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Designan Patrimonio Mundial la ciudad maya de Calakmul en Campeche

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La zona arqueológica de Calakmul y los bosques tropicales protegidos adyacentes fueron inscritos ayer como Bien Mixto -cultural y natural- en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. Es el primer sitio mexicano en recibir esta categoría, que reconoce su alto valor universal.

En su cuenta de Twitter, el presidente Enrique Peña Nieto celebró la inclusión de Calakmul en la lista de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. “Hoy la @UNESCO incorporó el Área Natural Protegida de Calakmul, en Campeche, al Patrimonio Natural de la Humanidad”.

La decisión de inscribir a la zona arqueológica y los bosques adyacentes se tomó durante su XXXVIII sesión de la Unesco, que se celebra en Doha (Catar). En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) señaló que se trata del primer bien mixto mexicano inscrito en esta categoría por el organismo internacional.

De esta manera, el área protegida de Calakmul se amplía a 331,397 hectáreas, donde se ubican 38 centros arquitectónicos mayas, entre los cuales hay 12 de gran relevancia: Calakmul, Altamira, Balakbal, Champerico, Dos Aguadas, El Gallinero, El Zacatal, La Muñeca, Los Hornos, Oxpemul, Uxul y Yaxnohcah; 9 centros medianos: Candzibaantún, Cheyokolnah, Chicaanticaanal, El Laberinto, Las Delicias, Las Tuchas Bravas, Los Tambores, Olvidado y Pared de los Reyes; 6 centros menores: Buenfil, Chanarturo, El Chismito, La Retranca, Los Escalones y Marihuana; y 11 sitios pequeños: Aguada Laberinto, Aguas Amargas, Cerros de Yeso, Chilar, Chumbec, Dos Caobas, El Cerrón, Naachtún Noroeste, Piedra Rota, Puerto México y Villahermosa.

Además, la zona también incluye un mosaico de comunidades de bosque tropical con redes ecológicas y tróficas complejas, por lo que, indicó el INAH, “en su conjunto, el bien inscrito constituye un excepcional paisaje cultural y natural, ya que conserva vestigios en gran medida intactos del desarrollo relativamente temprano de una espléndida civilización dentro de un entorno hostil en la selva tropical”.

El área inscrita también contempla los restos de asentamientos, los caminos (sacbeob) que comunicaban los centros arquitectónicos al interior y al exterior, los sistemas de defensa, las canteras, las características de manejo del agua (como embalses y aguadas, modificados artificialmente o estanques de agua), las terrazas agrícolas, así como otras modificaciones del terreno relacionadas con las estrategias de subsistencia.

La inclusión se suma a las 31 anteriores: 26 en la categoría de patrimonio cultural, 5 en la categoría de patrimonio natural, y uno en la categoría de Bien Mixto, con lo cual México es el país con más bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial en América. En 2002 se inscribió a la Antigua Ciudad de Calakmul como un bien cultural.

EL PROCESO. Durante la sesiones de trabajo, los 21 Estados Partes del Comité del Patrimonio Mundial discutieron los temas de las nuevas nominaciones y el caso de México. Para esto, los integrantes del comité de la Unesco se reunieron con representantes del INAH, la Conanp y la SRE, donde se presentó el trabajo realizado desde 1999 para la conservación de Calakmul y sus bosques, cuyo fin era inscribir candidatura. En estas pláticas el comité de la Unesco, tras conocer los datos, dio su apoyo casi unánime.

EL LUGAR. La zona inscrita en la Unesco se ubica en la parte sur de la Reserva de la Biosfera de Calakmul y es la segunda mayor extensión de bosques tropicales en América y la mejor conservada de la región, con un total de 723,000 hectáreas.

“Con esta inscripción se amplia extensión protegida de 3,000 a 331,397 hectáreas”, indicó el INAH. Explicó que esta zona arqueológica y natural contiene información “de vital importancia para la comprensión de la cultura maya y su evolución”.

La institución precisó que el área fue el entorno donde creció la civilización maya, “una sociedad extraordinaria que llegó a un abrupto final en las postrimerías del periodo Clásico (siglos IX y X d.C.)”.

A partir de ese tiempo, agregó, el lugar está prácticamente deshabitado, a excepción de una intervención contemporánea limitada a la explotación de madera y savia del chicle en el siglo XX, “lo que garantiza los criterios de autenticidad e integridad”.

Por lo anterior, añadió, el sitio representa “un testimonio excepcional de una civilización de larga vida que ofrece una posibilidad única para comprender tanto los fundamentos de su florecimiento como las causas de su colapso”.

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