Mientras miles de familias celebraban con comidas, regalos y reuniones, en distintos puntos del país hubo hombres que no recibieron abrazos ni pastel. Salieron con palas, fotografías y esperanza. Son los padres buscadores: hombres que cambiaron el festejo por la búsqueda de sus hijos desaparecidos.
La imagen rompe una idea profundamente arraigada en México: la del padre proveedor, protector y presente en la mesa familiar. Para cientos de familias, esa escena dejó de existir desde el día en que uno de los suyos desapareció. Desde entonces, el calendario dejó de marcar celebraciones y comenzó a contar ausencias.
Colectivos de búsqueda recordaron que detrás del Día del Padre existe una realidad incómoda y poco visible: hombres que recorren terrenos, brechas, fosas clandestinas y oficinas gubernamentales intentando hacer el trabajo que consideran que el Estado no ha logrado resolver.
La figura del padre buscador suele aparecer menos en el espacio público que la de las madres buscadoras, pero carga el mismo desgaste físico, económico y emocional. Muchos han tenido que dejar empleos, vender patrimonio o convertir su vida cotidiana en expedientes, fichas y jornadas de campo.
El contraste de este domingo fue brutal: mientras unos soplaban velas, otros removían tierra. Mientras unos recibían felicitaciones, otros seguían esperando una llamada, una pista, una verdad.
En México, para miles de padres, el Día del Padre no fue celebración. Fue búsqueda.




Deja tu comentario