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Jorge Dezcallar: “El bombardeo químico de Asad ha sido un error brutal”

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El ex embajador español y ex director del Centro Nacional de Inteligencia presenta ‘El anticuario de Teherán’, un libro sobre su experiencia, sus viajes y su labor como diplomático y espía.

Su geografía vital incluye lugares y momentos tan sugerentes como el checkpoint Charlie en el Berlín de 1973, el Teherán postrevolucionario, la Etiopía marxista del coronel Mengistu, las guerras centroamericanas de los 80, los campos de refugiados africanos en los 90, la descomposición de la antigua Yugoslavia, habitaciones de hotel en Viena llenas de micrófonos, la Siria prebélica del tirano Asad, los tesoros de Nimrud antes de que los reventara el Estado Islámico, una cena con mafiosos en Roma o una temporada en el Washington del 11-S. Salvo que seas Tintín o Corto Maltés, pocos tienen acceso a una vida tan intensa con la casa a cuestas.

De esa experiencia como diplomático y espía nace El anticuario de Teherán (Ed. Península), una aventura por los hechos más importantes de los últimos 50 años de la mano de Jorge Dezcallar. Aunque el mundo ha cambiado, muchas cuestiones siguen en el mismo lugar donde las dejó. Una de ellas es el incendio sin fin de Oriente Medio, una de las regiones que mejor conoce. “El bombardeo químico de Bashar Asad además de un crimen fue un error brutal. No va a quedar impune”, dice mirando a la Gran Vía de Madrid desde un hotel demasiado moderno para situar sus historias de espías. “EEUU tiene tres opciones para responder: el bombardeo de una base siria, avisando a los rusos previamente, como hizo en la anterior ocasión. Otra es no abandonar Siria, sino quedarse. Y volver a armar a la oposición, sobre todo a los kurdos, aunque eso le complique en sus relaciones con su tradicional aliado: Turquía. La tercera es involucrarse más a fondo, con lo que Donald Trump se arriesgaría a enfrentarse a Rusia e Irán, que puede ser peor“.

Dezcallar cuenta en el libro las interioridades de su trabajo como espía en el Damasco preguerra civil, donde imponía su ley y su miedo Assef Shawkat, un matón bigotudo que comandaba la policía política del dictador. “Aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo rodeado de sus muharabats“.

Volviendo al presente, cree que Trump sólo tiene esas “tres opciones, a cuál peor, porque las sanciones son inservibles. Tiene dos asesores muy preocupantes: Bolton y Pompeu, dos tipos que desean cargarse el acuerdo nuclear con Irán, un país fascinante con un régimen lamentable. No hay nada mejor que el acuerdo nuclear. Es lo mejor que puede conseguirse. Irán siempre ha sido una potencia en la región y quiere seguir siéndolo. Teherán hace cosas preocupantes, como su política de derechos humanos, pero el problema no es el tratado atómico. Si Trump hace caso a sus asesores y lo abandona, provocará divisiones entre los aliados occidentales”.

Dezcallar debutó en el mundo diplomático en el 73. ¿Qué ha cambiado en la diplomacia de la época de la Guerra Fría a nuestros días? “El Checkpoint Charlie era una frontera entre dos mundos. El comunismo de Polonia, donde yo trabajaba, era muy light comparado con el Berlín oriental. Podías sentir lo terrible que era el régimen de la RDA, porque los alemanes, cuando se ponen a algo en serio lo hacen de verdad. Nuestro trabajo era diferente. Hoy los embajadores en Europa siguen siendo necesarios porque alguien debe poder llamar a un ministro a las tres de la madrugada o tener el contacto de tal o cual periodista, pero su labor ha quedado reducida“, comenta.

En su libro, Dezcallar describe a la perfección nombres, fechas, lugares y diálogos. “Para recordar uso las fotos que he ido haciendo desde hace décadas. Siempre llevo una cámara conmigo y eso me ayuda a documentarlo todo porque tengo memoria selectiva. He podido embellecer alguna historia con el paso del tiempo, decir que tal tipo era más alto de lo que era, pero sí te aseguro que el tipo existió”.

¿Para un diplomático de la vieja escuela era imaginable que ganara unas elecciones un tipo como Donald Trump? “No. Nunca. En la época en la que yo era embajador no había Twitter ni había móviles. Pero es que en EEUU nadie se podría imaginar esto hace ocho años. Yo sigo sin poder entender que a Hillary Clinton, la más preparada de la Historia, le haya vencido Trump, un hombre cuya ignorancia sobre algunos temas importantes es manifiesta. Pero Trump ha sabido manejar los medios que proporcionan los nuevos canales de comunicación, como las redes sociales. Se ha hecho con la presidencia alguien que, en otra época sin Twitter, jamás hubiera ganado estas elecciones“.

Para el que fue jefe de los espías españoles de 2001 a 2004, “se nos ha acabado la privacidad”. Y explica: “Una vez cogimos a un etarra que acababa de matar a un policía, se metió en el coche de una señora y la obligó a bajar, pero la señora dejó su bolso con el móvil dentro. Fue hace 15 años. Hoy, con la tecnología actual, estás controlado permanentemente. Saben dónde estás, con quién, a qué hora”.

Sobre Vladimir Putin, Dezcallar cree que “la desaparición de la URSS se vivió como un drama en Rusia. Putin ha dado voz a un sentimiento de muchos rusos con un sentimiento nacionalista y le está dando resultado. Ahora Moscú está bien plantado en todo el mundo, ocupando el espacio que va dejando Washington, vendiendo armas e influyendo en la política exterior de medio mundo”.

Aunque se reconoce “un jubilado”, su visión del mundo actual dista mucho de ser la de alguien que se limita a contemplarlo desde la distancia: “El populismo viene del desgaste de las clases medias ante la industrialización, la globalización, la pérdida de poder económico… Lo que está en crisis es el Estado actual. El Estado no controla los flujos económicos: los grandes grupos de capital realizan inversiones y tumban bolsas mientras los bitcoins se mueven a voluntad sin que ningún estado pueda pararlo. Los flujos informativos también van por otro lado, los países han perdido el control de la información. Ya no pueden engañar a nadie. También han perdido el monopolio de la tecnología. Ahora el control tecnológico lo tienen Google, Facebook y otras empresas mientras los gobiernos llegan tarde. No hay regulación posible”.

Y como consecuencia de esa frustración, llega el populismo: “La gente le sigue pidiendo al estado que solucione sus problemas pero ya no puede hacerlo. Eso produce una desafección ante la gente, que echa la culpa a esa llamada casta política. De ahí viene la crisis de la socialdemocracia en Europa, ya no tiene resortes sociales que distribuir. El populismo se alimenta de eso. Y va de la mano del nacionalismo, pero el problema es el mismo: la insatisfacción con un gobierno que ya no puede solucionar problemas que se le escapan”.

Sobre los espías y filtradores de nuestro tiempo, Dezcallar concluye con dos ejemplos contrapuestos: “Por Edward Snowden tengo mucho respeto, pero por Julian Assange, ninguno. Con Assange se demostró que los servicios secretos de EEUU funcionaban bien, pero Snowden probó que se cometían muchos excesos”.

Fuente: ELMUNDO

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