Ciudad de México. — En un golpe mediático y judicial, la Fiscalía Capitalina anunció la captura de Francisco “N”, alias *“El Paco”*, acusado de haber vigilado, seguido y planeado durante varios días el crimen que terminó con la vida de Ximena Guzmán y José Muñoz, dos de los más cercanos colaboradores de la jefa de Gobierno, Clara Brugada.
La investigación detalla que “El Paco” se camuflaba como trabajador de obra y vigilaba meticulosamente los movimientos de las víctimas, incluso portando un arma para ejecutar la orden. Su detención, junto con otras 12 personas, desnuda una red logística donde hubo vigilancia, filtración de horarios y apoyo en traslados para consumar el doble homicidio.
El asesinato de los colaboradores de Brugada no fue un acto improvisado, sino un mensaje brutal del crimen organizado: ejecución profesional, tiros de gracia y el uso de vehículos robados. Una operación quirúrgica que exhibe hasta qué punto los tentáculos del narcotráfico se han incrustado en la vida política y en el corazón mismo del poder capitalino.
Aunque ya hay 13 detenidos, el autor material sigue libre y los móviles permanecen bajo la sombra de la especulación: todo apunta a una venganza ligada al CJNG, tras recientes golpes de las autoridades en la Ciudad de México.
El caso sigue abierto, pero la exigencia ciudadana es clara: justicia real y protección efectiva para quienes sirven al Estado, porque mientras la política presume seguridad, sus propios colaboradores terminan ejecutados en plena capital.



