Donald Trump, el hombre que odia a los mexicanos, se convirtió esta noche en el Presidente número 45 de Estados Unidos, después de una campaña agria y llena de ataques que el republicano alimentó con una promesa: que hará pagar a México por el muro fronterizo que piensa construir en los cuatro años que dura su mandato.
Los mercados financieros de Asia, ante la perspectiva de que el multimillonario inicie una regresión en el avance del liberalismo y el comercio global, que Estados Unidos vendió durante las últimas tres décadas, abrieron con una fuerte pérdida. El peso mexicano, que de por sí ha sufrido una devaluación paulatina por una economía interna débil, se hundió en los mercados de divisas.
Trump considera que México es un país que ha llevado a la ruina a los trabajadores de Estados Unidos, y ha prometido presionar a las fábricas norteamericanas para que abandonen suelo mexicano y regresen a las ciudades y al campo estadounidense. El multimillonario cree que los años de apertura comercial entre el bloque del norte de América deben terminar porque sólo han traído desempleo para sus ciudadanos, aunque los economistas lo consideran una visión errónea que tendrá consecuencias no sólo dentro de Estados Unidos sino a todo el mundo.



