Por favor, ayudemos a localizarlo. Se llama Carlos López Valdés y es sacerdote pederasta y pornógrafo, acusado de violar a decenas de niños. Está protegido por el cardenal Norberto Rivera. Tengan Cuidado con sus hijos.
Aquí un extracto de mi libro "Prueba de fe: la red de cardenales y obispos en la pederastia clerical" en donde denuncio los crímenes sexuales de este sacerdote:
"Son seres perversos. Estos sacerdotes son asesinos, porque te matan, te roban la vida. A mí me robó los cimientos de mi vida. No he podido hablarlo con nadie. Pensaba que era mi culpa. Pero ya no me voy a callar. Fuera 14 años perdidos, tirados a la basura. ¡Es hora de hacer justicia!". El llanto quiebra la voz de Jesús Romero Colín. Tiene 24 años, y desde los 11, hasta hace tan sólo seis meses, había estado sometido a los abusos sexuales de este sacerdote católico, Carlos López Valdés.
Dice: "Ahora que me he decidido a poner un fin a todos estos abusos cometidos no sólo contra mí, empiezo a elaborar el recuento de los daños. Desde pequeño pensaba que yo tenía una misión grande o al menos eso me hicieron creer en mi familia. Confiaba en mi capacidad; los pequeños retos que tenía como niño los enfrentaba y siempre traté de ser el mejor en cualquier actividad que realizara. Tal vez, pensando que tenía que ayudar a mi familia... "
El drama de su vida inició en la parroquia San Agustín de las Cuevas, en Tlalpan, donde su madre, Doña Esperanza, vendía quesadillas afuera del templo. Todos los días la acompañaba. Católica devota, para ella el sacerdote Carlos López Valdés era un "santo" en la tierra. Lo empezó a venerar desde que llegó al templo, en 1993. Un día durante la misa, Esperanza oyó al padre Carlos decir que necesitaba acólitos. De inmediato pensó en su pequeño Jesús, que cursaba el quinto año de primaria. El niño de 11 años de edad encara perfectamente en el grupo de siete monaguillos que el sacerdote requería. Chuchito, ¿quieres ser monaguillo? le preguntó con una gran sonrisa. El niño vio el rostro lleno de esperanza de su madre, radiante por primera vez luego de mucho tiempo. No pudo negarse:
Si mamá, si te hace feliz, apúntame.




