Cuando se conocieron los nombres de los ganadores del Premio Nobel de Medicina 2014, Edvard Moser estaba viajando en un avión con destino a Múnich, Alemania. Al llegar al aeropuerto de destino se enteró de la noticia.
"Lo llamé por teléfono cuando estaba esperando que le entreguen su valija", relató su colega Tobias Bonhoeffer del Instituto Max Planck de Neurobiología en Martinsried. "No sabía nada. (La aerolínea) Lufthansa lo buscó con un ramo de flores y él me preguntó: 'Tobias, what is this? I don't understand'" ("Tobias, ¿qué es esto? No entiendo").
Sólo cuando Moser vio en su teléfono móvil una llamada perdida del Comité Nobel se dio cuenta de lo que ocurría. Su mujer y él estaban frente a la coronación de su carrera científica.
Matrimonio, padres de dos hijas, renombrados científicos y desde hace tiempo directores de un instituto de investigación, May-Britt, de 51 años, y Edvard Moser, de 52, son considerados una pareja dinámica de científicos.
Su trayectoria lo confirma: el Premio Nobel es el máximo galardón entre muchos, con los que fue distinguida la pareja.
Ya desde el nacimiento, las vidas de estos dos neurocientíficos noruegos se desarrollaron de manera bastante parecida. Al comienzo nada indicaba que iban a hacer historia en la ciencia.
Ambos son originarios de una provincia rural ubicada a unos 250 kilómetros al norte de la ciudad de Bergen. Edvard Moser nació en 1962 en Ålesund y May-Britt Moser un año después en Fosnavåg, en la isla de Bergsøya.
Ninguno de los dos tiene familias con antecedentes académicos. "En los lugares en los que nos criamos no había nadie que tuviera formación universitaria, nadie a quien pudiéramos consultar", relató una vez Edvard Moser al diario "The New York Times".
Pero el espíritu científico se hizo notar temprano. De niño, Edvard Moser quería ser paleontólogo y desenterrar dinosaurios.
Por su parte May-Britt Moser señaló: "Me crié en una granja en una remota isla noruega". Allí desarrolló un fuerte amor hacia los animales. "Pero también me interesé en saber cómo se veían los animales muertos por dentro", añadió.
Ambos estudiaron en la misma escuela, según "The New York Times", pero no tuvieron contacto.
Se conocieron y enamoraron en la década de 1980 en la Universidad de Oslo, donde ambos estudiaban matemática y psicología. Se casaron en 1985 y cuando aún estaban cursando sus carreras se convirtieron en padres de dos niñas.
En el ámbito científico se concentraron en el comportamiento y la fisiología del cerebro.
"Ambos son muy diferentes, pero se complementan de manera ideal en la forma en que trabajan", dijo Bonhoeffer.
La hija Isabel opinó: "Están terriblemente comprometidos. Ellos califican al laboratorio su tercer hijo".
Tras graduarse en neurofisiología en 1995, la pareja investigò en la Universidad de Edimburgo, en Escocia, y en el University College London. En este último centro lo hicieron con su mentor John O'Keefe, con quien comparten el Nobel de Medicina 2014.
En 1996 se mudaron a Trondheim, donde fundaron el Centro para la Biología de la Memoria. De este centro se desprendió el Kavli Institute for Systems Neuroscience, que es dirigido por los Moser.
Aquí lograron en 2005, al experimentar con ratones, el descubrimiento revolucionario de las "células de red", que sirven para la orientación espacial.
Edvard Moser piensa "con mucha precisión y mucho sobre cosas, cómo se hacen los mejores experimentos y cuáles son las preguntas más importantes", dijo Bonhoeffer. Tiene "olfato para la formulación de preguntas interesantes, además de que es brillante desde el punto de vista intelectual".
Al recibir premios los Moser destacan la contribución de sus colaboradores. El trabajo en equipo permite los éxitos, dijeron cuando les fue otorgado hace un año el premio de la Fundación Körber, de Hamburgo.
Pese a la gran cantidad de trabajo, ambos mantienen sus hobbys y su amor por la naturaleza.
"Yo amo el mar", dijo May-Britt Moser. "Siempre que tengo tiempo salgo a correr por la costa del fiordo cercano a nuestra casa". Además le gusta la música y la literatura.
A su esposo le gustan los volcanes y sitios remotos, como las islas Galápagos o la selva tropical.



