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El circo, una tradición a punto de desaparecer

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“El Gran Circo Chiarini era de las mayores atracciones. Situado en la calle de Gante, reunía con frecuencia a la gente del pueblo, tanto por sus precios como por lo variado de su espectáculo; circos norteamericanos e ingleses visitaban con frecuencia el local. La presentación de fieras amaestradas era la mejor atracción; escenas ecuestres e intrépidos equilibristas en las más variadas actuaciones se hacían llamar los primeros en el mundo…” El espectáculo, descrito por Daniel Cosío Villegas en Historia moderna de México.

La república restaurada. La vida social, hace referencia a ese circo italiano que arribó al país al mismo tiempo que Maximiliano de Habsburgo, que entretuvo a la sociedad en medio de momentos políticos y sociales difíciles de esa época, y que fue una de las compañías circenses que hicieron del XIX el siglo de oro del circo en el mundo.
En México, recuerda el historiador Julio Revolledo Cárdenas, fue durante la mitad de ese siglo cuando comienzan a nacer algunas de las principales dinastías circenses que aún sobreviven: los Hermanos Suárez en 1853, los Atayde en 1879, los Esqueda en 1893. Familias que hoy, ante la prohibición del uso de animales en los circos en la ciudad de México -según la ley aprobada recientemente por la Asamblea Legislativa del DF- luchan por mantener la tradición del circo clásico, que nació con la presentación de animales en escena.
“En el siglo XX hubo un boom del circo en México al punto de involucrar cerca de 200 ó 300 familias que han llegado a cuatro o cinco generaciones. El circo en México ha mantenido un conocimiento artístico por generaciones, en familia, algo que no sucede con el teatro o la danza”, dice Revolledo Cárdenas, quien por décadas se ha dedicado a documentar la historia del circo en el país.
Para el autor de los libros “La fabulosa historia del circo en México” y “El siglo de oro del circo en México”, las medidas sobre la prohibición de los animales en los circos significa “acabar con la historia y la cultura”. “Es algo totalmente ahistórico porque rompe con una tradición que desde hace siglos se ha manifestado de esa manera. La prohibición de animales mata al circo clásico, ese circo que vive, que sobrepasa a lo largo de los años gracias a los payasos, acróbatas y a los animales, que es el elemento más importante”.
El especialista recuerda que la tradición circense como la conocemos ahora en México, con una pista circular bajo una carpa, arribó aproximadamente hace 200 años de Inglaterra, cuando en 1808 llegó el inglés Philip Lailson -considerado el “Padre del circo” en nuestro país- con su espectáculo “Real Circo de Equitación”, donde además de sus ejercicios ecuestres, que se presentaban por primera vez entre los novohispanos, mostró a un mono vestido de general francés, una forma de ridiculizar al ejército que en esa época invadía a España.
El problema que enfrenta el circo, comenta el director de la licenciatura en Artes Circenses de la Universidad Mesoamericana de Puebla, radica en que a pesar de que en México la tradición circense ha existido por más de dos siglos y ha sido un referente para América Latina, nunca se le dio un status académico ni ha sido reconocido como un género artístico, a pesar de que es una disciplina que agrupa diferentes expresiones como la música, el teatro y la danza.
“Al Estado nunca le importó el circo, a pesar de la tradición que creó en el pueblo y de que dio a grandes artistas en el mundo, entre domadores, equilibristas y acróbatas. Los mexicanos fueron considerados, desde 1920 con el primer hombre que logró el triple salto mortal en el aire, como los mejores trapecistas en el mundo”.
Además, explica, se desconoce que algunos de los actos que se practican en diversos espectáculos alrededor del mundo tienen su origen en la época prehispánica, en rituales como el xocuahpatollin, que consistía en hacer malabares con las plantas de los pies, cuya referencia iconográfica aparece en el Códice Florentino Sahagún-Troncoso. El ritual de los voladores de Papantla es otro de los aportes mexicanos a la tradición circense. “Fue una disciplina que se desarrolló en todo el mundo de manera simultánea y cada país le fue dando su toque o estilo personal”, destaca Revolledo Cárdenas.
Una historia de 125 años
De esas primeras compañías nacionales que surgieron hace más de un siglo, el Circo Atayde sigue siendo uno de los mayores referentes de la tradición circense en México y América Latina.

Esa familia, cuyo apellido se convirtió en sinónimo de circo, creó su compañía en 1879 al recorrer varias partes del país y se consolidó tras la gira que realizó por más de 20 años por Centro y Sudamérica. La familia Atayde ha sido una de las primeras en protestar contra las nuevas disposiciones legales. “Atayde Hermanos defiende la tradición, y el circo clásico moderno nació en Europa, a fines del siglo XVIII, con animales; además desde tiempos inmemoriales, el hombre y muy diversas especies zoológicas han colaborado juntos para realizar las más diversas tareas: agrícolas, de transporte, de cacería, de guerra o de compañía… ¿Por qué no habrían de hacerlo entonces para celebrar la armonía, la danza, la belleza y el espectáculo en una pista de circo? Bajo la carpa no es el humano que domina o somete al animal: más bien interactúa con él, en una forma de comunicación y de respeto, para gozo y asombro de los espectadores”, dice Federico Serrano, vocero de este circo.
Serrano, quien considera que la nueva ley es “discriminatoria” y “un atentado contra la cultura”, comenta que ante el futuro incierto de los circos y el destino de sus animales, la única esperanza de los cirqueros es obtener un amparo constitucional, que buscarán promover próximamente.
A la salida de una función, en la tradicional Carpa Astros que los Atayde tienen en Tlalpan, Emmanuel Coss, un joven ilusionista y artista del Circo Hermanos Fuentes Gasca, recuerda que la historia de los Atayde va ligada a la historia política de México, desde que sus carpas sirvieron en 1909 para hacer un mitin antireleccionista encabezado por Francisco I. Madero. “Ha sido, hoy y siempre, el escenario de la gente mexicana, lo prueban sus 125 años de historia”.

Y justo para celebrar sus 126 años de existencia, en agosto, el Circo Atayde presentará actos de acrobacia con sus elefantes, números con caballos, tigres de bengala, camellos y llamas. Tal vez su última función de esta naturaleza.
Cirqueros buscan ampararse ante la nueva ley que prohíbe actos con animales. Historiadores dicen que se trata de un atentado a la cultura circense

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