La facultad de reformar está confiada al Congreso de la Unión, actuando las cámaras que lo integran en forma separada y sucesiva. Se requiere el voto aprobatorio de cuando menos las dos terceras partes de los legisladores presentes. Hecho lo anterior, el proyecto pasa a las legislaturas de las entidades para su aprobación; es necesaria la anuencia de la mayoría de ellas. El cómputo de los votos de éstas lo hace el propio Congreso de la Unión o la Comisión Permanente.

El procedimiento para hacer las reformas lo prevén, preferentemente, los ­artículos 71, 72 y 135 constitucionales, la Ley Orgánica del Congreso, el Reglamento para el Gobierno Interior del Congreso, los usos y prácticas parlamentarios. Es una forma en que se manifiesta el proceso legislativo, sólo que en este caso se refuerza con la exigencia de una mayoría calificada y la intervención de los congresos locales.

No existe un supremo poder nacional, un constituyente, ni un constituyente permanente, como lo sostienen algunos doctrinarios.

La costumbre de reformar la Constitución política es como el danzón: nunca pasa de moda. Esto es cierto. La moda de hacerlo ya casi lleva 100 años. No hay gobierno –revolucionario, capitalista, de derecha o de izquierda– que resista la tentación de hacerlo. Las administraciones panistas, durante el tiempo en que tuvieron la titularidad de Poder Ejecutivo, que fueron 12 largos años, agregaron al texto fundamental, entre articulado principal y transitorio, más de seis metros cuadrados. Esa suma se obtiene de medir las páginas del Diario Oficial de la Federación en los que fueron publicadas las reformas. Hicieron 141 reformas. El récord lo tiene Peña Nieto: 154.

El gobierno de la Cuarta Transformación (4T), a como va, amenaza con romper todos los récords. Nadie le gana. En seis meses ha superado la actividad de los panistas y priistas en ese mismo lapso. Pudieran terminar el sexenio, si bien nos va, cubriendo una superficie equivalente a la del territorio de la Ciudad de México, medidos en páginas del Diario Oficial de la Federación. Eso, si un día de éstos no despiertan haciendo caso a la propuesta de Porfirio Muñoz Ledo, de que se elabore y expida una nueva Constitución. Al paso que van, el nuevo texto de ella pudiera ser tan extenso como lo era la Enciclopedia Británica.

En lo poco que va del actual sexenio, la 4T ya lleva en su haber varias reformas. Al parecer van a terminar el año con un índice de bateo, perdón, de reformas nada despreciable; hasta ahora llevan un promedio de casi cuatro artículos por mes. Ya reformaron los artículos 3o, frac, II, III, V, VI, IX y X, 10, 16, 19, 21, 31, 35, 36, 73, fracciones XXIII, XXV y XXIX, 76, 78 , 89, 94 y 129.

Se han aprobado por el Congreso de la Unión, y se encuentran pendientes de ser aceptadas por las legislaturas locales, reformas a los artículos 2, 4, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115. En ellas, por ignorancia o por las prisas, no se modificaron los artículos 116, 122 y 123 para introducir el principio de paridad de género en los estados, la Ciudad de México y en el trabajo.

Ya en plan de hacer tontería, también debió haber sido modificado el artículo 130 para obligar a las asociaciones llamadas iglesias a introducir el principio de paridad de género respecto de los ministros de los cultos y, con ello, disminuir los casos de pedofilia.

Hay propuestas para modificar los ­artículos 94, 108, 109, 110, 111, 112, 113 y 114, más las que se acumulen en la semana.

Tratándose de reformas, los legisladores priistas, que todavía no se reponen del susto, están dispuestos a aprobar cuantos absurdos les presenten. Ya se les olvidó que todavía hace unos meses sus adversarios, ahora en el poder, por sistema, negaban su voto o aprobación a todo lo que presentaron. Los panistas, resentidos y escaldados por la quemada que sufrieron, todavía patalean y hasta al jocoque le soplan. De vez en cuando se resisten a dar su voto.

Siguiendo con la terminología beisbolera, se puede decir que hasta la fecha el equipo de la 4T, durante los seis meses que lleva la temporada, tiene una racha de 21 hits seguidos, casi cuatro por mes; algo inusual. Lo malo de ese buen juego está en el hecho de que no se ha reflejado en la pizarra, en la producción de carreras. En todas las entradas el equipo de la 4T ha dejado hombres en base, va cero carreras, todos los partidos los ha perdido y son de subrayar los que sostuvo contra los equipos invictos de: inseguridad, desempleo, corrupción, contaminación, comunicaciones, insalubridad, desabasto, pobreza y otros. Derrotar a esos equipos fue una de las ofertas que hicieron durante la campaña política; son los triunfos que más espera la ciudadanía. Hasta ahora todo son planes y buen bateo. Y viene la fatídica séptima entrada; el séptimo mes de gobierno.

El equipo mixto lo forma un solo hombre: es mánager y tercera base; como bateador únicamente pega de hit, no le sale volarse la barda, los home runs; no tiene píchers que sirvan en el campo ni calentando el brazo en el bullpen; por no dejarlos ser, carece de cácher, primera y segunda bases, parador en corto; los jardineros, por más que quieren, no los deja ser.

El mánager no sabe dar las señales o su equipo no las entiende. Para acabarla de amolar, la primera base, en teoría, la cuida una mujer que es derecha y de baja estatura; la paradora en corto, short stop, es alta y se le pasan todas las huelgas, perdón, las rolas. Otra jugadora, por no conocer las reglas del juego, accidentalmente pegó de hit; en lugar de correr a la primera base, como era de esperarse, corrió a la tercera: atentó contra el Estado laico. Una bateadora fue dada de baja en el momento en que estaba en su turno al bat. La razón: faltó a las nuevas reglas del juego. Un jugador de plano tiró el bat; no soportó el recibir siempre instrucciones de batear de sacrificio. La integración y funcionamiento del equipo de la 4T en todo es contrario a las reglas del beisbol.

Respecto del equipo de Enrique Peña Nieto, el mánager de la 4T decía que era un “gabinete Montessori”: cada quien hacía lo que quería. El actual, salvo una que otra excepción, es un “gabinete en la sombra”, como el de los ingleses: nadie lo ha visto, no se sabe que haya entrado en funciones y tampoco se ven resultados de su supuesta actuación. Al parecer están aterrados por la hiperactividad de su jefe.

Los de la porra de la Cuarta, que aspiran a entrar como jugadores titulares, hacen su propio juego; unas veces le aplauden al contrario; otras, abuchean a los de su propio equipo.

Los adversarios tienen casi todo: pitchers abridores y cerradores, buenos bateadores; muchos de ellos con un promedio de más de 400. El equipo de la 4T no le ha metido ni una sola carrera en lo que va de la temporada. Lo que le falta son mánagers visibles.

Ojalá que a los de la 4T les alcance el tiempo siquiera para leer tantas reformas que están haciendo a la Constitución, ­porque dudo que les alcance para aplicarlas y hacerlas realidad. Estoy seguro de que algunos legisladores sí las han leído. No sé si las han entendido.

A como van, si no dan resultados, a los de la 4T pudiera pasarles lo que dice el dicho: “Se van a acabar como el tamal de feria, a pura pruebita”.