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De Poder a Poder

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El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar. –Sun Tzu.

Ante la crisis de credibilidad política que aqueja al sistema político mexicano, los partidos políticos más importantes del país entraron en proceso de cambio de sus dirigencias nacionales, unos por la conclusión de sus periodos, otros por conveniencia y los menos casi por urgencia. El PAN echó a pelear sus gallos, el rebelde contra el continuista. Mientras que el PRI arrojó una estrategia de incertidumbre y expectativa en los medios de comunicación. El PRD se vio obligado a renunciar a su líder. Y por su parte Morena aplicó la clásica estrategia del “estás que te vas y te vas y no te has ido”.

No obstante, los dos principales partidos de México, el PRI y el PAN empataron sus procesos de cambio de dirigencia y con diferencia de un día anunciaron a sus nuevos líderes. En lo que al proceso se refiere, el PAN optó  por la clásica democrática, es decir, enfrentar a dos candidatos en una elección interna de partido. Por otro lado el PRI optó por su ya clásica vía mitificada desde 1994, el famoso “candidato de unidad”.

El PAN abrió su proceso interno en el cual dos candidatos se inscribieron, el joven Ricardo Anaya y el experimentado orador Javier Corral. La corriente de Corral representaba la añoranza de volver al PAN rebelde, de choque y de oposición contundente, mientras que Anaya representaba la corriente del continuismo de Madero, la oposición condescendiente, de prácticas antidemocráticas y comúnmente conocidos como los de la doble moral.

El PRI cocinaba un coctel de nombres y filtraciones bien pensadas para opacar el proceso del PAN y hacer de los rumores priístas nota nacional. Primero lanzaron el nombre de Martínez y Martínez, lo que representaba el regreso del PRI antimadrazo y los posibles cambios en el gabinete del Presidente Peña; lo que generaba mayor especulación. Luego tras la visita del Presidente Peña al CEN del PRI y su discurso dirigido al recambio generacional del PRI, los analistas políticos comenzaron a elucubrar la posible llegada de Aurelio Nuño al CEN; cuya llegada representaba mantener la línea mexiquense e itamista que al Presidente ha caracterizado. Sin embargo la verdadera sorpresa estaba por llegar.

El panismo oficial (el de Madero) comenzó a operar con viejas prácticas antidemocráticas por todo el país para favorecer a Ricardo Anaya. A su vez, Javier Corral comenzaba una batalla que de principio se veía perdida, pues los nuevos panistas estaban más acostumbrados a ver las prácticas y discursos incendiarios de Corral en la oposición obradorista que en su partido; pues su corta memoria no les permite recordar las estrategias de choque que empleaba Fox o el mismísimo Clouthier. El virtual triunfo de Anaya era más que evidente, lo cual permitía margen de maniobra al PRI.

Para la opinión pública posible la llegada de Aurelio Nuño y Ricardo Anaya a la dirigencia de sus respectivos partidos, representaba el famoso recambio generacional, no obstante una lucha en desventaja para Aurelio cuya experiencia partidista aparentemente nula dejaba una ventana de oportunidad para un joven pero experimentado hombre de partido como lo  es Ricardo Anaya. Fue en ese momento en que la experiencia política del “as bajo la manga” priísta salió a relucir, pues contra todo pronóstico el Presidente Peña cedió por primera vez el poder con otro grupo y, se permitió la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la presidencia del CEN del PRI; pero con Carolina Monroy del Mazo como secretaria general.

Anaya y Betrones tomaron por asalto sus respectivas presidencias. La ilusión de algunos de ver operar a dos dirigentes jóvenes (Anaya y Nuño) se desmoronó, y la ilusión de muchos otros de ver a dos políticos experimentados (Beltrones y Corral) operar también quedó en el olvido. El movimiento del PRI fue efectuado con maestría, a un joven Ricardo Anaya le tocará enfrentarse a un experimentado viejo lobo de mar como Manlio Fabio Betrones. Ambos se conocen e inclusive Anaya permaneció, como diputado, subordinado a Beltrones.

Apenas a un par de días en el cargo llegó la primer prueba para ambos presidentes, el nombrar a un coordinador legislativo. Por un lado Beltrones dio muestra de maestría diplomática al darle la coordinación de los diputados del PRI al recién retirado presidente priísta César Camacho. Por otro lado Anaya rompió con el estatus quo y aparentemente traicionó a su patrocinador (Gustavo Madero) al nombrar a Marko Cortés como el coordinador de la bancada panista. El movimiento priísta manifiesta un acto de gratitud y respeto, mientras que el panista fue un golpe de autoridad para ganar legitimidad ante la retórica del derrotado Corral; aunque no debemos olvidad que Marko Cortés fue coordinador de campaña de Gustavo Madero cuando este pretendía la dirigencia del PAN, por lo que quizá no hubo ninguna traición sino un acuerdo maquiavélico.

Beltrones, el político más completo de México, hijo de la tierra de Colosio se enfrentará durante los próximos tres años a Ricardo Anaya, un joven político destacado, hijo de la tierra predilecta del Jefe Diego. La hora de la verdad llegó, de la batalla política y estratégica que empleen dichos líderes políticos dependerá en mucho el relevo del poder de la Presidencia de la República en el 2018. Dos visiones opuestas, dos formas de hacer política diferentes, dos hombres con el suficiente talento y talante para enfrentar a los hoy dos “favoritos” a la grande del 2018 AMLO y el Bronco.

Comentario a parte, a partir de esta semana los invito a seguirme en facebook buscándome por mi nombre. Un abrazo queridos lectores. (@TruGMA)

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