadores se las aventaban de regreso, firmadas en ese momento.
El sol de verano era candente y el cielo despejado. El camión recorrió lentamente el trayecto fijado hasta que llegó por fin a la Plaza París, el jardín con fuentes que está en la parte trasera de la Puerta de Brandenburgo. El escenario estaba adelante, hacia el jardín citadino, el Tiergarten.
La gente esperó el retraso y calor, ambas cosas inusitadas en este país. Querían a toda costa verlos y para ello aguantaron las incomodidades.
El equipo tardó todavía una media hora en subir al escenario porque comieron algunos canapés y bebieron agua en el recinto al pie de la Puerta de Brandenburgo, y cuando salieron por fin al escenario y a la pasarela en alto, las ovaciones no conocían límites.
Una vez pasados los momentos iniciales, en los que fueron presentados en forma gradual en pequeños grupos recibidos por los moderadores del evento, se pusieron simplemente a jugar con la gente.
Llevaban varias coreografías preparadas que interpretaron en forma alegre, humorística y relajada, y la gente cantó y brincó al mismo tiempo con ellos.
La primera de las coreografías mostró a cinco de ellos, entre los que se encontraba el entrenador Joachim Low, quienes salieron caminando agachados, con la cabeza a la altura de las rodillas, y cantando una canción infantil con un estribillo que dice: ‘somos los gauchos en el zoológico’.
La cantaron en varios ritmos, primero normal, luego lento y después muy rápido, y la gente junto con ellos. Las canciones no tenían nada que ver con el momento y eran, -como se diría en México- de puro relajo.
En otro momento, miembros del equipo de la selección salieron del fondo del escenario cabizbajos, callados y con las manos en la espalda. Cuando llegaron al extremo del escenario se tiraron al suelo como desmayados y emergió de entre ellos el capitán el equipo, Philipp Lahm, quien brincó alzando el título en las manos.
Risas y gritos. Esas y otras sencillas y casi improvisadas coreografías siguieron una a otra, así como estrofas de canciones populares alemanas que actualmente son conocidas en las discotecas, muchas de ellas campiranas, ya que el país es sumamente descentralizado. Las cantaban todos.
El sentimiento que irradiaban era de unidad, de pertenencia, la muchedumbre entendía a los seleccionados y éstos a la multitud, y jugaban, brincaban, bailaban y se divertían juntos con mucho sentido del humor, un diálogo que no necesitó de discursos ni de formalidades.
Además aventaron pelotas de regalo a la gente, que se movía al mismo ritmo que ellos con un rumor ensordecedor que estaba formado de porras, felicitaciones, emoción y aplausos.
Fue notorio el contacto físico entre todos los miembros de la selección alemana, quienes salían al escenario con el brazo colgado en el hombro de sus colegas, o en fila india con el brazo en el hombro del de adelante, u hombro con hombro.
Y de la misma manera consiguieron establecer cercanía y contacto con la gente que acudió a darles hoy las gracias por el título de la Copa del Mundo obtenida, la cuarta en su historia.

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