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La inseguridad y delincuencia en Cancún un tema primordial en las campañas electorales.

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Capital Política
Por David Acosta
Inseguridad y campañas
En Quintana Roo, la inseguridad ha rebasado a las autoridades al grado que, entre la sociedad, se ha vuelto costumbre escuchar sobre los asesinatos relacionados con la delincuencia organizada sin mayor asombro. Sin duda, el tema será una de las propuestas que más se escuchará durante las campañas políticas, como ocurrió en el proceso electoral pasado, pero se necesitará algo más que buena voluntad para evitar el fracaso que hasta ahora se ha tenido en este rubro.
Uno de los más sentidos compromisos hechos en campaña por la presente administración gubernamental fue disminuir los índices delictivos, principalmente en el norte de la entidad. El tema fue explotado hasta el cansancio, principalmente por el candidato a gobernador; se culpó al pasado gobierno de las cifras alarmantes de inseguridad. Hoy, a un año y cuatro meses del gobierno del cambio, el problema parece estar sin control.
Rodolfo del Ángel Campos, secretario de Seguridad Pública, se ha convertido en un adorno del presente gobierno, incapaz de buscar una salida a este problema. La promesa de las tres mil cámaras y arcos de seguridad, no acaba de aterrizar.
Otro proyecto ambicioso que se anunció fue la ciudad militar para Cancún, que fracasó ante el rechazo unánime al incremento del impuesto al hospedaje, que era la fuente de financiamiento.
Se pretende contrarrestar el problema de la inseguridad con boletines de la Secretaría de Seguridad Pública, donde se informa de pláticas con ciudadanos, con el sector empresarial, cursos de capacitación, aseguramientos de motocicletas, detenciones de algunos delincuentes del fuero común y traslados de internos, con fotos con marca de agua que no permiten su uso en las páginas de noticias.
La realidad es que el compromiso hecho con la ciudadanía en campaña parece no tiene “pies ni cabeza”. No se ve que haya estrategia para detener a la delincuencia, que cada vez está más enraizada en Quintana Roo. Ahora no solo se trata del norte del estado, en donde los grupos del crimen organizado han sentado sus cimientos; la situación ha llegado a tanto que se ha permitido que la entidad tenga su propio cártel.
Los datos oficiales no mienten; tan sólo en Cancún en el 2017 se registraron 226 ejecuciones; en el 2016 fueron 61; en el 2015 un total de 37 y en el 2014 fueron únicamente 21. Hasta el 30 de enero de 2018 la cifra ya era de 33.
La gravedad del problema ha salido de las manos de las autoridades estatales y es por ello que estarían llegando a Cancún alrededor de mil elementos de la Policía Federal Preventiva.
Los problemas más graves están en Cancún, Playa del Carmen y Tulum, sin embargo, Chetumal tiene ya indicios de delincuencia organizada. Además, la Capital del Estado, junto con Cancún, va a la delantera en delincuencia común, en especial en el delito de robo en todas sus modalidades.
En el presente proceso electoral se requerirán más que “palabras bonitas” para convencer a los ciudadanos que los candidatos tienen las soluciones a los problemas que aquejan a los municipios, entre ellos la inseguridad. No basta decir, que es un problema que atañe a la federación o al estado, se requiere de un trabajo conjunto para buscar alternativas que coadyuven a reducir las cifras. En el caso de las autoridades de seguridad pública y de la Secretaría de Gobierno, tienen que dar la cara a los ciudadanos para explicar qué está pasando y las propuestas concretas para mejorar la situación, porque la ausencia de resultados hasta el momento salta a la vista.
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