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El 4/8 de Líbano, como un sismo de 3.3 y daños por 5 mil millones de dólares

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).– La potencia de las dos explosiones provocadas por la detonación de 2 mil 750 toneladas de nitrato de amonio almacenado en un depósito sin custodia desde 2014 fue registrada por los sensores del Instituto Geológico de Estados Unidos (USGS) como un terremoto de 3.3 de magnitud.

Incluso, SkyAlert, el sistema de alerta sismológica mexicana, reportó: “Tan violenta fue la explosión que fue registrada por un sismómetro en Israel, a más de 70 km. Equivalente a un sismo de magnitud 4.0”.

Las denotaciones fueron registradas por el Sistema Internacional de Vigilancia (SIV) de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (OTPCE), que es una red mundial de instalaciones de monitoreo sismológico, hidro acústico e infrasónica.

La catástrofe ha arrojado, hasta el momento, más de cien muertos, arriba de 300 mil personas sin hogar, autos calcinados, contenedores retorcidos, edificios destruidos, hospitales derribados, barrios enteros devastados. Prácticamente la mitad de Beirut está destruida.

Las imágenes y los videos tomados por los testigos han sido comparados con una zona de guerra. La onda de choque se resintió en la isla de Chipre, a más de 200 kilómetros de distancia.

El gobierno de Líbano declaró estado de emergencia por las próximas dos semanas en Beirut. Autoridades pidieron al Ejército que ponga en arresto domiciliario a los responsables de almacenar el nitrato de amonio que provocó la explosión, de acuerdo con Agence France-Presse (AFP).

Durante la madrugada del 5 de agosto, con ayuda de guardias de seguridad, han buscado a sobrevivientes o muertos bajo los escombros.

Líbano, un país en crisis

La desgracia por la explosión se sumó a otras tres crisis recrudecidas desde principios de 2020: la sanitaria por el covid-19, la económica y la social.

Por cada 400 mil libaneses, hay 480 mil refugiados, situación que no se presenta en ningún otro lugar del mundo, de acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

La respuesta de los refugiados a la pandemia ha sido: “Tenemos hambre y no hay recursos”, de acuerdo con el jefe de la oficina de ACNUR en Líbano, Josep Zapater, la prioridad ante el covid-19 era “poder poner un plato sobre la mesa todos los días para los niños”.

Hasta el momento hay 910 mil 256 originarios de Siria, 13 mil 502 de Irak, 2 mil 301 de Sudán, 2 mil 203 de otros países. El 54% vive en zonas urbanas, el 46% en chabolas de madera o plástico en alguno de los 3 mil 400 campos o asentamientos informales, señaló la ACNUR.

Las familias son, en promedio, de seis personas que viven en una tienda donde no existe ni medio metro de distancia entre una y otra, lo cual ha hecho muy difícil mantener las medidas de higiene y de distanciamiento social.

La situación se complicó con la pandemia porque el país que ya atravesaba una recesión económica ahora está cercana a la hambruna; el desempleo se ha disparado y la pobreza se ha agudizado.

Apenas el 1 de julio, la Agencia EFE informó que la ministra del Interior de Líbano, Raya Haffar El-Hassan, había anunciado el levantamiento del toque de queda impuesto desde el 26 de marzo para evitar la propagación del SARS-CoV2 causante del covid-19.

Ese día reabrió el único aeropuerto del país, permitieron que el sector privado y el público pudieran operar en sus horarios habituales, tomando en consideración las medidas sanitarias para evitar contagios, como usar cubrebocas y mantener la distancia de seguridad.

Líbano tenía registrados 6 millones de habitantes. El primer caso de covid-19 se reportó el 21 de febrero de 2020 y es uno de los países con las cifras más bajas. Hasta el momento reporta 5 mil 62 casos confirmados y 65 muertes.

El covid-19 y las explosiones tienen a los hospitales más que saturados, hacinados.

La Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (OTPCEN) está analizando los datos de la explosión, según confirmó a EFE la portavoz de este organismo del sistema de la ONU, Viena Gill, desde su sede en Viena, Austria.

Hassan Diab, primer ministro de Líbano, ha pedido ayuda a todos los países “amigos” porque están lidiando con una “auténtica catástrofe” que ha dejado en ruinas a la ciudad.

El llamado fue escuchado. La ministra de Cooperación y Desarrollo de Holanda, Sigrid Kaag, confirmó el envío de 67 trabajadores médicos y enfermeros expertos en la búsqueda de supervivientes.

Militares franceses de la Fuerza de Paz de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) enviaron dos aeronaves con 55 personas, 15 toneladas de material y una unidad móvil para atender a 500 heridos a Beirut.

Rusia anunció el envío de cinco aviones con médicos, rescatistas y equipos sanitarios que usarán medidas de protección contra el covid-19 y puso a disposición un laboratorio móvil para hacer pruebas en el sitio.

La República Checa envió un equipo de 37 especialistas de su unidad de rescate y rastreo urbano; USAR y Grecia mandó un primer avión de la Unidad Especial de Desastres, EMAK, incluyendo 12 rescatistas, un perro rastreador, dos vehículos y equipamiento.

La Unión Europea se declaró preparada para brindar ayuda al país mediante el alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

El Papa Francisco llamó a la comunidad internacional a ayudar a este país a superar esta crisis.

“Fue un verdadero infierno”

Las agencias internacionales han recabado devastadores testimonios de personas que sobrevivieron a las explosiones, como Esmilce Riveros, una paraguaya residente en Líbano desde hace 21 años:

“El estruendo fue tan fuerte que el impacto fue horrible, fue un susto, se sintió hasta Chipre. Hay mucha tristeza en la población. Muchas madres siguen buscando a sus hijos o hermanos”, dijo a Radio Monumental 108 AM, de Paraguay.

Otro testimonio recogido por las agencias fue el de una mujer que corría buscando a su hermano Jad, una más busca a su hermano al otro lado.

“Fue un verdadero infierno, algo me golpeó la cabeza y todo comenzó a volar a mi alrededor”, contó Elie Zakaria, habitante del barrio Mar Mikhail, en el puerto.

Unos bomberos se desesperaban buscando a sus colegas que intentaban apagar el incendio provocado por la primera explosión, minutos antes de la masiva y expansiva de nitrato de amonio. Buscan sobrevivientes o cuerpos debajo de los escombros.

Guardias de seguridad llevaban el cadáver de un compañero caído. Muestran su foto del día de su boda a los periodistas. “¿Qué estás grabando? ¡Hay cuerpos hechos pedazos por todas partes!”, reclamó otro testigo. Se refirió, quizá, a los sirios y egipcios de la tripulación que había legado al puerto ese martes o al barco ucraniano que transportaba trigo a Siria.

“Hace seis meses que esperamos el momento de nuestro regreso a Siria. Somos trece jóvenes, siete resultaron heridos”, narró uno. Otro habla sobre los daños al buque “Mero Star” que se está hundiendo, aunque todavía hay heridos de gravedad a bordo, de acuerdo con AFP.

Un hombre herido camina en la escena de la explosión que golpeó el puerto marítimo, en Beirut, Líbano, el martes 4 de agosto de 2020. Foto AP / Hussein Malla
Un hombre herido camina en la escena de la explosión que golpeó el puerto marítimo, en Beirut, Líbano, el martes 4 de agosto de 2020. (Foto AP / Hussein Malla)

El 4/8 de Líbano

El Primer Ministro de Líbano, Hassan Diab, ha comparado el desastre causado por las explosiones del 4 de agosto en el puerto de Beirut, en Líbano, con el ocurrido por la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, del 6 al 9 de agosto de 1945.

Citado por AFP, el gobernador de Beirut, Marwan Aboud, ha calculado que los daños podrían alcanzar los 5 mil millones de dólares.

“Nuestros equipos todavía están llevando a cabo operaciones de búsqueda y rescate en las áreas circundantes”, informó la Cruz Roja Internacional.

Tras las detonaciones, en un mensaje televisado, Diab prometió que “esta catástrofe no pasará sin responsabilidades” y advirtió a los autores de las explosiones: “van a pagar el precio. Esta es una promesa a los mártires y a los heridos. Se harán públicos los hechos respecto al peligroso almacén que existía desde 2014”.

El nitrato de amonio es una sustancia salina soluble en agua. Contiene grandes cantidades de nitrógeno, lo cual lo vuelve explosivo. Fue usado en municiones durante la Segunda Guerra Mundial, pero después se mermó su uso, hasta la década de los 80 y 90 cuando fue usado por el grupo terrorista Hezbolá para atentados.

Varios Cascos Azules de la misión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a bordo de un barco atracado en el puerto resultaron heridos de gravedad.

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