Donde sigue “al rojo vivo” la pugna, nos platican, es en Morelos entre el gobierno estatal y la fiscalía local, pero ahora “se llevaron entre las patas” el caso del obispo emérito de la diócesis de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza. Tras la desaparición y aparición del prelado el pasado fin de semana, nos detallan que el fiscal Uriel Carmona Gándara “jura y perjura” que se trató de un secuestro exprés, pero sin dar más detalles, mientras que el comisionado estatal de Seguridad, José Antonio Ortiz Guarneros, negó esa versión y reveló que don Salvador presuntamente entró voluntariamente a un motel con una persona, la cual posteriormente lo abandonó y que cuenta con pruebas y se suma a la opinión del secretario de Gobierno estatal, Samuel Sotelo Salgado (Morena), quien siempre puso en duda la versión de don Uriel. ¿Cuál será la verdad?
Episcopado pide evitar conjeturas en torno al caso del obispo Salvador Rangel
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) pidió a la población y a las autoridades “respetuosamente, que se eviten conjeturas y especulaciones que enrarecen el caso de forma innecesaria, tomando en cuenta la dignidad humana”, en relación con el caso del obispo emérito de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza.
Agradeció a personas, grupos e instituciones por su “genuina preocupación” por el caso y aseguró, en un comunicado firmado por su secretario general Ramón Castro Castro, también obispo de Cuernavaca, que el prelado emérito sigue internado en el hospital donde convalece desde el martes pasado.
Añadió que está siendo cuidado por su familia, que su estado de salud “es reservado” y que está siguiendo las indicaciones médicas.
Con esta afirmación, la CEM confirmó que sigue internado en el Hospital Morelos de Cuernavaca, ubicado en la capital, donde habría sido llevado desde el lunes en la noche.
Además, aseguran que “apenas tenga las condiciones de salud requeridas, el mismo señor Obispo Salvador Rangel rendirá su declaración e informará oportunamente”.
Mientras, dicen confiar “en las Instituciones y eso nos lleva a dejar en manos de las autoridades la investigación correspondiente”.
El caso comenzó con la desaparición del obispo emérito el pasado sábado 27 de abril, cuando fue el último día en ser visto en su vivienda.
Luego, al no aparecer el domingo, el lunes se presentó una denuncia de hechos ante la fiscalía. Ese mismo día fue identificado por las autoridades. El fiscal Uriel Carmona se adelantó y señaló que la primera hipótesis era que había sufrido un secuestro exprés.
Los dos días siguientes el gobernador sustituto Samuel Sotelo dijo que no había evidencia de un secuestro, mientras que este jueves, el comisionado estatal de Seguridad, José Antonio Ortiz Guarneros, abiertamente afirmó que no había evidencia del secuestro, pues el obispo entró al motel donde lo habrían encontrado paramédicos “voluntariamente”.



