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Bravo Perro! Fitness: el primer gimnasio para perros en México

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Es indiscutible: ejercitarse es saludable. Y, regularmente, pensar en ejercicio es pensar en tenis para correr, pesas para cargar o ligas para estirar. Pero nadie piensa en perros ejercitándose. O, casi nadie… Darwin Angulo lo hizo. Es veterinario egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), adiestrador profesional y fundador de Bravo Perro! Fitness, el primer gimnasio para perros en el país.
“Alguna vez, siendo estudiante, un veterinario con el que trabajaba me pidió que le acompañara a hacer una revisión de perros de un campo de entrenamiento, para ese entonces, el mejor. Cuando llegué, vi un lugar en absoluto orden, muy bien cuidado, y vi cómo daban órdenes a los perros y ellos las seguían. Les daban señales con las manos, y ellos lo hacían. De pronto encontré lo que me gustaba en la vida. Desde entonces decidí dedicarme a ello”, platica Angulo.
Después de haber sido adiestrador de perros policía en Estados Unidos y Holanda, Angulo decidió fundar Bravo Perro!, un espacio en que los canes pueden correr, hacer ejercicio en una pequeña piscina, ser adiestrados en olfato o para realizar trucos y practicar pilates, “karate”, acudir al veterinario, guardería y hasta la estética.
“En el gimnasio los perros pueden correr o moverse bajo el agua o brincar obstáculos y pasan algunos túneles en un circuito de agility. También tenemos caminadoras de banda y tipo ratoneras. Pero aquí no sólo se ejercita física sino también mentalmente: en su momento aprendí a adiestrar perros detectores de drogas. Ahora, en el gimnasio, se puede enseñar a que un perro emplee su nariz en algo, como unas llaves, un control remoto, o algo parecido, de modo que pueda ejercitarse mentalmente porque está pensando el camino más corto para llegar a lo que se le escondió y, de paso, ayudarte un poco.
“Cuando un perro emplea su olfato su mente trabaja con más velocidad porque procura absorber cada molécula de la habitación para encontrar el olor que representa lo que le enseñaron, y todo para obtener su premio: un bocadillo, un juguete, o alguna otra forma de recompensa”, explica Angulo.
Darwin trabaja en adiestramiento canino con un método conocido como condicionamiento operante mediante refuerzo positivo, mismo que aprendió en Estados Unidos y trajo hace algunos años a México. “Este método, implica enseñar a base de premios: premias lo correcto, ignoras lo incorrecto. Así que el perro comienza a hacer aquello que se recompensa y cuando ve que eso que hace mal no tiene ninguna consecuencia, simplemente deja de repetirlo”, señala.
Para el adiestrador, entrenar es hacer comprender a un perro cuáles son las conductas deseadas de una forma que no se le frustre o provoque confusión y, además, imponiendo límites de forma clara: “No debe haber agresión, sino claridad. Los perros hablan otro idioma, no entienden a golpes, ni a gritos, ni con amenazas. Ciertamente hay que poner límites y corregirlos, pero eso no debe implicar una agresión.
“Constantemente solemos encontrar dueños que procuran ‘corregir’ a sus perros negándoles todo: no corras, no muerdas, no te subas… en fin… Pero el perro eso no lo entiende, muchas veces ni siquiera se trata de una comunicación verbal sino de actitudes [del dueño], premios en los momentos adecuados y freno de comportamientos, que es un equivalente de corregir, pero la corrección no debe implicar alguna forma de maltrato. Es como cuando uno corrige a su hijo”, sostiene.
“Así que es maravilloso que, cuando adiestro un perro me entienda: es como si me dijera: ‘Sí, lo voy a hacer, te entiendo: ¡no soy tonto, soy perro!’, entonces el perro, el dueño y yo terminamos contentos”.

Evidentemente el dueño de un perro se verá beneficiado cuando éste aprenda a dejar de repetir conductas indeseadas, pero eso, en el caso específico del adiestramiento. En el caso del ejercicio físico, Angulo explica que mantener a un perro ejercitado no sólo traerá beneficios a la mascota, sino también a su dueño: “un perro ejercitado (cansado) es un perro bien portado. Debido a que la actividad que realice será una terapia ocupacional será un perro menos travieso: no estará masticando cosas, no rascará el jardín, dejará de comerse los muebles, etcétera. Además, como ya se encuentra agotado después del ejercicio lo que querrá será descansar, y convivirá más con su dueño”.
“Todo esto es parte de mi trabajo –señala Angulo–, es esto de explicarle a la gente: ‘oiga: los perros hablan otro idioma’. Me gusta mucho ver que un perro me entienda, que al haber una buena comunicación termine contento y, más aún, que el dueño reconozca mi labor. Soy un apasionado de lo que hago”, concluye.

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