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Caminos del Mayab Por Martín G. Iglesias ||| La salud mental de los políticos

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Aunque todavía no existe como una disciplina de la psicología, la psiquiatría política debería de anexarse como una materia de la carrera de la licenciatura en Psicología, principalmente en las universidades del sureste del país, pues existe cada incongruencia en los políticos a la hora de gobernar, que son dignos de estudio.

En su análisis “Psiquiatría política: patologías de Estado”, Otilio Flores Corrales señala que “Los trastornos o patologías tanto de esa conciencia como de sus actos, es materia principal de una reflexión psiquiátrica en el saber que esta -la psiquiatría-, no sólo estudia problemas orgánicos y psico-fisiológicos de la mente y el cerebro, sino que centra su atención en los problemas y trastornos de ‘la conciencia’. La locura, la autenticidad, la educación, el amor, o el poder, son sólo algunos de los elementos que constituyen ‘la forma’ que adquiere el mal en nuestro tiempo”.

En estricto apego a la disciplina, los exabruptos de los gobernantes cae en la clasificación de la psiquiatría política. Muchos políticos padecen “problemas mentales”, pero a veces no son conscientes de ello. Por este motivo, es importante conocer los principales síntomas por los que se recomienda visitar al médico especialista en Psiquiatría. Estos síntomas pueden ir solos o existir varios al mismo tiempo.

Solo para ilustrar, están los casos de los presidentes municipales que están a punto de dejar el cargo, diputados que minutos después de asumir su cargo, cambiaron su estilo de vidas, manera de hablar y hasta a sus amistades; y qué decir de algunos secretarios de gobierno.

Uno de los síntomas para que un político visite al psiquiatra, es cuando existe un cambio de conducta, pues en campaña fue todo amor y ahora que ya consiguió el cargo ni se acuerda de los que la o lo apoyaron; falta a sus compromisos, traiciona a sus amigos. Pero lo más grave es que deja ser y deja pasar, sin importar las consecuencias de los actos de sus colaboradores. Este ejemplo lo tenemos en la figura de la presidenta municipal de Cozumel, Perla Tun Pech.

Una señal más para que un político sea atendido por un psiquiatra, es cuando éste tenga cambios de estado de ánimo, que les sucede muy seguido a los presidentes municipales, diputados 8locales y federales), senadores, gobernadores, magistrados, encargados de despachos y todos aquellos que sienten tener un poco de poder sobre otras personas. Le gritan, humillan y maltratan al subordinado o subordinada; se creen con todo el derecho de ser distinguidos o atendidos de manera inmediata. Nos faltaría espacio para colocar los ejemplos de esta patología psicológica.

Ni se diga sobre la necedad de ir al psiquiatra por las ideas extrañas que tienen algunos políticos, por la conducta paranoica que presentan algunos; otros presentan problemas con los hábitos sexuales, que hasta se atreven a exhibirse por las redes sociales, aunado a las ambivalencias, problemas de identidad sexual o la sexualidad no bien definida pueden causar mucha ansiedad y angustia, ya que la homosexualidad sigue sin ser aceptada en algunos entornos sociales y esto genera miedo al rechazo o a la discriminación como políticos.

Por último, los políticos deberían ir al psiquiatra cuando se tenga adicción. La adicción también es un claro síntoma de tener un problema mental, ya que significa que la persona tiene una dependencia tan fuerte que no puede dejar de consumir un producto. Las adicciones más comunes son al alcohol, a drogas, al juego, entre otros.

SASCAB

La diputada Candelaria Ayuso Achach presentó una iniciativa de reformas a los artículos 194, 194-Bis, 195-Sexties y 195-Septies del título cuarto “Delitos contra Libre Desarrollo de la Personalidad” y “Delitos contra la Sociedad” del Código Penal para el Estado Libre y Soberano de Quintana Roo. Lo que se busca es sancionar a las personas hasta con cinco años de prisión que difundan sin el consentimiento de las otra persona imágenes, textos o grabaciones de voz o audiovisuales de contenido erótico, sexual o pornográfico de aquella y las revele, publique, difunda o exhiba, a través de mensajes telefónicos, publicaciones en redes sociales, correo electrónico o por cualquier otro medio.

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