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El arte del bien leer – El Descorche Por Neftalí Samsa

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Cuando era niño…,” algunos adultos olvidamos que alguna vez fuimos niños”, nos dice ese extraordinario libro “El Principito” de Antone Saint Exúpery. Les decía, cuando era niño en primero de primaria me dijeron que ya había aprendido a leer. Me sentí feliz, pero poco me duro el gusto y pude darme cuenta que lo que había aprendido era a deletrear. El acto de la lectura es un proceso que consiste en conocer perfectamente las clases de libros y cómo están estructurados éstos. Requiere la lectura una comprensión entre el 80 a 90 %, de lo contrario esta será deficiente y nos originará lagunas mentales que se traducen en un conocimiento deficiente de lo estudiado. Nuestro léxico además, debe de ser muy amplio, el acervo de términos que manejemos debe fluctuar entre las 40 mil a 50 mil palabras, para alcanzar un mínimo de 450 palabras leídas por minuto. Es evidente que no todos los libros deben leerse de la misma manera y el profesor de primaria tiene la consigna de vigilar esto en sus educandos, para que obtengan el máximo de rendimiento.

Se nos recomienda leer veinte minutos diarios, como mínimo. Esto es una trampa ya que nuestra mente requiere de un calentamiento previo de media hora para que pueda comenzar  a ubicarse en el tema. Es en la segunda media hora de lectura cuando empezamos a captar algo de lo leído, por supuesto refiriéndonos a una lectura de estudio, que es la que requiere de mayor concentración. La lectura de obras literarias no debe tener tantas recomendaciones, ya que se trata de una lectura realizada por puro gusto, con el solo objetivo de pasar un rato agradable, placentero. Sin embargo, debe ser la primera lectura que nos sirva de trampolín para dominar los cinco tipos de lecturas restantes que existen. Quién no se ha sentado en un buen sillón o en una confortable hamaca y ha abierto su libro con actitud religiosa, en un éxtasis profundo para leer “Narraciones Extraordinarias” de Edgar Allan Poe. En la mente nos quedan girando personajes que nos llenan de suspenso y terror. Quién no se ha deleitado con la selva oscura de Dante Aligheri. Las obras lierarias universales nos enseñan a amar la vida en todas sus expresiones.

La ciencia se lee de otra forma. Exige tener el nivel del libro que se pretende leer. “Los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural” de Isaac Newton tiene una perfección tal, que es imposible leerlo si no se es especialista en la materia. Lo mismo sucede con “Crítica de la Razón Pura” de Emmanuel Kant. Federico Nietzche es más comprensible. Los libros técnicos también deben leerse con mucho cuidado, casi deletreando las palabras, pues igual que la ciencia, maneja tecnicismos. Sea como sea, la lectura es oro bruñido y quien no la practique en estos tiempos especializados, está en desventaja.

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS.

Los periódicos también requieren de nuestra atención, pues al leerlos adquirimos un panorama del acontecer diario, inmediato y nos ayudan a tener un pulso político, económico, social, cultural, religioso, actual. Nos da una conciencia crítica, amable lector, para los que siempre han detentado el poder, ya no nos sigan engañando y votemos por un cambio verdadero. ¡Hasta la próxima!

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