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Brasil busca “su propia Cancún” tras disparar el sargazo a México

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, de donde procede el sargazo que inunda las playas de Cancún y Riviera Maya, pretende construir un complejo turístico en un parque natural al sur de Río de Janeiro en  la costa de Angra y Paraty, una zona que la Unesco acaba de declarar Patrimonio de la Humanidad.

Esta reserva está formada por 29 islas e islotes de altísimo valor ecológico y gran belleza: rocas coronadas de cocoteros, calas de arena blanca y un agua verde esmeralda que refleja la selva de las montañas. Un paraíso de biodiversidad al que solo pueden acceder los animales y las expediciones con fines científicos, publica El Mundo.

Se trataría de construir una “Cancún brasileña”, un enorme complejo de hoteles y torres de apartamentos en la bahía de Angra dos Reis. Bolsonaro ha expresado repetidamente su intención de acabar por decreto con el parque natural Estação Tamoios para permitir el desarrollo turístico de la zona.

De hecho asegura, que hay empresarios de los Emiratos Árabes, Japón e Israel dispuestos a invertir “miles de millones” para construir en la zona. “Bolsonaro quiere una ‘Cancún brasileña’, pero se olvida de que toda la belleza es gracias a los niveles de protección del medio ambiente que tenemos. Sin eso, este paisaje se habría acabado hace tiempo”, asegura João Luiz Victal, un biólogo marino que trabaja en la reserva desde antes de su fundación, en los años 90.

En medio de la polémica, la Unesco declaró el pasado mes de junio la bahía de Angra dos Reis, Isla Grande y Paraty, Patrimonio de la Humanidad, destacándola como “un ejemplo excepcional de uso de la tierra y el mar y de interacción humana con el medio ambiente”.

“El título de la Unesco es valiosísimo, pero el presidente ignora cualquier ley, no obedece a nadie, es vengativo y gobierna con el odio”, afirma Ivan Marcelo Neves, uno de los activistas veteranos en la zona y miembro del Instituto Socioambiental de la Bahía de Isla Grande. A pesar de la desconfianza, espera que el reconocimiento internacional sirva como herramienta de presión contra los planes desarrollistas.

El parque de Tamoios ocupa apenas el 5% del total de la bahía de Angra, donde sí hay hoteles y un turismo sostenible que el año pasado atrajo más de 1,6 millones de turistas. Desde el Ayuntamiento de Angra quieren creer que Bolsonaro en realidad se refiere a flexibilizar las leyes ambientales, no tanto a llenar de hormigón esta franja de costa casi virgen.

“La gente de aquí, el poder público y los empresarios, no queremos una Cancún en Angra, queremos generación de empleo y calidad de vida pero sabiendo que nuestro principal producto es el medio ambiente”, dice el responsable de Turismo de esta localidad, João Wylly Seixas, precisando que sí que habría que revisar las leyes para ponérselo más fácil a los inversores que tienen una visión más ‘ecofriendly’, según el citado medio.

A pesar de la controversia generada, Bolsonaro ha respondido que “la cuestión ambiental sólo preocupa a los veganos que comen verduras” y que si quisiera hacer “una maldad” podría ir a la bahía de Angra una noche o un fin de semana y cometer un crimen ambiental sin ser multado.

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