Jorge González Durán.- El espíritu de la patria en la poesía. Es decir, en las palabras que crean y recrean el mundo. En las palabras fundacionales. En las imágenes que llevamos en el alma. La patria que existe y que nos duele, la patria que nos exalta; la patria lacerada; la patria que construimos en cada acto y en cada sueño; la que modelamos y remodelamos en el íntimo recinto de nuestra esperanza.
Sólo en contadas excepciones de nuestra historia la patria ha estado representada por sus hombres del poder. Pienso en Benito Juárez. Pienso en Madero. Pienso en Cárdenas. ¿Y por qué no? En Ruíz Cortínes, y en su austeridad de carne y hueso que veía pasar los días después de su mandato frente a una mesa de dominó en La Parroquia de su puerto entrañable. Y al otro Adolfo, el Joven, que sedujo al país con su sonrisa plena y su oratoria de político feliz, que terminó sus días encerrado en una habitación, peleando con los fantasmas de su corazón para calmar sus interminables jaquecas, o lo que haya sido.
Cuando leo de Nicolás Guillén, “Mi patria es dulce por fuera,
y muy amarga por dentro”, tengo que pensar en el México de estos días.
En TEMPESTAD Y CALMA EN HONOR DE MORELOS, Carlos Pellicer nos regala un poema que es una plegaria a un héroe de carne y hueso que se levantó por encima de los hombres de su tiempo para convertirse en leyenda. Pellicer escribe estos fieros versos:
“Tú fuiste una espada de Cristo, /que alguna vez, tal vez, tocó el demonio.
Gloria a ti por la tierra repartida. /Perdón a tu crueldad de mármol negro.
Gloria a ti porque hablaste tu voz diciendo América. /Perdón a tu flaqueza en el martirio.
Gloria a ti al igualar indios, negros y blancos. /Gloria a ti, mexicano y hombre continental.
Gloria a ti que empobreciste a los ricos /y te hiciste comer de los humildes,
procurador de Cristo en el Magnificat.
Pellicer le canta a ese Morelos inmortal, que en los Sentimientos de la Nación dejó este programa tan vigente hoy como hace casi 200 años:a
“Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”. La poesía y la vida.



