Este jueves miles de personas en Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad de Brasil, tuvieron severas dificultades para desplazarse debido a una huelga de 24 horas de los conductores, quienes demandan mayores salarios.
Según reportes de la policía, choferes inconformes atacaron a pedradas y rompieron las ventanas de por lo menos 50 autobuses que circulaban por las calles en la zona oeste de la ciudad, debido a que no se adhirieron a la huelga.
Los pocos autobuses en servicio fueron disputados por cientos de pasajeros y el metro y los trenes municipales tuvieron que adoptar medidas extraordinarias para cubrir el aumento de la demanda.
La situación, aunque sin la misma gravedad, se repitió en algunos municipios de la región metropolitana de Sao Paulo, la mayor ciudad del país, donde los conductores de 3 grandes empresas también decidieron cruzarse de brazos.
La huelga en Río de Janeiro fue aprobada de forma inesperada en una asamblea el miércoles por la noche por un grupo de disidentes del Sindicato de los Conductores y ganó una rápida adhesión.
Los conductores han rechazado un acuerdo alcanzado por el sindicato que los representa, por el que los propietarios de las empresas de autobuses concedieron un incremento del 10% -ellos piden 40%- por encima de la inflación del último año (6.5%).



