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4 historias de terror verificadas por la ciencia

31 octubre, 2018
en Ciencia & Tecnología
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La de Halloween es la noche perfecta para escuchar historias escalofriantes, pero no hace falta recurrir a la ficción para sentir miedo. Algunas investigaciones científicas tienen su componente macabro, suficiente para convertirlas en dignas historias de terror para estas fechas.

El asteroide de la calavera

Ilustración del asteroide de la calavera
Ilustración del asteroide de la calavera - J. A. Peñas/SINC

El 31 de octubre, día de Halloween, de 2015, un asteroide conocido como de la calavera por su siniestro aspecto se acercó a la Tierra a poco más de la distancia de la Luna. Este cometa muerto más negro que el carbón llamó la atención en todo el mundo porque recordaba a una calavera humana casi perfecta y llegaba en el momento propicio.

Pero por mucho que algunos quisieran ver en la visita una señal del más allá que augura futuras catástrofes (la roca mide 625 metros de longitud y tiene la masa suficiente para destruir una ciudad entera si cayera en una zona poblada), la calavera espacial siguió su camino hacia la oscuridad. Este año, esta vez unos días más tarde en el calendario, el oscuro objeto saldrá de su escondite detrás de Marte y volverá a visitarnos. Que no cunda el pánico. Lo hará incluso a una mayor distancia.

El niño vampiro

Fotografía cedida por la Universidad de Stanford donde se muestra el cráneo de un niño de 10 años en un cementerio del Siglo V
Fotografía cedida por la Universidad de Stanford donde se muestra el cráneo de un niño de 10 años en un cementerio del Siglo V - EFE

El mito de los vampiros planea en la historia del ser humano desde hace milenios. Aunque no existen evidencias científicas que nos hagan creer en seres inmortales que beben sangre para alimentarse y que pueden transformarse en murciélagos (tal y como se refleja en libros y películas de terror), se han encontrado pruebas de que su posible existencia estaba muy arraigada en antiguas culturas.

Tanto es así que muchos pueblos realizaban todo un ritual «antivampiros» cuando sospechaban que alguno de sus vecinos podría volver de entre los muertos. Por ejemplo, en 2012, se pordujo una «oleada» de hallazgos «vampíricos» en Bulgaria. El arqueólogo Nikolay Ovcharov -apodado como el «Indiana Jones búlgaro»-encontró en 2014 varios cuerpos del siglo XIII, entre ellos, uno atado de brazos y piernas y otro con una estaca de hierro en el corazón.

Pero los hallazgos no han cesado. Hace menos de un mes se accedía a un entierro de un «niño vampiro» de hace 1.550 años lejos de Bulgaria. Concretamente en un antiguo camposanto conocido como el «Necropoli dei bambini» («Cementerio de bebés», en español). Lo que diferenciaba a este infante del resto, quienes posiblemente murieron a causa de un brote de malaria en el siglo V, es que se le había enterrado con una piedra en la boca -para contener la enfermedad y que no se volviera a levantar-.

«Es extremadamente misterioso y extraño», afirmó a «Live Science» David Soren, profesor de antropología en la Universidad de Arizona,quien supervisó las excavaciones arqueológicas en el cementerio desde 1987. «A nivel local, lo llaman el 'Vampiro de Lugnano'».

«Dada la edad de este niño y su disposición única, con la piedra colocada dentro de su boca, representa en este momento una anomalía dentro de un cementerio. Quizás la brujería fue utilizada como un remedio para controlar la enfermedad», dijo el director de la excavación David Pickel.

Pero no serían los únicos en la zona. Se han registrado otros entierros parecidos, como en 2009 en Venecia, donde se halló el cuerpo de una mujer, fallecida en el siglo XVI, con un tabique en la boca, y que ahora se la conoce como «La vampiresa de Venecia».

El monstruo pollo sin cabeza

Las imágenes del fondo del mar siempre muestran muchas sorpresas. Es el caso del material recogido por la División Antártica Australiana, quien ha filmado un ejemplar de «Enypniastes eximia», bautizado de forma más coloquial como «el monstruo pollo sin cabeza», por su evidente parecido. En realidad no se trata de un ave, sino de un pepino de mar (de la clase de los «holoturoideos»), que vive en el Océano Austral, frente a la Antártida Oriental, a 3.000 metros de profundidad. Esta especie ya era conocida en la comunidad científica, pero ha sido filmada en muy pocas ocasiones y nunca con tanta resolución.

De unos 25 centímetros de largo y un aspecto rojizo, la fotografía de este especimen es bastante sorprendente, aunque se esperan más sorpresas de los vídeos grabados en el fondo del mar de la Antártida. «Algunas de las imágenes que estamos recuperando de las cámarasson impresionantes, incluidas las especies que nunca hemos visto en esta parte del mundo», explica Dirk Welsford, jefe del programa australiano.

Este «mostruo pollo sin cabeza» forma parte de las 1.400 especies de pepinos de mar que la ciencia tiene catalogados hasta ahora. Se cree que este tipo de animales llevan habitando la Tierra desde hace, al menos, 400 millones de años, por lo que su descubrimiento podría ayudar a revelar algunos misterios hasta ahora sin resolver del origen de nuestro planeta.

Rigor mortis antes de la muerte

El rigor mortis siempre se ha asociado a un estado que se produce después de morir. Sin embargo, el fenómeno del fallecimiento no es nada sencillo y varias investigaciones han mostrado que algunos genes de los seres vivos permanecen activos horas o incluso días después del fallecimiento en algunos animales, incluidos los humanos. Por lo tanto, ¿puede esta máxima estar equivocada?

Un gusano nematodo, el Caenorhabditis elegans, un animal usado habitualmente en múltiples investigaciones, ha revelado a los científicos del University College de Londres (UCL) y de la Universidad de Washington, que experimenta la rigidez muscular asociada con la muerte antes de su fallecimiento.

En esta ocasión, los investigadores han podido observar cómo la muerte se va extendiendo progresivamente por las células de este gusano. Como si se tratara de un efecto dominó, vieron cómo segundo a segundo la muerte de algunas células, a través de unmecanismo regulado de muerte conocido como necrosis, iba liberando al medio iones de calcio que a su vez actuaban como un «gatillo» para activar la necrosis en las células vecinas. En concreto, laretracción en la faringe activa la muerte en cascada del animal.

«Lo que realmente nos sorprendió al principio es que el rigor mortis de los gusanos comienza cuando aún están vivos», dice en un comunicado Evgeniy Galimov, coautor del estudio junto con el científico David Gems. «Pero entonces nos dimos cuenta de que la muerte a causa del fallo del sistema circulatorio, tal como ocurre en mamíferos, no tiene lugar en C. elegans. Estos gusanos son tan pequeños que no necesitan un sistema circulatorio para oxigenar las células».

Fuente: ABC CIENCIA

 

Palabras claves: ciencia
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