El video ya circula por todo el país: al finalizar un evento público en San Quintín, la presidenta Claudia Sheinbaum reprendió públicamente a diputadas y diputados federales y locales de Baja California, luego de que habitantes la rodearan para exigir atención, soluciones y presencia territorial.
Molesta por la distancia —literal y política— de los legisladores respecto a la gente, Sheinbaum soltó el regaño sin filtros:
“A todos ustedes… deben estar más con la gente y no allá”, dijo, señalando hacia donde los diputados se amontonaban, lejos de los reclamos ciudadanos.
El jalón de orejas no fue solo disciplinario; fue un mensaje político hacia dentro de Morena.
En plena etapa de reorganización nacional, el episodio exhibe un problema que el partido arrastra desde hace años: perfiles que llegan a cargos de elección popular no por capacidad, trayectoria o trabajo en territorio, sino por incondicionalidad. Y cuando los legisladores elegidos por lealtades internas no saben enfrentar a la ciudadanía, escenas como esta se vuelven inevitables.
Este es un momento clave para reflexionar dentro del partido en el poder:
si Morena quiere gobernar con estabilidad, necesita representantes que respondan a la gente, no solo a una estructura. Sheinbaum lo sabe, por eso el regaño fue público. Y porque fue público, también fue un aviso: la paciencia se acabó y el costo político de seguir premiando la obediencia por encima de la competencia ya está tocando la puerta.





Deja tu comentario