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Greg y camarilla: mojigatos, moralinas, gilipollas y mentirosos

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Ocho por Radio

Carlos Calzado C.

Greg y camarilla: mojigatos, moralinas, gilipollas y mentirosos

Escuche mientras lee: “Al final de este viaje” del maestro Silvio Rodríguez. “Estos años son, cierta agilidad con que el sol te dibuja en el porvenir, son la verdad en fin, son Dios; quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte, en plena luz”.

Resulta de HUMOR NEGRO escuchar este tipo de afirmaciones o propuestas, más aún cuando las mismas se presentan con el toque de emocionalidad o “la voz de siglo” que contrasta terriblemente con la realidad. Me refiero al berrinche que encabezan los regidores Gregorio Sánchez Martínez (pastor, animador, locutor, bailarín y además regidor), Antonio Meckler Aguilera y Blanca Pech, en el sentido de prohibir la venta de alcohol “pa’ la prole” los domingos; es decir, prohibir su venta en minisúperes, tiendas de conveniencia, tienditas de la esquina y, por el contrario, seguir permitiendo su venta indiscriminada en grandes almacenes, bares, restaurantes, table dance, prostíbulos, algunos centros de masaje; pero sobre todo en los negocios de toda la zona turística, sin importar que en muchos de ellos, -principalmente centros de espectáculos, nuestros jóvenes y los visitantes sean víctimas del alcohol adulterado, o de la venta de la mezcla mortal de alcohol con bebidas energéticas-, eso, como diría el inmortal Arturo de Córdova, “no tiene la menor importancia”.

Divertido porque se parte de una verdad para darle un giro ridículo a la situación, es decir, según sus cuentas, -Meckler cita un cálculo de los servicios de emergencia-; si bien todos los días hay determinado nivel de violencia, en Cancún, viernes, sábado y domingo se incrementa; y luego prepara el giro subjetivo al resultado de la numeralia; “el domingo se dispara mucho la violencia, lo que incrementa es la violencia en la familia, los golpes con las mamás y con los hijos, entonces, con ese argumento, una decisión era prohibir la venta de alcohol”.

Claro, señor esbirro de Greg, pero es curioso que, según usted, los niveles de violencia vayan a disminuir por prohibirle “a la chusma” ‘chupar’, es decir, según sus cuentas. Los integrantes de familias con ingresos que les permite salir a ‘beber unos drinks’, no acostumbran madrear a sus esposas e hijos, e incluso abusar sexualmente de alguno de ellos, y esto sólo porque tienen mejores ingresos. Por otro lado, si bien la prohibición de venta de alcohol los domingos podría incidir en quienes conviven con sus familias, quienes se gastan la quincena en prostíbulos, table dance y demás cuestionables lugares lejos del seno familiar, seguirían contando con la corrupta complacencia del Ayuntamiento de Benito Juárez, del cual, tanto Greg, como usted y la regidora Blanca forman parte, -seguro que se sienten inmensamente orgullosos-.

Desde la perspectiva de un ciudadano común y corriente, se diría que la mayor preocupación del Pastor y sus alienados, es la costumbre de “la chusma” de ‘chupar’ y luego enredarse en pleitos que, sí, efectivamente, casi siempre terminan en tragedias; pero la mayor afectación es al trabajo de los mercenarios que tradicionalmente pasaban de puerta en puerta convenciendo incautos para que les paguen a los pastores por soportarlos cada domingo, e incluso aguantarlos involucrándose en sus vidas personales; porque un ciudadano entrado en tragos, ya no atiende el “llamado divino de la única fe: el protestantismo” -¡Oh my God!; mal negocio-.

Lamento parecer irrespetuoso, pero la agresión que representa que un regidor me diga que los niveles de violencia en Cancún preocupan sólo por lo que representan los hechos de los domingos, es tanto como aguantar una mentada de madre y responder con una cándida sonrisa. Los niveles de violencia en Cancún son angustiantes y se presentan todos los días, con alcohol de por medio o sin alcohol, con drogas de por medio o sin ellas; entre familiares y conocidos, o entre extraños; el incremento en el número de “antros” que tiene que ver con la autorización de uso de suelo de carácter municipal, eso no preocupa a estos mojigatos copartícipes de tantos actos de corrupción, que ya no se sabe cuál es la diferencia entre el imberbe de apellido Barba y el resto de los regidores.

La violencia en Cancún es un tema que angustia; la creciente violencia de género es aún más grave, y nada tiene que ver con las clases sociales; lo mismo hay alcohólicos ricos que pobres; adictos ricos y pobres; asesinos que trabajan desde la miseria de una Itálica, como criminales que juegan golf con los regidores y el presidente municipal.

Al final de este viaje, sólo resta decir, Buonanotte. ¡Smile!

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