*Mientras un altísimo porcentaje de mexicanos se encuentran en desgracia, en la ignominia total, los partidos políticos se frotan las manos al haberse repartido la friolera de 5 mil 130 millones de pesos
Carlos Calzado C.
El movimiento telúrico del pasado 19 de septiembre, en principio ha puesto en acción al grueso de la sociedad en pos del rescate de los suyos. Millones de manos remueven escombros, millones de cerebros coordinan la logística del rescate y conforme pasan las horas, se suman y actúan. Otra vez, como hace 32 años, han sido los ciudadanos quienes remueven piedras, tierra, acero para buscar a los suyos; la Ciudad de México es hoy una enorme Comuna que rebasa y obliga al Estado a hacer lo que le corresponde para salir del trance espeluznante.
De estas labores, acciones improvisadas algunas de ellas, trasciende para la historia un claro mensaje de mímica, esto es, cada vez que la gente levanta el puño cerrado, la traducción es: guarden silencio. ‘El silencio es oro’, confirmado. Ocurre que para poder localizar a víctimas que aún están vivas bajo los escombros, es importante escucharles y por ello, en estas circunstancias, el silencio es oro.
Trascender las acciones ciudadanas, de ninguna manera implican denostar la participación de instituciones tan importantes como Los Topos, SEMAR, el Ejército Mexicano, el ERUM, los heroicos Bomberos, la benemérita Cruz Roja e incluso Protección Civil; lo que es un hecho, es que de forma muy similar a 1985, es la ciudadanía quien sale a las calles a trabajar.
La situación nacional es la peor en muchos años; no sólo se trata de la Ciudad de México, el estado de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala y acaso Guerrero; son también Oaxaca, Chiapas, todo el Istmo de Tehuantepec y Tabasco. La reconstrucción es un tema que hasta el momento se ha mantenido en el pronóstico reservado, pero sobre todo para los estados más pobres, contrario a Morelos donde la hidra de nombre Graco Ramírez, ha sentenciado a las víctimas de los derrumbes, principalmente en Cuernavaca y Jojutla a perecer aunque aún se encuentre con vida, pues ha determinado que la labor de rescate terminó y sigue la reconstrucción.
Es fundamental insistir: ¿qué va a pasar con la reconstrucción de Oaxaca y Chiapas? Hace 32 años, a los damnificados del terremoto en el entonces Distrito Federal se les confinó a barracas improvisadas en un terreno que hoy es la sede del Congreso de la Unión. Muchos años pasaron antes de que comenzaran a reubicarlos en nuevas vecindades y unidades habitacionales, lo cierto es que algunos se vieron beneficiados con modestas casas construidas en municipios del Edomex alejados del otrora D.F., como por ejemplo Coacalco, Ecatepec, Chicoloapan, entre otros; de ninguna manera fue una dádiva, sólo se les facilitó el acceso a créditos para financiar sus nuevas casas.
Pero muchos otros afectados, sobre todo aquéllos que habitaban en colonias como la Guerrero, Tepito, Morelos, Candelaria de los Patos, entre otras, regresaron a los mismos predios, en los cuales se derribaron por completo las viejas vecindades y se habilitaron nuevos departamentos mucho más pequeños que los lugares donde habitaban originalmente. Eso en la actual CDMX, pero hay que insistir: ¿y en Oaxaca y Chiapas?
Mientras que la ciudadanía y los profesionales de la protección ciudadana traspalean la sábana que se torna en mortaja, el interés personal aún sucumbe al empoderamiento social, pero, hasta ahora. Gentuza como Anahí, por ejemplo ya ha alistado las maletas para ir a la CDMX del brazo de Manuel Velasco Coello, gobernador de Chiapas; ambos, fervientes creyentes en la estrategia Peña Nieto-Rivera y sigue en su ansiosa promoción redes sociales, pero los veréis desfilar.
DEFINA IRONÍA
Pero de todo esto trasciende un hecho: mientras un altísimo porcentaje de mexicanos se encuentran en desgracia, en la ignominia total, lamiendo las terribles heridas de la desgracia: llorando las ausencias, a los heridos, a sus eventuales discapacidades físicas y emocionales; sin hogar, recibiendo las solidarias –aun así- dádivas, los partidos políticos y sus dirigentes se frotan las manos al haberse repartido la friolera de 5 mil 130 millones de pesos, 294 millones 827 mil 586 dólares y todo ese dinero, para operar el más ególatra, perverso y –en su enorme mayoría-, corrupto de los negocios: el proselitismo político-electoral.
Claro, habrá que sumar el incremento en los salarios de los “servidores públicos” de primer nivel federal, diputados, senadores y magistrados decretado en el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2018. Como quien dice: “me importa un carajo tu dolor, habrás de ver como pagas tus impuestos, las asignaciones presupuestales, aun así, van”.
“¿POR QUÉ NO CIERRAS EL HOCICO PARA ESCUCHAR A MIS VÍCTIMAS?”
estos momentos de tragedia que se ha sumado al dolor por los desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero; a los miles de feminicidios en todo el territorio nacional con especial dedicatoria a las mujeres mexiquenses; los más de 90 mil asesinatos durante la presente administración, los más de 40 periodistas arteramente asesinados; todo esto se acumula y no hay desgarrador grito que pueda escupir tanto dolor, pero el dinero está destinado para mantener a los narco-políticos en el poder.
Ante la desgracia, sólo discurso, oratoria, demagogia y entre tanto, enormes filas de obreros ciudadanos retiran los escombros, arañan las piedras para buscar sobrevivientes; consuelan a los suyos, les llevan agua, alimentos, les soban las heridas y los golpes.
Claro que ‘elementazos’ como Graco Ramírez y el resto de políticos ya negocian cómo lucrar con la reconstrucción, y no importa si para ello hubieran de endeudar aún más al país, pero sus 5.1 mil millones de pesos, esos no los sueltan por nada en el mundo.
Hagamos un cálculo y subamos colectivamente el puño: el valor comercial de una vivienda de interés social en México es de 245 mil pesos en promedio. ¿Sabe usted cuántas de esas casas son 5 mil 130 millones de pesos? 20 mil 938 casas… -¡Fuck!-.
Desde luego que esas casi 21 mil casas se podrían adquirir, a precio comercial tan solo con el dinero del presupuesto asignado a los partidos políticos, imagine usted gentil lector, lo que se podría lograr si se les retirara el sueldo al presidente de la República, secretarios de estado, diputados federales y locales en todo el país, regidores de todos los municipios, senadores y magistrados durante un año… Lo dejo a su reflexión y propongo el hashtag: #EstePuñodiceCállate.


