La primera seña de segregación que sufrió Ana Laura, la joven que durante dos años fue sometida a trabajos forzados por parte de una familia en una planchaduría de Tlalpan, fue cuando las hijas de LeticiaMolinaaseguraron que a la empleada le olían los pies, pues la chica dormía en el cuarto de ellas, por lo que la enviaron a la sala.
Ana Laura fue sometida a tratos inhumanos. Hace dos años, la joven fue golpeada en la cabeza por Leticia y su hermana Fani dejando la herida abierta. La familia daría una fiesta, y Ana Laura no se había bañado y la herida olía mal.
Ese fue el pretexto para enviarla a un cuartucho y a partir de ese momento fue encadenada, primero por el cuello, pero ante el temor de un posible ahorcamiento se le encadenó después por la cintura. Desde ese momento toda la labor de la planchaduría lo realizaba Ana Laura.
La joven llegó a casa de la señora Leticia Molina Ochoa y de su esposo José de Jesús Sánchez Vera desde temprana edad.
Era una chica de la calle y les pedía trabajo. Hace siete años, Ana Laura, incluso, dormía en el cuarto de Ivette y Jannet, las hijas del matrimonio. En un principio, el trabajo de planchado se repartía más o menos de manera equitativa, pero Ana Laura regresaba a la calle y luego volvía a la casa.
En uno de sus regresos, el trabajo de planchado ya se le cargaba más a ella. La joven escapó de la planchaduría la semana pasada y denunció la situación en la que vivía.
Cuando fue llevada a la casa de Tlalpan por las autoridades narró cómo fue cortada en la oreja con unas alicatas. El castigo era porque tenía diarrea y no pudo llegar al baño por la longitud de sus cadenas.



