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El cine latinoamericano como acto de fe

Los Premios Fénix reúnen a siete actores de América Latina para intercambiar experiencias

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Siete actores de cinco países de América Latina. Son vidas y trayectorias distintas que se comparten en un lenguaje común, que no es el castellano sino el cine. Los Premios Fénix han reunido nuevamente a intérpretes nominados a los galardones del cine y la televisión iberoamericanos que se entregan la noche de este miércoles en Ciudad de México. “Somos gente que utiliza los privilegios para el bien común”, afirmó conciliadora la actriz Ursula Pruneda, en una acalorada charla que debatió las ayudas gubernamentales, los estilos de actuación y el legado de los histriones que ayudan a dar forma a los relatos de la región.

“No me identifico con los actores: ellos actúan y yo siento en carne viva”, provocó nada más arrancar la argentina Sofía Gala (Buenos Aires, 1987), quien ganó el premio a mejor actriz el año pasado en el Festival de San Sebastián por Alanis. En la cinta interpreta a una prostituta que queda a la deriva después de ser desalojada del apartamento en el que trabaja en un retrato del limbo legal en el que viven las sexo servidoras de Argentina. “Todo es verdad para mí, nos sobrepasó la realidad. A mí me pasó todo lo que pasó a Alanis… Es difícil actuar la marginalidad para después ir al motor home”, agregó Gala, quien actuó junto a su bebé en una experiencia que califica como “fuerte, rara y hermosa”.

No todos comparten esa aproximación tan pasional. “Es irrelevante para una película si la historia es real o no. A la gente no le importa si en el rodaje hizo frío o si llovió”, aportó Gael García Bernal (Guadalajara, 1978), quien está nominado en la categoría a mejor actor por Museo, que recrea el golpe de dos adolescentes al museo nacional de Antropología la Navidad de 1985. “Un actor siempre está manipulando, hay un punto de vista. Hay una elección de lo que sale y, sobre todo, de lo que no sale en la película”.

Antonella Costa (Roma, 1980) compartió con sinceridad su experiencia en la preparación del protagónico de Dry Martina, una comedia del chileno Che Sandoval. El director le dijo que había escrito el personaje para ella, pero cuando tuvo el libreto en sus manos se encontró una cantante ninfómana en la que le costó reconocerse. “Fue muy difícil porque no sabía muy bien lo que hacía. Sin mucha idea me entregué al viaje que fue el rodaje, que fue muy divertido”. Sin embargo, los más de 1.000 integrantes de Cinema 23 han respaldado su interpretación con una nominación en la categoría.

A esta exploración en lo desconocido también se adentró Rodrigo Santoro (Petrópolis, 1975). El brasileño eligió participar en el primer largometraje de los hermanos Sebastián y Rodrigo Barriuso por el enorme reto que le significaba encarnar a un profesor cubano de literatura rusa que se convierte en traductor de los enfermos del desastre nuclear de Chernóbil que se trataron en Cuba en 1986. “Fue un reto absurdo, hablar ruso y español como cubano. Tenía que probar que podía hacerlo”.

El futuro del cine en la región

El provenir es incierto para la industria en buena parte de los países de latinoamericanos. Las medidas de austeridad, combinadas con el avance de los gobiernos de derechas, ponen en jaque el desarrollo del cine en la región. Esta fue una de las preocupaciones compartidas en la charla. Buena parte de los actores reconocieron que el arte depende de las ayudas gubernamentales, sobre las que penden siempre la amenaza de los recortes.

“Todos están asustados porque no sabemos bien qué es lo que está sucediendo. Matar la cultura es una de las formas más violentas de imposición”, afirmó Karine Teles, nominada por Benzinho. La actriz brasileña describió el estupor que muchos en el sector cultural viven tras el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien ha encontrado en los cineastas a unos férreos opositores.

Algo similar pasa con las argentinas Gala y Costa, quienes advierten de cómo la crisis podría lastrar los resultados que ha logrado el cine nacional, que en 2017 logró su año con más estrenos.

“Antes no estábamos mejor”, advirtió Gael García Bernal. “Antes no había mecanismos para hacer el cine que hacemos hoy”. El actor mexicano también se atrevió a hacer un diagnóstico. “En América Latina los cineastas no tienen la obsesión por el dinero. Hacemos cine como un acto de fe, como una apuesta por generar un universo y una experiencia donde ojalá lleguemos a trascender. Y allí radica una utopía”.

Fuente: EL PAÍS

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