Un engaño que nos eleva es más querido que un montón de medias verdades. –Aleksandr Serguéyevich Pushkin, poeta ruso.
George Orwell decía que la doble moral significaba poder sostener dos creencias contradictorias en la mente al mismo tiempo y, aceptar ambas. En la política significa acribillar a la oposición por cometer una acción, que es alabada si es cometida por uno de los nuestros. Un simple juego de pulgares; pulgar arriba, pulgar abajo y, aunque se haga exactamente lo mismo, el de color diferente al mío está equivocado y yo en lo cierto.
Desde que tengo memoria, existe no sólo un reclamo social sino también de “expertos” en política que claman por la ciudadanización de la política. Dicen que México está cansado de los políticos, que la política debe ser ejercida por el pueblo, es decir, una burda y vulgar extracción básica de la democracia; el poder del pueblo. Estos reclamos abrieron un nuevo panorama político, un nuevo mercado y un nuevo nicho electoral, el de los ciudadanos cansados de los políticos; estos son los que votan por otros ciudadanos.
Los reclamos de una democracia que verdaderamente perteneciera al pueblo nos dejaron una reforma política electoral que permite la participación de los ciudadanos en las elecciones. También las maquinas electoreras tejieron sus redes para pescar estos votos antigobierno. Como muestra basta recordar la metamorfosis y creación de partidos con enfoque ciudadano, como la transformación de Convergencia en Movimiento Ciudadano, la creación y constitución de “Movimiento” de Regeneración Nacional como partido político, la creación del Partido Humanista y el Partido Encuentro Social. En teoría venden lo mismo, porque en el fondo están hechos de lo mismo, políticos reciclados, wannabes políticos, villamelones y uno que otro ciudadano despistado con ganas de hacerlo bien.
Pero al fin y al cabo esa es la democracia. Vivimos en un país donde a resumidas cuentas no se necesita mayor requisito que ser un ciudadano mexicano para llegar a ser presidente. Se decía que la política mexicana es un circo porque está lleno de payasos; que es una teledemocrácia porque nos quieren gobernar actrices; que es un muladar… pero no, es una democracia y ninguna profesión debe ser menospreciada. Y es ahí donde entran los dobles estándares y la doble moral. Un partido rifa sus candidaturas y es loable porque le brindó la oportunidad a un ciudadano x que habla una lengua indígena x llegar al congreso; pero otro partido postula a una actriz y todos pierden la cabeza, cuando en esencia hacen lo mismo. Repito, esto es una democracia, no una sofocracia.
México es un país que según el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa tiene un nivel educativo promedio de secundaria y; según la Encuesta Nacional de Lectura los mexicanos leemos en promedio 2.94 libros al año. En pocas palabras aplicando un poco de lógica y probabilidad, si dentro de nuestro México elegimos a un ciudadano para que nos represente políticamente, lo más probable es que tenga nivel secundaria y no haya leído más de 3 libros este año. Estas son las reglas de juego, todos podemos llegar y todos tenemos un tache para elegir. Quizá la pregunta no es si queremos a los partidos políticos o no, sino si verdaderamente los mexicanos queremos vivir en una democracia. (@TruGMA)



