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El arte y su función social – Neftalí Samsa

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Quisiera equivocarme, pero los jóvenes de hoy ya no visitan los museos ni observan gustosos un baile folklórico tradicional de las sesenta y dos etnias que hay en México. Mucho menos frecuentan el teatro. Las casas de la cultura y observatorios astronómicos lucen vacíos. Las exposiciones científicas, donde se dan a conocer el ingenio agudo y la destreza de nuestro pueblo, hacen un esfuerzo extraordinario por sobrevivir. Los programas culturales del gobierno, por muy bien intencionados que sean, no encuentran eco en la gente.

El teléfono móvil nos está ganando la partida. Es frustrante ver que de diez pasajeros del transporte urbano, nueve de ellos vayan pegados a su celular como una rémora al tiburón. ¿Evasión de su realidad? Con sus caras descompuestas, legiones de empleados buscan en las imágenes de sus celulares, un paliativo que los ayude a aceptar la realidad que están viviendo.

El arte en general también cumple con esa función, una evasión de la realidad, con la gran diferencia que el arte verdadero –es decir: la arquitectura, la música, la pintura, la danza, la literatura, la escultura y el cine–permiten una interacción adecuada en la que el individuo enriquece su mundo de experiencias.

Quién no ha disfrutado un cuento de Edgar Allan Poe y lo ha leído muchas veces recreando el mundo de sensaciones, imágenes, experiencias que el autor nos quiso comunicar. Quién no se ha extasiado ante “El David” de Miguel Ángel Buonarotti o no ha sentido el deseo de haber conocido a la enigmática mujer de “La Gioconda” de Leonardo Davinci. Quién no ha sentido que sus pasos ya anduvieron el hermoso puente en arco de alguna ciudad francesa o alemana y se ha sentado a tomarse un café en Momparnasse, observando pintar a los futuros Picassos del mundo entero. Nimiedades dirán algunos. Sin embargo, muchos coincidiremos que la función social del arte es precisamente enriquecer la visión que el ser humano tiene del mundo.

La ciencia, el arte y la religión se complementan, para que la tesis y la antítesis que somos se fundan en una síntesis que nos ayude a comprender lo que nos rodea y podamos observar en toda su magnitud la grandeza del universo. Los antiguos griegos le llamaban la armonía, y en todas sus actividades trataban de obtenerla para que de esa forma la vida cobrara un sentido pleno, donde el alma era templada, de aquí la palabra contemplación que quiere decir, estar en comunión con uno mismo y con el cosmos. Es templar el espíritu como se templa el acero y adquirir la capacidad de ser estoico ante la vida. Tal es el fin último del arte, contemplar lo creado por el hombre y hacer que las cosas ordinarias tomen una dimensión extraordinaria.

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS.

Se nos dice que debemos leer veinte minutos diarios. Yo te propongo amable lector que leas y leas, no sólo veinte minutos sino todo el tiempo que puedas invertir en la lectura; tu espíritu y pensamiento te lo agradecerán y te pasarás un buen rato feliz en estos tiempos convulsos que nos tocó vivir. Y no se te olvide visitar un museo o asistir al teatro. ¡Hasta la próxima!

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